Estos osos polares han logrado prosperar en un mundo que se queda sin hielo
Las poblaciones de Svalbard han mantenido su condición corporal a pesar de haber perdido más de tres meses de mar helado al año


En Svalbard, muy al norte de Noruega (a la que pertenece), al este de Groenlandia y casi en mitad del Ártico, viven unos 4.000 osos polares (Ursus maritimus). El archipiélago se está calentando el doble que el resto de la región ártica y hasta cuatro veces más que el planeta en su conjunto. Así que parecía un buen sitio para ver que está pasando con estos úrsidos del Ártico. Tras capturar a centenares de ellos y tomarles medidas morfométricas durante tres décadas, un grupo de investigadores ha publicado sus resultados en Scientific Reports. Para su sorpresa, unos animales que necesitan del hielo para vivir, están prosperando a pesar de que el deshielo dura ahora unos 100 días más que a finales del siglo pasado.
Como indica el nombre de la especie en latín, los osos polares son más marítimos que terrestres. Pero ese mar debe estar helado, aunque puedan nadar kilómetros y kilómetros. Lo necesitan porque sus presas principales, diversas especies de focas, descansan y crían sobre la banquisa. Sus técnicas de caza, adquiridas y heredadas durante milenios, son óptimas para el hielo. Por eso, con los alarmantes datos sobre el calentamiento del Ártico, algunos daban por condenado al oso polar. De hecho, son muchos los estudios que van en esa línea, como uno que mostraba que estaban viviendo por encima de sus posibilidades u otro que decía que algunas poblaciones han tenido que cambiar su dieta para sobrevivir, trocando crías de foca por huevos de ganso. En 2022, sin embargo, descubrieron a una población de úrsidos que llevaba siglos viviendo sin apenas hielo en el sur de Groenlandia. Considerados una excepción, resulta que en Svalbard sucede algo parecido.
Desde 1992, y con una muestra más amplia desde 1995, investigadores del Instituto Polar Noruego salen de caza, disparando dardos tranquilizantes a osos adultos. Una vez dormidos, los miden, registran varios parámetros para estimar su peso, les sacan algo de sangre y si no lo han hecho en la campaña anterior les quitan un molar vestigial para estimar su edad. Desde entonces realizaron 1.300 capturas de un total de 770 osos (a algunos los atraparon más de una vez). Fueron estimando su estado físico mediante el uso del llamado índice de condición corporal. A diferencia del IMC, usado sobre todo con humanos para saber su masa, este ICC es la herramienta que prefieren los veterinarios para determinar tanto las grasas como los músculos del animal.

Lo que han comprobado es que tras un quinquenio (entre 1995 y 2000) en el que los osos perdieron puntos en el ICC, desde que empezó el siglo, no han dejado de recuperarse. “Los osos no necesariamente han mejorado su condición, sino que la han mantenido”, aclara el experto en osos polares y biología del Ártico de la Universidad de Alberta (Canadá) y coautor del estudio Andrew Derocher.
En Svalbard hay dos tipos de osos polares. Son los mismos, pero tiene estrategias y modos de vida (ecotipos, en la jerga de los biólogos) diferentes. A unos cuantos centenares se les podría considerar residentes o terrestres. Más abundantes en la porción este del archipiélago, rara vez se adentran en el mar deshelado. Lo suyo es el hielo y cuando este empieza a menguar, en primavera, buscan tierra adentro de qué vivir. Pero el resto, más de 3.000, los llamados pelágicos, migran siguiendo el borde del hielo que se retira al norte a medida que avanza el verano. Llegan incluso hasta la lejana Tierra de Francisco José, ya territorio ruso, a unos 400 kilómetros. Entre ambos archipiélagos, el mar de Barents, testigo de estos viajes de ida y vuela.
A pesar de sus diferentes estrategias vitales, ambos grupos de osos han mantenido e incluso mejorado su condición corporal. Algo deben tener en común. “No lo sabemos; los datos solo indican que ha aumentado para ambos tipos. En el caso de muchos osos, desconocemos si son pelágicos o locales”, recuerda Jon Aars, investigador del Instituto Polar Noruego y primer autor del estudio. La tendencia también es similar entre géneros y eso que las osas, en particular durante la crianza, necesitan aumentar sus reservas de grasas hasta engordar un 70% más antes del alumbramiento.
Lo más llamativo de estos resultados es que se han producido en un contexto de retirada acelerada del hielo. En el tiempo del estudio, desde mediados de los 90 pasados, el número de días en que los alrededores de Svalbard se mantienen helados se ha reducido en más de tres meses. Y geográficamente, el sur, sureste apenas se hielan.

“El hielo marino ha disminuido drásticamente y a un ritmo más rápido en esta zona que en cualquier otra población de osos polares del Ártico”, recuerda Derocher, el investigador canadiense. Y lo que en otras zonas parece estar condenando a los osos, aquí les estaría beneficiando. La minoría, los llamados residentes, se encuentra con un escenario favorable: al haber menos hielo en las islas, las focas se concentran, lo que eleva la probabilidad de éxito al cazarlas.
En cuanto los migrantes pelágicos, a diferencia de otras regiones árticas, en Svalbard y en el mar de Barents abunda la comida. “Existe una gran plataforma continental al este del archipiélago, lo que genera una abundancia de focas de las que dependen los osos”, detalla Derocher. “Hay focas anilladas, focas barbudas, focas comunes (en aumento), focas arpa y algunas focas capuchinas. Si a esto le sumamos las morsas y las ballenas beluga, es una zona rica en presas. Otras poblaciones tienen solo dos presas principales”, completa el científico canadiense. Además, los investigadores han observado que, aunque ocasionalmente, algunos osos ya están cazando renos. Aars completa lo que dice su colega de estudio: “Han pasado a una dieta más terrestre, más huevos y más renos, en particular para los osos locales”.
El biólogo David Nogués, del Centro de Macroecología, Evolución y Clima de la Universidad de Copenhague (Dinamarca), va todas las primaveras a Svalbard a dar clases en la universidad local. “Donde yo voy es donde se concentran las poblaciones digamos terrestres, las más locales. Las pelágicas están más en la parte noreste del archipiélago, donde usan el mar de forma más continuada”, cuenta. Sobre el nuevo trabajo, sobre si arroja esperanza al destino de los osos, que estaría encontrando vías para adaptarse a un mundo con menos hielo, “sus resultados parecen contra intuitivos, los autores parten de la hipótesis de que la salud de los osos tendería a ir a peor y han encontrado que no es así”, dice Nogués.
Como los autores, el biólogo español también destaca la elevada productividad del mar de Barents, mucho más alta que la de otras regiones del Ártico. “Pero como ellos también sostienen, es solo una hipótesis; no es lo que te esperas, esto no se ha observado en otros sitios del Ártico, en los que vemos poblaciones que van mermando, en los que los osos cada vez tienen que nadar más y más kilómetros para cazar, para sus encuentros sexuales, gastando cada vez más energía”, termina Nogués.
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