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Los libros para comprender el génisis y el recorrido del Gobierno de Boric

Mientras Mayol asegura que la irrupción de la nueva generación estuvo marcada por la máxima “lo viejo ya no manda y lo nuevo aún no sabe gobernar”, Mansuy define al presidente saliente como “un rebelde” que no quiso “renunciar a serlo por ser jefe de Estado”

Inexpertos, inocentes, jóvenes, desacomplejados, adelantados, millennials, inesperados, impacientes, el recambio. El término del Gobierno de Gabriel Boric, con su salida de La Moneda y la llegada del ultraderechista José Antonio Kast el próximo 11 de marzo, parece ser también el fin de la etapa de toda una generación política y un grupo de libros pueden ayudar a comprender estos años, marcados por protestas estudiantiles, el estallido social de 2019, los intentos fallidos de cambiar la Constitución, la instalación en el Gobierno y la conducción del Estado.

Noam Titelman, en La nueva izquierda chilena. De las marchas estudiantiles a La Moneda (Ariel, 2023), aborda la matriz política de dónde sale Boric y su generación, y que se ve catapultada al poder. El inicio se sitúa en las protestas estudiantiles de 2011, movimiento gestor de que lo que hoy es el Frente Amplio, el partido del gobernante saliente. “El terremoto social de 2011 sacudió la política chilena. Por un lado, los principales dirigentes del movimiento —Camila Vallejo, Giorgio Jackson y Gabriel Boric— se volvieron líderes de opinión nacional. Los tres llegaron al Congreso en 2014, consolidando así el arribo de una nueva generación que nunca vivió en carne propia la dictadura” de Augusto Pinochet, escribe.

Parte de esos nuevos dirigentes “terminaron liderando el proceso de consolidación de una nueva coalición que remeció los equilibrios políticos precedentes”, asegura este hoy académico miembro del Frente Amplio y partícipe en el pasado de ese proceso como presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica (FEUC) en 2012. Titelman reconoce que esa “nueva izquierda chilena es tanto un monumento a los logros como a los fracasos de la Concertación”, la coalición de partidos que gobernó Chile entre 1990 y 2010.

Sin embargo, si las protestas de esa década —las estudiantiles y aquellas contra el sistema privado de pensiones, las AFP— permitieron el surgimiento de la generación política de Boric, lo que le dio un impulso inesperado fue el llamado estallido social de 2019. Hilos tensados. Para leer el octubre chileno (Editorial Usach, 2020), es un libro recopilatorio de textos de ese hito, con Kathya Araujo como editora.

“Fueron las marchas las que, sin duda, movilizaron al mayor número de personas en el país; infinitamente más que los saqueos o que la violencia de algunas capuchas, esta fue la principal forma de participación ciudadana. Marchas que, por un lado, se inscribieron dentro de un muy viejo repertorio de la acción colectiva (inventado en la segunda mitad del siglo XIX) pero que, por otro lado, renovaron algunas dimensiones: no hubo líderes evidentes, ningún gran orador o grupo de oradores tomó la palabra en ellas, no se estipuló un conjunto más o menos preciso de demandas”, escribe Danilo Martucelli en uno de esos trabajos, “El largo octubre chileno. Bitácora sociológica”.

“El descontento que se expresó excedió a las categorías políticas de la derecha o de la izquierda, y solo comenzó a decantarse políticamente durante el mes de noviembre”, asegura el autor. Ese decantamiento fue un pacto político que —como intento de salida a la crisis— inició un proceso de cambio constitucional que se extendió por cuatro años, y que llevó la firma de la mayoría de los partidos políticos y de un dirigente en solitario: Gabriel Boric. Una decisión que pudo ayudar a pavimentar su triunfo en las elecciones de 2021, frente a José Antonio Kast, y su llegada a La Moneda.

Tres libros analizan, desde distintas perspectivas, pero siempre críticas, lo que fue la llegada al Gobierno de esa nueva izquierda liderada por Boric. “Entre el 2000 y el 2020 una generación atravesó el umbral del protagonismo social, cultural y político”, escribe el exdiputado y exconvencional Renato Garín en Los reemplazantes (Planeta, 2025). “Esta generación no solo vivió el cambio: lo documentó, lo discutió y lo compartió en tiempo real”, sostiene, gracias al auge de internet, las redes sociales, los teléfonos celulares. Desde una mirada personal, Garín dice: “Los reemplazantes llegamos a ocupar un espacio que no estaba para nosotros” y que “intentamos tomar la batuta sin tener un manual de instrucciones”. Por eso, asegura, tensiones, fallas y aprendizajes “marcaron el camino”.

En Boric. El laberinto de las puertas (Catalonia, 2025), el sociólogo y ensayista Alberto Mayol sitúa el más reciente período como un “interregno” político, un paréntesis, donde plantea la inexperiencia del nuevo liderazgo: “Lo viejo ya no manda y lo nuevo aún no sabe gobernar”. Mayol asegura que Boric “no parecía destinado” a ser presidente, que es “un líder que no termina de nacer. Pero tampoco termina de morir. (…) Es un espacio entre dos nadas”.

Pero no es solo Boric, es toda su generación, “hecha de plazas tomadas, pancartas, asambleas y performances. Una generación que se formó en la épica de la denuncia, y que al llegar al poder descubre que las instituciones que debía administrar son montañas rocosas, no lienzos en blanco”. Marca la derrota en 2022 del primer proyecto de nueva Constitución, que el Gobierno izquierdista apoyó, como un antes y un después. “Allí se vio que el tiempo de Boric no era el tiempo de Chile. Desde entonces, Boric gobierna en el claroscuro. Cada gesto suyo es un ensayo. (…) Cada reforma, un equilibrio entre fuerzas que se desprecian mutuamente”, escribe el autor. Y analiza el “fenómeno Boric”, no como un hecho aislado, sino como un síntoma de una crisis más amplia de liderazgo y de la estructura política de Chile.

Desde la otra vereda, el académico y cientista político Daniel Mansuy se adentra en esa generación de la que forma parte Boric y cómo fue su aterrizaje en el poder. En Los inocentes al poder (Taurus, 2025) asegura que Gabriel Boric “es un rebelde que no quiere renunciar a serlo por ser jefe de Estado”. Así el autor “explora la mezcla explosiva que se produce cuando se hace política sin querer asumir todas las consecuencias; o bien, cuando se pretende ejercer poder sin perder la inocencia”.

Ejemplifica eso con la escena en que el presidente, en octubre de 2024, da una conferencia de prensa para hablar, sin filtros, de cómo se enteró de que su subsecretario de Interior, el hombre fuerte de la seguridad, Manuel Monsalve, estaba siendo investigado por la Fiscalía por un caso de violación. Ese momento muestra, escribe Mansuy, la obsesión de Boric con su inocencia “y por eso intenta mostralo todo”. Pero “confunde su persona con la institución” de presidente de Chile. “Actuó como si la persona fuese más importante que el cargo que ostenta, rebajando así la investidura al ponerla al servicio de una cuestión personal”, asegura.

Y es más duro al criticar el olvido, durante el ejercicio del poder, de las banderas que levantaron en el pasado. “La generación del presidente (…) saltó a vida pública enarbolando un discurso en torno a la educación: Ese era, según ellos, el tema central, el que vertebraba todos los malestares de la sociedad chilena. (…) Apenas triunfaron en las urnas, pareciera que [la educación] dejó de ser la viga maestra del malestar, (…) no hicieron nada, en ninguna dirección, ni ofrecieron una explicación del desajuste. La autosuficiencia del discurso permite preservar la pureza de la conciencia, permite seguir siendo inocente a pesar de la realidad”, escribe.

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