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Martin Baron, Premio Ortega y Gasset de Periodismo 2026: la luz del periodismo estadounidense

El periodista, que dirigió ‘The Washington Post’ y al frente del Boston Globe destapó los abusos sexuales de la iglesia en la ciudad, encarna la dignidad del trabajo del editor de periódicos

Martin Baron, el pasado noviembre en Barcelona.Quique García ((EPA) EFE)

Los dos grandes hitos de la carrera del periodista estadounidense Martin Marty Baron tienen que ver, cada uno a su manera, con la luz. Está Spotlight (el foco), el equipo de investigación que destapó los abusos sexuales de la archidiócesis de Boston cuando Baron era director del Globe, el gran diario de la ciudad. Y está también el eslogan “La democracia muere en la oscuridad”. Lo colocó hace nueve años —y se imprime aún cada día— bajo la mancheta de The Washington Post, periódico que el galardonado con el Premio Ortega y Gasset este año dirigió con brillantez entre 2013 y 2021.

Con esos antecedentes, no resulta extraño que a Baron, ganador de 18 premios Pulitzer, se lo tenga hoy, cinco años después de su jubilación, como a un faro (más luz) del periodismo estadounidense, una fortaleza agujereada cuyos guardianes parecen más exhaustos que nunca ante los ataques desde múltiples frentes: de las redes sociales a los influencers, y de la inteligencia artificial al descrédito de sus instituciones o Donald Trump.

En sus años en el Post, este periodista, cuya personalidad tímida y taciturna pasó a la historia del cine en la piel de Liev Schreiber con la oscarizada Spotlight (2015), se enfrentó con decisión al último de esos peligros, un presidente que accedió al cargo con una convicción que aún le acompaña: su oposición real no es el Partido Demócrata, sino los medios.

Baron se retiró pocos días después de la salida de Trump de la Casa Blanca en 2021 de un puesto que asumió nueve meses antes de la compra del Post por parte de Jeff Bezos, uno de los hombres más ricos del mundo. Uno y otro acontecimientos tensan un arco casi perfecto sobre la deriva del periodismo estadounidense ante el cambio de paradigma digital, que vivió una cierta edad dorada durante la primera presidencia del republicano y que no está claro en qué estado superará su segundo mandato.

Bezos también sigue ahí. La diferencia con la era de Baron, que escribió unas memorias sobre ese tiempo en las que defiende que el dueño de Amazon nunca se inmiscuyó en su trabajo y presume de que sus periodistas siempre lo cubrieron con agresividad, es que el magnate se ha degradado la reputación y la calidad del Post en el último año y medio. Empezó parando la publicación del tradicional editorial de apoyo a uno de los candidatos a la presidencia (era para Kamala Harris), continuó diluyendo la crítica al Gobierno de sus páginas de opinión y financiando un documental acrítico sobre Melania Trump, y el mes pasado echó casi un tercio de la plantilla, lo que dejó maltrechas áreas enteras de su información, de Deportes a Internacional.

“No estamos en guerra sino trabajando”

Y todas esas veces, Baron no se ha callado las críticas a su antiguo jefe y al presidente, al que en un acto en Washington le aclaró en 2017: “No estamos en guerra contra su Administración. Estamos trabajando”. Desde su retiro, Baron también ha tomado una postura contra la corriente en las así llamadas “guerras de la objetividad” que se libran en las redacciones estadounidenses. Para él, en el mundo de las “verdades alternativas” de Trump, la búsqueda de esa objetividad sigue importando.

Nacido en Tampa (Florida) en 1954, el periodista representa también la dignidad del trabajo del editor en un tiempo de egos desaforados en la profesión, culpa, una vez más, de las redes sociales. Baron, que estuvo al frente del Miami Herald y trabajó en Los Angeles Times y The New York Times, pertenece a la raza de los que en una redacción, si bien no firman, piensan enfoques, establecen prioridades y concentran esfuerzos... y todavía les queda tiempo para soportar las presiones de fuera y llevar la contraria a la propiedad cuando hace falta. Luego, la realidad del día a día en un diario rara vez es tan bonita como en las películas, pero Baron ha logrado al menos encarnar ese ideal en una profesión cada vez más descreída de ellos.

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