EE UU consuma su fuga de la lucha climática mientras China marca la senda de recorte de las emisiones
El Gobierno de Trump es el único en abandonar el Acuerdo de París, la hoja de ruta contra el calentamiento global. Ningún de los otros 194 firmantes ha seguido sus pasos hasta ahora


Estados Unidos, el primer responsable histórico del cambio climático, consuma este 27 de enero su salida de la lucha climática internacional. A partir de este martes ya no forma parte del Acuerdo de París, el pacto firmado en 2015 en la capital francesa que marca la hoja de ruta contra el calentamiento global.
Es la segunda vez que EE UU se retira de este acuerdo: en el primer mandato de Donald Trump la Casa Blanca ya lo dejó, pero con el demócrata Joe Biden este país regresó al gran pacto. Esta segunda retirada de EE UU, que se consuma este martes, no ha sido imitada por ninguna nación más hasta ahora, como tampoco ocurrió en el primer mandato del republicano. Hasta la fecha, 194 países han ratificado este gran tratado nacido y desarrollado en el seno de Naciones Unidas. Mientras EE UU ha dado pasos atrás —incluso, en contra— en la lucha contra el cambio climático en el último año, China se ha comprometido ante la ONU por primera vez a seguir una senda de recorte de sus emisiones de efecto invernadero de aquí a 2035 y lidera el impulso a las energías renovables, que son una de las principales armas con las que se cuenta para desplazar a los combustibles fósiles, los causantes del cambio climático.
Estas son las claves del abandono de Estados Unidos del Acuerdo de París:
Objetivo: limitar los peor impactos del calentamiento. La meta principal del Acuerdo de París es que el aumento de la temperatura a final de este siglo se quede por debajo de los 2 grados Celsius respecto a los niveles preindustriales. Y en la medida de lo posible por debajo de los 1,5. Esta última meta cada vez parece más imposible de cumplir ante el retraso en la eliminación de los combustibles fósiles de la generación energética y el transporte mundial. Pero esa es la frontera fijada por los científicos para que los impactos del calentamiento no sean tan desastrosos. Para lograrlo, todos los países firmantes del acuerdo se comprometen a reducir sus emisiones de efecto invernadero hasta hacerlas prácticamente desaparecer a partir de mediados de este siglo. Aunque cada nación es la que se autoimpone los recortes en los planes que presentan periódicamente a la ONU, conocidos por las siglas NDC.
EE UU, el primer responsable histórico. En estos momentos, China es el primer emisor mundial de gases de efecto invernadero, con alrededor del 30% sobre el total. Le siguen Estados Unidos (11%), India (8%), la Unión Europea (6%), Rusia (5%) y Brasil (2%), según los datos correspondientes a 2023 del área de medio ambiente de la ONU. Estos son los datos absolutos, pero la historia cambia cuando se analizan las emisiones per cápita. En ese caso, el primer puesto de este bloque de seis grandes economías es para Rusia (con 19 toneladas anuales al año por habitante) seguida por EE UU (18), China (11), la UE (7,3), Brasil (6) y la India (2,9).
Cuando el dióxido de carbono (CO₂), el principal de los gases de efecto invernadero se emite, aproximadamente la mitad acaba en la atmósfera, donde permanece centenares de años atrapando el calor de la Tierra. Por eso, el calentamiento actual es consecuencia también de lo emitido en el pasado. Y cuando se analizan las emisiones históricas, EE UU aparece en el primer lugar debido a que es el responsable del 20% del CO₂ expulsado entre 1850 y 2022. Le siguen la Unión Europea y China, con un 12% cada una.
Otros abandonos. Una de las primeras cosas que Trump hizo al volver a la Casa Blanca a principios de enero de 2025 fue firmar una orden ejecutiva para abandonar el Acuerdo de París, aunque la petición formal ante la ONU no se presentó hasta el 27 de enero. Las reglas de funcionamiento de ese tratado establecen que debe transcurrir un año entre que se comunica y se consuma la salida, plazo que se ha cumplido este martes.
Hace unas semana, la Administración de Trump dio otro paso más al anunciar que también deja la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (UNFCC por sus siglas en inglés). Ese texto, firmado en 1992, es el marco general sobre el que se sustenta el Acuerdo de París. La UNFCC sería algo así como una ley de un país y el Acuerdo de París —como en su día fue el Protocolo de Kioto— el reglamento para desarrollar esa gran norma.
La salida de la UNFCC de nuevo se oficializará en el plazo de un año desde que el Gobierno federal de EE UU presente su petición ante la ONU, algo que aún no ha ocurrido. “Mientras que todas las demás naciones avanzan juntas, este último retroceso en el liderazgo global, la cooperación climática y la ciencia solo puede perjudicar la economía, el empleo y el nivel de vida de Estados Unidos, a medida que los incendios forestales, las inundaciones, las megatormentas y las sequías empeoran rápidamente”, lamentó Simon Stiell, el secretario ejecutivo de esta convención, el pasado 8 de enero, cuando se conoció esta nueva espantada de Trump.
La ONU en el punto de mira. Aunque debe transcurrir ese año hasta que se consume la salida de la convención y el abandono del Acuerdo de París no se ha materializado hasta este martes, EE UU ya ha estado en 2025 realmente ausente de la lucha contra el cambio climático (el Gobierno federal no mandó ningún representante a la última cumbre de la ONU en Belém). Incluso, ha amenazado con represalias a los países que en otros foros vinculados a la ONU, como la Organización Marítima Internacional, han intentado aplicar medidas contra las emisiones.
El Gobierno de EE UU, cuyo máximo representante llama “estafa” a todo lo que tenga que ver con afrontar el problema del calentamiento global, no ha ocultado que su objetivo es recuperar un “dominio energético” basado en los combustibles fósiles —este país sigue siendo el primer productor mundial de petróleo y gas—. Pero esta Administración también ha puesto a otro organismo de la ONU, contra la que Trump ha lanzado varios ataques, en el punto de mira. Por ejemplo, la semana pasada EE UU también abandonó la Organización Mundial de la Salud (OMS). Muchas de estas agencias de la ONU, y la ayuda que prestan, temen verse en serios aprietos al cortar Estados Unidos las partidas que destinaba.
Sin efecto contagio. Como ya ocurrió en el primer mandato de Trump, ningún país ha seguido los pasos y abandonado el Acuerdo de París, lo que no significa que algunos petroestados no estén endureciendo su posición para evitar que se mencione en los declaraciones de las cumbres a los combustibles fósiles, como pasó en noviembre en la ciudad brasileña de Belém.
Pero el Acuerdo de París sigue teniendo un amplísimo respaldo. Dejando al margen a EE UU, lo han firmado 197 países y ratificado 194 (todos salvo Yemen, Irán y Libia).
El retroceso y el ataque a las renovables desde la Administración de Trump está coincidiendo con el crecimiento continuado de la energía solar y eólica y del transporte eléctrico en el mundo, donde China está jugando un papel destacado en la exportación de tecnología. También dentro de sus fronteras, el Gobierno chino está apostando por esta transición y se espera que este asunto tenga un lugar central en el plan quinquenal que se presentará este 2026.
De momento, China se ha comprometido por primera vez ante la ONU y el Acuerdo de París a reducir sus emisiones de efecto invernadero. En concreto, entre un 7% y un 10% en 2035. No es su suficiente, porque se necesita que esa caída sea mucho mayor y rápida, pero abre una senda de reducciones globales de gases que no se ha recorrido aún pese a los avisos y acuerdos climáticos.
Crecimiento de las emisiones en EE UU. Al salir del Acuerdo de París, Estados Unidos se desentiende de las promesas de recorte de emisiones que había puesto sobre la mesa el anterior presidente, Joe Biden. El demócrata había apostado por un impulso a las renovables y la movilidad eléctrica con multitud de normas que la Administración Trump ha ido dinamitando en el último año. Según el grupo de analistas Rhodium, tras dos años de caídas las emisiones de efecto invernadero en EE UU en 2025 aumentaron un 2,4%. Pero estos expertos lo achacan de momento no tanto a las políticas de Trump sino a razones meteorológicas (un invierno más duro) y una mayor quema de carbón debido al incremento de los precios del gas natural.
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