España redescubre a Victoria Eugenia, su “reina maldita”: “Sufrió malos tratos. Fue víctima del machismo”
La Galería de las Colecciones Reales inaugura una exposición sobre la esposa de Alfonso XIII y bisabuela de Felipe VI. La muestra coincide con el éxito de ‘Ena’, la miniserie sobre su trágica vida basada en el ‘best seller’ de Pilar Eyre


El 28 de febrero de 1906, tres meses antes de su boda con Alfonso XIII, la princesa Victoria Eugenia de Battenberg envió una carta a su prometido. En ella, la futura reina de España confesaba su temor a tener la regla, a la que aludía de manera velada como XXX. “Estoy esperando a XXX a cada momento y tengo miedo de que, después de todos los problemas y emociones por las que he pasado, vaya a tener uno de mis terribles ataques de dolor”, admitía en un exquisito francés. A Ena, como la llamaban, le preocupaba que la menstruación empañara los preparativos de los fastos nupciales. Lo que ocurrió el día del enlace fue inconmensurablemente peor. El 31 de mayo, tras darse el “sí, quiero” en la Iglesia de San Jerónimo el Real, la pareja sufrió un atentado en el que murieron 28 personas. La novia, nieta de la reina Victoria del Reino Unido, tuvo que asistir al banquete con su vestido salpicado de la sangre de las víctimas.
La carta del 28 febrero de 1906 llevaba décadas a buen recaudo en los fondos del Archivo del Palacio Real de Madrid. Arantxa Domingo y Reyes Utrera, conservadoras de Patrimonio Nacional, se toparon con ella mientras preparaban la exposición Victoria Eugenia, que se inaugura el 3 de diciembre en la Galería de las Colecciones Reales y que estará abierta hasta el 5 de abril de 2026. Es la primera vez que Patrimonio dedica una exposición monográfica a una reina de España. Domingo y Utrera llevan más de tres años trabajando en este proyecto, en el que se van a mostrar más de 350 objetos personales de la esposa de Alfonso XIII y bisabuela de Felipe VI: vestidos, joyas —incluida la diadema Flor de Lis, que ahora usa la reina Letizia en los actos de gala—, fotografías familiares, mobiliario, porcelana, o la carroza en la que los Reyes casi pierden la vida el día de su boda.
La correspondencia privada de Ena tiene un papel importante en la exposición porque descubre o esclarece la cara más íntima de una mujer a la que durante décadas se tildó de “fría” y que pasó a la historia como “la reina maldita” por sus numerosas tragedias, un matrimonio infeliz, dos hijos enfermos de hemofilia que fallecieron muy jóvenes, la revolución y el exilio.
“A Victoria Eugenia siempre se la retrató como una mujer distante, pero era muy pasional y espontánea. En las cartas que enviaba a Alfonso durante el noviazgo se ve que quería estar con él y que él quería estar con ella. Se escribían en francés, pero el Rey empezó a estudiar inglés para poder hablar con ella en su lengua materna”, explica Reyes Utrera. “Se casan enamoradísimos. Lees las cartas y dices: ‘Qué pareja más moderna’. En una, le dice a Alfonso: ‘Estoy deseando abrazarte y estar entre tus piernas’. Era un comportamiento absolutamente moderno para la época, muy carnal”, añade Arantxa Domingo.
Entre las misivas del Archivo de Palacio, destaca una de Eduardo VII, rey de Inglaterra y tío de Victoria Eugenia, escrita tres meses antes de la boda real. “Confío en que lo hayas pensado seriamente y nunca te arrepientas de esta decisión”, le dice el tío Bertie a su sobrina. Los ingleses tachaban a la futura reina de España de “traidora” por renunciar a la Iglesia Anglicana y convertirse al catolicismo, y los españoles la acusaban de “poco honesta” por esa misma conversión. En ambos países había críticas y dudas sobre la unión de una Battenberg y Sajonia-Coburgo-Gotha con un Borbón y Habsburgo-Lorena. Pese a todo, los novios siguieron adelante.
Los problemas matrimoniales comenzaron cuando descubrieron que su primogénito, Alfonso de Borbón, príncipe de Asturias, nacido en 1907, era hemofílico. Hay un debate recurrente sobre este punto. Algunos historiadores aseguran que los Borbones sabían que Victoria Eugenia podía transmitir este trastorno hemorrágico. Otros dicen que lo ignoraban. Las conservadoras de Patrimonio Nacional han incluido en la exposición una carta de Rodrigo de Saavedra y Vinent, marqués de Villalobar, escrita antes de la boda, que despeja las dudas. “Villalobar le escribe a la reina María Cristina, madre de Alfonso, diciéndole que Ena es una princesa sana, que tiene unas mejillas sonrosadas, y que eso de la enfermedad es un cuento”, señala Domingo.
“Pero en esa misma carta, Villalobar reconoce que hay una enfermedad en la familia de Ena, aunque no le pone nombre. Sabían que la transmitían las mujeres y que la padecían los hombres, pero no sabían qué era. Había un gran desconocimiento. El marqués especula con que tenían un problema en las distintas capas de la piel, que les faltaba un pellejo, y que por esa razón eran proclives a sufrir hemorragias, pero concluye que Ena no tenía ese problema”, explica Utrera. La hemofilia no estuvo formalmente tipificada hasta 1928, cuando el médico sueco Friedrich Hopff la describió y le puso nombre.
La enfermedad minó la relación de Victoria Eugenia y Alfonso. El infante Jaime, el segundo hijo del matrimonio, nacido en 1908, sufrió una infección de oído y una trepanación que lo dejó sordo. El infante Fernando, el cuarto de sus vástagos, nació muerto. Gonzalo, el séptimo y último, también nació hemofílico. Para las conservadoras de Patrimonio Nacional, la desafección entre los reyes no vino solo por esto. “Fue una causa más, pero no la única”, señalan.

La inauguración de la exposición Victoria Eugenia coincide con la emisión en La 1 de Ena, la miniserie sobre la vida de la reina basada en el best seller de Pilar Eyre. La novela histórica, publicada en 2009, tuvo un gran impacto comercial. Vendió unos 300.000 ejemplares y llegó a 12 ediciones. La editorial La Esfera de los Libros acaba de reeditarla. La adaptación televisiva, que se estrenó la semana pasada, también está teniendo éxito. El primer capítulo fue líder en su franja de emisión, con una cuota de pantalla del 17% y 1,3 millones de espectadores de audiencia media.
“En España hay un interés soterrado en la monarquía. Vivimos en una sociedad tan absolutamente deslucida, tan desacralizada y sin dimensión simbólica, que aparece un personaje histórico como Victoria Eugenia y la gente se interesa. La gente quiere un poco de lustre”, reflexiona el historiador Ricardo Mateos Sáinz de Medrano. “Se cree que antes de la República no existía nada, pero la monarquía alfonsina, más allá de sus errores y su dimensión política, tuvo cosas brillantes en arte, literatura, pensamiento, filosofía y poesía. Aquí hubo una corte fastuosa, con una liturgia superior a la de la monarquía británica”, afirma Mateos, autor de casi una veintena de libros sobre la familia real española.
El renovado interés en la vida de Ena ha sorprendido a Pilar Eyre. “Es rarísimo porque es una reina ocultada, opacada en vida de su marido”, reconoce la periodista y escritora, finalista del Premio Planeta en 2014. “Sus propias hijas lo decían: ‘Hasta que no murió papá, mamá no floreció’. Empezó a florecer cuando se separó, ya en el exilio. Luego, cuando murió Alfonso XIII, tomó las riendas de la familia y empezó a elaborar estrategias, políticas casamenteras y se convirtió en una figura muy importante para los Borbones”. Su influencia traspasó fronteras. La reina, sin trono ni corte ni fortuna, fue la gran valedora de la actriz estadounidense Grace Kelly cuando se convirtió en princesa de Mónaco, en 1956. Eso le dio un lugar de privilegio en la corte de los Grimaldi.

La miniserie de TVE, al igual que la novela de Eyre, indaga en todo lo que padeció Victoria Eugenia durante su matrimonio con Alfonso XIII. “Ahora que se puede hablar libremente del tema de los malos tratos, es evidente que ella los sufrió. Sufrió maltrato psicológico, violencia vicaria y muchas humillaciones públicas y privadas de su marido. Fue víctima del machismo”, sostiene la autora de Ena. “Veo un paralelismo entre ella y la reina Sofía. Las dos fueron mujeres en la sombra, opacadas y humilladas por sus maridos, odiadas por ser extranjeras. Ahora todos hablamos muy bien de doña Sofía y la queremos mucho, pero durante muchos años fue criticada por no hablar bien español y era calificada de fría y distante”.
Siempre se dijo que la reina Victoria Eugenia soportó en silencio las deslealtades del Rey. Las cartas de palacio refuerzan esa teoría. “En ninguna de ellas hemos encontrado quejas sobre esta cuestión”, dice Arantxa Domingo. Pero su compañera, Reyes Utrera, recuerda una anécdota que ilustra el verdadero sentir de la Reina sobre este asunto. En abril de 1927, Ena se enfrentó a José de Saavedra y Salamanca, marqués de Viana y compañero de juergas de Alfonso XIII. “Viana era quien proporcionaba los divertimentos al Rey. Un día ella lo llamó a capítulo y le dijo: ‘Yo no soy capaz de darte el castigo que mereces, pero algún día pagarás’. Esa misma noche, al marqués le dio un infarto y se murió. Él sabía perfectamente lo que había hecho”.
El matrimonio real terminó de hundirse tras la proclamación de la Segunda República. Bajo la biblioteca de Palacio, en los sótanos, se conservan los dosieres de prensa que elaboraban a diario los funcionarios para los reyes. Ahí están todos los recortes de los periódicos españoles y extranjeros desde 1885 hasta 1931, incluida la carpeta que recibió Alfonso XIII el 14 de abril de 1931, último día de la monarquía alfonsina. Ese dosier está dedicado exclusivamente a las repercusiones de las elecciones municipales del 12 de abril, en las que las candidaturas republicanas-socialistas obtuvieron la mayoría de concejales en 42 de las 50 capitales de provincia y en la mayoría de las ciudades medianas y pequeñas. El diario El Sol proclamaba: “Hay que dejar paso a la república”. La libertad, en cambio, pedía “serenidad”. El debate hablaba de los disturbios y anunciaba que la peseta había perdido tres enteros.
La familia real no supo o no quiso ver que sus días estaban contados. En los archivos de Palacio se conserva una carta de Salvador Pascual, médico de los Borbones. Tiene fecha del 15 de abril de 1931. En ella, reconoce que la derrota electoral de los monárquicos sorprendió al Rey y a su entorno. “Todo el mundo sospechaba que habría mayoría republicana, pero no tan aplastante y decisiva como fue […] Todos decían que la votación no tendría demasiada importancia porque las elecciones municipales no tenían carácter político”, admite el médico real en la misiva, un documento que formará parte de la exposición de las Colecciones Reales.
Alfonso XIII y Victoria Eugenia se separaron en el destierro, aunque nunca hubo un divorcio legal. Dicen que ella le espetó: “No quiero ver tu fea cara nunca más”. Las tragedias familiares en el exilio los distanciaron aun más. Alfonso de Borbón y Battenberg, príncipe de Asturias, murió desangrado tras sufrir un leve accidente de coche, en 1933. Poco después, el infante Gonzalo, el pequeño de la familia, de 19 años, falleció en circunstancias similares. “Eso los destrozó. Pero los Reyes se mantuvieron un cariño enorme hasta el final”, apunta Utrera. “Unos dicen que ella estuvo en el lecho de muerte del Rey, en 1941, y otros dicen que él la rechazó, que no la quiso ver. En definitiva, ella estuvo ahí”.
Más allá de las historias jugosas y los rumores morbosos en torno a la vida privada de la Reina, tanto la exposición de Colecciones Reales como la miniserie de TVE buscan poner en valor su legado real. “Fue un personaje fascinante y atractivo más allá de la ropa, las joyas y las tragedias”, apunta Pilar Eyre. “Fue muy moderna. Creó la Cruz Roja en España, profesionalizó el trabajo de las enfermeras y obligó a sus hijas a que asistieran a operaciones y se mancharan las manos de sangre. Cuando visitó África, quiso saludar a los enfermos. La duquesa Victoria le dijo: ‘Póngase unos guantes de caucho’. Ella le respondió: ‘No voy a dar a besar a estos muchachos un trozo de goma’. Fue una adelantada. Fumaba, llevaba pantalones y una de sus mejores amigas fue Conchita Heredia, que no era noble”.
Las conservadoras de Patrimonio Nacional coinciden en su papel modernizador. “Puso de moda practicar deportes o llevar a la familia a la playa, cosas que entonces no hacía nadie en España”, dicen. “Pero también hizo cosas de más calado, como su labor transformadora en la corte española o su impulso a la sanidad y la educación pública”.

Ricardo Mateos Sáinz de Medrano también destaca el espíritu de modernidad y renovación de Ena. “Sacó a la familia real española del circuito de casas católicas de toda la vida y la abrió al mundo de la realeza protestante, que estaba en auge en ese momento”, explica el historiador. Y concluye: “Nos vinculó con las monarquías modernas, tanto durante el reinado alfonsino como después. En los años de opacidad, en los años grises del exilio, ella, que era pariente de media humanidad, mantuvo el lustre, la imagen y el prestigio de los Borbones”.
Solo regresó a España en una ocasión, para el bautizo de su bisnieto, el hoy rey Felipe VI, en 1968. Según historiadores de renombre, incluidos Jesús Pabón, Ricardo de la Cierva y Carlos Seco Serrano, aprovechó esa visita para darle una orden a Franco: “General, designe rey de España. Ya son tres. Elija”. El dictador le habría contestado: “Serán cumplidos los deseos de vuestra majestad”. Victoria Eugenia desmintió este episodio al periodista Jaime Peñafiel poco antes de morir. Pero el 22 de julio de 1969, tres meses después del fallecimiento de la Reina, Franco designó a Juan Carlos de Borbón como su sucesor a título de rey.

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