Guido Girardi: “Quiero pasar del activismo a la sabiduría”
El exsenador e impulsor del Congreso Futuro, cuya nueva versión parte el lunes 12, aboga por un “humanismo liberal” y piensa que el destino alimentario de Chile está en las algas

No es llegar e interrumpir a Guido Girardi Lavín (Santiago de Chile, 64 años), como saben quienes lo han entrevistado. Sobre todo si este médico, exparlamentario y expresidente del Partido por la Democracia (PPD) está hablando en grande -de grandes temas, grandes problemas y grandes soluciones-, cosa que viene haciendo con frecuencia desde 2011, cuando era presidente del Senado y echó a andar el Congreso del Futuro, hoy conocido como Congreso Futuro.
Poco antes de que el lunes 12 comience una nueva edición del encuentro estival de divulgación científica y reflexión interdisciplinaria, el vicepresidente ejecutivo de la Fundación Encuentros del Futuro (FEF), uno de los articuladores del ambicioso Proyecta Chile 2050, no elude la política local, la misma que lo tuvo en roles clave por más de tres décadas. Sin embargo, prefiere a abrirse a cuestiones de alcance planetario, políticas o no. Siempre temas grandes, en un registro y con un aplomo que hasta lo harían pasar por un expositor del congreso.
La FEF opera en un séptimo piso de la comuna santiaguina de Las Condes, cerca de sus límites con las de Vitacura y Providencia. Allí, Girardi se ve rodeado de obras de arte -cuadros de Patricia Israel, pinturas de su padre, una escultura de su hermana, la exdiputada y exalcaldesa PPD Cristina Girardi- mientras no para de discurrir sobre las amenazas y las oportunidades que hoy se dibujan para el Chile y el mundo.
Así pasa, por ejemplo, cuando pide dirigir la mirada a los más de 4.700 kilómetros de la costa chilena. No por geopolitiquería, según parece, menos por turismo o por estética. Girardi desarrolla así el punto:
“¿Qué nos dice la ciencia? Que los ecosistemas terrestres no podrán producir alimentos a través de la agricultura como antes, porque consumen el 80% del agua dulce. El calor está disminuyendo la capacidad de nutrientes en todos los cereales en el mundo entero y los climas extremos están generando daños muy importantes a la producción. Sabemos que los alimentos del futuro van a ser producidos por los océanos, y casualmente Chile tiene el océano más productivo del planeta. Y Chile tiene que transformarse en el centro mundial de algas. Tenemos 100 científicos trabajando en algas”.
El Congreso Futuro tendrá, en efecto, una actividad complementaria en la participarán el Banco Mundial, la Fundación Chile, el Ministerio de Economía y representantes del centenar de científicos, porque, devela Girardi, lo que quieren todos los recién mencionados es “transformar a Chile en el líder mundial en algas”.
Las algas, explica Girardi, “capturan CO2, producen la mitad del oxígeno [del mundo], tienen omega-3, tienen fibra, tienen proteínas de altísimo valor biológico, son verdaderos riñones: puedo alimentar a los humanos con el mejor alimento, puedo alimentar a los peces, a los salmones, a los cerdos, a las vacas, y las vacas alimentadas con algas emiten menos metano y menos oxido nitroso”. Qué mejor, podría haber dicho.
“Fui de izquierda”
“El 99% de nuestra historia evolutiva ha sido muy lenta”, afirma Girardi, yendo más allá de las fronteras nacionales. Ocurre, prosigue su argumentación, que “entramos en un cambio para el cual nuestro cerebro y nuestro chasis institucional, educacional, de Estado, que fueron muy potentes, que construyeron avances en democracia, en crecimiento económico”, no estaban preparados. “Está emergiendo -agrega- una humanidad que somete al humano y a sus instituciones analógicas a la obsolescencia”.

Asoma ahí un Girardi político de otro cuño: no el que sostuvo por años una máquina electoral y partidaria, sino uno que ve la especie humana enfrentada a un riesgo mayor y aboga en su defensa contra Silicon Valley y otros adalides del transhumanismo, ese movimiento que propugna la superación de las limitaciones físicas y psíquicas del ser humano con la ayuda de la ciencia y los avances tecnológicos.
Hay, a su juicio, “un movimiento muy profundo que está emergiendo en el mundo, que ha capturado el presente y el futuro, que es transhumanista: que tomó la decisión de que el homo sapiens está obsoleto, que hay que superarlo”. Frente a esto, se define como un humanista que defiende “al humano y la humanidad”, un defensor de los derechos humanos y de la democracia liberal. Y tras mencionar esto último y etiquetarse como “humanista liberal”, abre un arco que convoca a un “mundo liberal” capaz de superar por lo pronto a la centroizquierda de la ex Concertación de Partidos por la Democracia en la que todo el mundo aún lo encasilla, la misma que a su juicio va a quedar “por mucho tiempo cancelada” tras apoyar en 2022 el proyecto de la Convención Constitucional (que hoy describe como “radical”).
Renuente a etiquetar de ultra o antidemocrático al presidente electo de Chile (José Antonio Kast “ha participado de acuerdo a las reglas democráticas”, y “no están dadas las condiciones para un proceso de radicalización”), piensa Girardi que desde la izquierda hasta la derecha no extrema debe entenderse que “lo que está amenazado es la democracia liberal, lo que está amenazado es la modernidad, la Ilustración, y tenemos que volver a luchar por esos valores, que para mí siguen siendo valores fundantes y que deben permanecer”. Eso sí, “no podemos seguir siendo sólo los conservadores, los que queremos conservar las instituciones, la política, la democracia, pero sin tener ninguna respuesta parta el siglo XXI”.
Falta un relato que haga frente a la polarización, añade quien se vio acompañado, desde cuando militaba en el ala renovada de un fragmentadísimo Partido Socialista de los 80, por convicciones y creencias que hoy le parecen más bien derrotadas por el paso del tiempo.
“Yo fui de izquierda”, dice de pronto, como quien se confiesa. “Yo fui estatista en el siglo XX”, afirma en otro momento, “porque el Estado fue muy importante, pero el Estado que tenemos hoy es un Estado fallido. Es parte del obstáculo que tenemos para avanzar”. ¿Por qué? “Porque el Estado fue hecho para un mundo lento, y hoy día, si Uber se demora más de cinco minutos, lo cancelas, y la gente quiere todo aquí y ahora, y este Estado no sirve para eso”.
Más adelante, plantea que no quiere circunscribir su análisis al PPD ni a la izquierda, sino a “algo más amplio”: al señalado humanismo liberal. “Si queremos volver a gobernar el futuro, debemos tener una narrativa que permita recuperar la confianza de los seres humanos en el planeta y ofrecer respuestas atingentes. Porque los únicos que tienen narrativa para esta era son los sectores de extrema derecha”.
“Para mí, lo más importante hoy es reponer la democracia liberal”, agrega. “Esa es mi lucha: volver a ser capaz de crear puentes. Yo estuve en la trinchera toda mi vida. Fui ecologista, peleé [en los 90] contra [la empresa forestal] Trillium. Hoy, quiero estar en la construcción de puentes. Quiero pasar de la etapa del activismo a la etapa de la sabiduría, a la construcción de ideas nuevas”.
Eso es lo que se necesita, remata Girardi.
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