El Gobierno de Kast tropieza en su primer mes con las mismas piedras del arranque del mandato de Boric
Se hallan en las antípodas de la política chilena, pero hay puntos comunes en sus respectivos arranques. Un lenguaje radical y la idea de que los problemas del país se solucionarán solo por el hecho de que ellos han llegado al poder


El Gobierno de derechas de José Antonio Kast no cumple todavía tres semanas -el presidente asumió el miércoles 11 de marzo-, pero en su instalación ha cometido los mismos errores que la Administración antecesora, de Gabriel Boric, de izquierdas. Se hallan en las antípodas del espectro político chileno, pero en sus respectivos arranques se encuentran similitudes que se explican, en parte, por un contexto parecido. Ni uno ni otro tiene mayoría la Cámara de Diputados ni en el Senado, lo que los obliga a un trabajo de joyería con los parlamentarios, propios y ajenos, para sacar adelante sus proyectos. Gobiernan a una ciudadanía poco fiel que, aunque los respalda en las urnas como candidatos, apenas el presidente se instala en La Moneda le sueltan la mano, con el consecuente aumento de la desaprobación en las primeras semanas. Pero tanto Boric como Kast tropiezan con las mismas piedras, en buena parte, por su origen. Ambos lideran sectores que han desafiado a la izquierda y a la derecha tradicional, en un caso y otro, por lo que arrancan su mandato con la seguridad de que los problemas de Chile se solucionarán solo por el hecho de que ellos han llegado al poder. Su discursos son radicales -Boric prometía el fin del neoliberalismo y Kast habla de un Gobierno de emergencia como si Chile se cayera a pedazos-, apoyados por Gabinetes mayoritariamente inexpertos. Un punto adicional: si ambos llegaron al poder fue por la fuerte necesidad de cambio que tiene el electorado chileno, tan distanciado de las dirigencias y de los partidos que apuesta cada cuatro años por una opción distinta al oficialismo de turno.
Kast ha enfrentado un fuerte descenso en apoyo ciudadano, de acuerdo a diferentes encuestas. Sobre todo, por su decisión de no contener el aumento del precio del combustible a través del mecanismo vigente en Chile desde 2014, por lo que el alza de la gasolina y el diésel será asumida por los consumidores. El 60% de la ciudadanía piensa que el Gobierno tenía otras alternativas, de acuerdo al sondeo de Descifra, dado a conocer este fin de semana. El 74%, además, cree que las medidas compensatorias son insuficientes, según la misma encuesta. Luego del anuncio del aumento histórico de los precios de los combustibles, la encuestadora Cadem midió el respaldo al presidente y, desde el 11 de marzo, cuando asumió, bajó 10 puntos, de 57% a 47%. La desaprobación, en tanto, subió 15 puntos, de 34% a 49%, por lo que sobrepasó al apoyo.
En el caso de Boric, en 2022, cuando iniciaba su Gobierno, el rechazo superó al respaldo en las primeras semanas. Ocurrió empujado por uno de los grandes errores de su mandato: su ministra del Interior, Izkia Siches, visitó la zona de conflicto en La Araucanía y fue repelida a balazos en la comunidad Temucuicui. El propio Boric, en la hora de los balances al finalizar su mandato, aseguró que se trató de un episodio que dejó en evidencia “un voluntarismo muy torpe”. De paso dejó tempranamente debilitada a Siches, que salió del Gabinete seis meses después. El Gobierno de la nueva izquierda chilena parecía creer que solo por el hecho de ser ellos que estaban en el poder podrían tener resultados eficaces en un conflicto en la zona mapuche que se ha prolongado por décadas, justamente por su complejidad.
Algo parecido sucede ahora. Kast llegó a La Moneda con la promesa de un Gobierno de emergencia centrado en el control de la delincuencia y el empuje económico. Pero en las primeras semanas de mandato ha hecho noticia que se hayan registrado 18 homicidios consumados y frustrados en Chile, lo que representa un alza de un 20% respecto del período del 11 al 27 de marzo de 2025. La ministra de Seguridad, la exfiscal Trinidad Steinert, necesita mostrar prontamente resultados, aunque su debut se ha visto manchado por la polémica remoción de la que era jefa de inteligencia de la policía, PDI. En economía, el segundo gran pilar, se dará la paradoja de que la inflación con probabilidad subirá por la decisión del Ejecutivo respecto de las bencinas, lo que no se esperaba de un Gobierno de derecha.
Boric, al comienzo de su Gobierno, integró a contadas figuras de la izquierda moderada, aunque de relevancia. Mario Marcel, socialista, lideró Hacienda desde el arranque. Pero fue después, tras la derrota del primer proceso constitucional que la izquierda apoyaba, que el presidente se abrió en septiembre de 2022 a integrar a su Administración al llamado Socialismo Democrático. En el caso de Kast sucede algo parecido. En su Gabinete hay contados militantes de los partidos de derecha, porque la mayoría proviene del mundo independente. En el caso del mandatario actual, por lo tanto, existen tres dudas fundamentales: ¿cuándo ocupará la bala de plata de la integración de la derecha histórica, agrupada en Chile Vamos? ¿Se moderará, como lo hizo Boric, o se mantendrá en sus trece con un estilo de hacer política que, en algunos aspectos, como el mediático, hace recordar a la Administración de Trump? Y, por último, ¿logrará Kast mantener una base de apoyo sólida -quizá insuficiente para conformar una mayoría, pero estable pese a los problemas- como la que Boric tuvo durante todo su mandato en torno al 30%?
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