Marie Bergström, socióloga: “Hablar de recesión sexual en los jóvenes es no entender lo que les pasa”
Invitada al Congreso Futuro, la investigadora sueca aborda la variedad de nuevas prácticas, conductas y actitudes en torno a la intimidad en Francia y en Chile

En los días que lleva en Chile, la socióloga Marie Bergström (Örnsköldsvik, Suecia, 43 años) ha tenido variadas conversaciones, más serias y profesionales algunas, otras más distendidas, pero no menos reveladoras de fenómenos que se viven hoy en Europa, Latinoamérica y buena parte del resto del mundo.
Poco antes de partir a la nortina San Pedro de Atacama tras intervenir en el Congreso Futuro, la investigadora del Instituto Nacional de Estudios Demográficos (INED) de Francia le contó a EL PAÍS que el día anterior estuvo hablando con una joven santiaguina, quien le dijo inopinadamente:
“Me gustaría casarme algún día, formar una familia, pero ahora quiero probar, quiero conocer diferentes relaciones”.
“Observadora de la revolución sexual en curso” según Le Monde, Bergström es directora de un proyecto nacido en 2017 y que en 2025 dio pie al libro La sexualité qui vient. Jeunesse et relations intimes après #MeToo [“La sexualidad que viene. Juventud y relaciones íntimas después del #MeToo”]. Un trabajo de gran escala que encuestó -cuantitativa y cualitativamente- a diez mil franceses de 18 a 29 años para saber cómo viven y perciben su intimidad, sus afectos, sus relaciones. Una pequeña epopeya sociológica en la que resuenan palabras como las que le escuchó a la joven chilena: probar, experimentar.
Porque ruido les hará a los mayores o a muchos de ellos, pero las amistades con ventaja, los sex-friends y otros arreglos que eluden o postergan el compromiso formal, están de lo más extendidos, y no sólo en Francia. Así lo grafica ella misma:
“Nací a principios de los 80, y cuando había una relación que dura, en la que nos vemos, vamos al cine, tenemos relaciones sexuales... Eso, en mi generación y en las generaciones anteriores se entendía como una pareja, donde hay un pololo [novio] y una relación estable. Y ahora tenemos a estos jóvenes que tienen relaciones que duran, pero que para ellos no son relaciones de pareja”.
En lo que va diciendo Bergström se cuela algo que en el mejor de los casos sería un malentendido enmendable y en el peor, un abismo: la distancia entre lo que padres, abuelos y otros perciben de los más jóvenes y lo que sabemos hoy de las prácticas, conductas y actitudes de estos últimos.
“La incomprensión de las generaciones mayores radica en que quieren calcar su modelo a lo que hacen los jóvenes, pero los jóvenes tienen una gama más amplia de relaciones posibles”, plantea la investigadora: “Distinguen entre la relación de pareja, la relación sexual continuada, el ser sex-friends o tener aventuras de una noche”. Y se resiste a dejar el asunto tan luego:
“Los modelos con los que crecimos ya no se usan tanto. Hay que cambiar de perspectiva, hay que darse cuenta de que mi forma de ver las cosas, el marco de referencia que tuve de joven para comprenderlas, no es el mismo que tienen los jóvenes de hoy. Ellos usan otras categorías, otras distinciones, y por eso creo que la respuesta sencilla, aunque no tan sencilla, es intentar no calcar el viejo modelo en el nuevo comportamiento, sino intentar comprender que hay nuevas formas de identificar, definir y categorizar las relaciones íntimas”.

Otras relaciones
En estos desencuentros intergeneracionales asoma, legítima, una pregunta: ya que no tienen relaciones estables ni bailan lentos,
¿es esta una generación púdica, sin sexo, como se ha dicho y escrito? En lo absoluto, asegura Bergström, estudios en mano.
“Hablar de la no sex generation, o plantear la idea de una recesión sexual, es no entender lo que les pasa”, sentencia, para añadir acto seguido: “A partir ciertos estudios sobre la frecuencia de las relaciones sexuales, se ha planteado que los jóvenes ya no están interesados en el sexo, y eso no es para nada así. Lo que sí observamos es que los jóvenes han cambiado mucho. En muchos países se van más tarde de la casa, tienen más tarde un trabajo estable, se establecen más tarde como pareja y más adelante tienen una familia”.
La juventud es hoy un período más largo de la vida en que todo sucede después, si sucede. Un “periodo de libertad sexual en el que podemos experimentar cosas diferentes antes de asentarnos. Y, por tanto, también un periodo en el que los jóvenes están más bien solteros. Las personas solteras tienen una vida sexual menos regular, porque no necesariamente tienen parejas regulares, pero tienen más parejas sexuales”.
Llámenla, entonces, “generación de parejas múltiples”, parece proponer la entrevistada. Lo ha visto en Francia, naturalmente, “pero también lo vemos en Chile, cuando comparamos las principales encuestas sobre sexualidad: hay una primera realizada en el 98 y otra de 2022 [Encuesta Nacional de Salud, Sexualidad y Género, Esssex, 2022-2023, publicada en 2025] en que el promedio de parejas sexuales en los jóvenes ha aumentado tanto en Chile como en Francia, así como en otros países”.
La última Enssex encuestó a 20.000 personas que viven en Chile, mayores de 18 años. Bergström se concentró en los mismos 18 a 29 de su investigación en Francia y pudo hacer comparaciones. Lo visto reveló, dice, “varias tendencias comunes”. Además del aumento en el número de parejas sexuales, observa “un aumento muy significativo en la proporción de jóvenes que se dicen LGBT, que en realidad es una tendencia que se está dando en todo el mundo: hay un aumento de jóvenes gays y lesbianas, pero especialmente de mujeres que se identifican como bisexuales. Es una evolución muy, muy interesante, que muestra que las formas de definir y considerar la sexualidad están cambiando”.
Que haya “tantas mujeres que se dicen bisexuales” requiere más de una explicación, asume la investigadora, partiendo por “el hecho de que en los últimos años hemos tenido un movimiento feminista muy vital, tuvimos el Me Too, hemos tenido muchas cosas que hacen que esto no sea una cuestión de quién se siente atraída por quién, o con quién quiere alguien tener sexo: hay, efectivamente, una cuestión política en que una mujer se declare bisexual. Esto puede ser una manera de criticar la heterosexualidad, de cuestionarla, pues la heterosexualidad representa hoy, para una minoría de mujeres, un lugar de reproducción de desigualdades de género, un lugar de violencia”.
Para mayor abundamiento, la socióloga no ve este fenómeno solamente como una evolución demográfica en la que hay nuevas poblaciones con nuevas prácticas. Todo esto le parece, más bien, una “evolución política en la que hay nuevas maneras de decir, para mover y cambiar las cosas”.
Entre sumas y restas, Bergström ve con simpatía a los jóvenes, cuyos comportamientos seguirán alimentando su investigación: es tal el volumen y la variedad de información recogida en años, que seguirá por un buen tiempo concluyendo cosas. Y a todo esto cabe sumar su investigación en plataformas y aplicaciones de encuentros (no Tinder, eso sí, porque no calza): lo que de ahí salió, consultable en su libro Les nouvelles lois de l’amour, habla de costumbres que se mantienen hasta ahora, como la abrumadora mayoría de hombres que dan el primer paso, y otras más laterales, como la ortografía en tanto arma de seducción.
Ahí, nuevamente, los jóvenes pueden sorprender. “Prefieren separar su vida sexual de su vida social en las redes”, dice Bergström a modo de ejemplo, como alguien cuyo radar detectó señales de buen criterio.
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