El peso que carga la nueva ministra
La tarea más importante de la nueva ministra de Deporte, Natalia Duco, será instalar en el olvido su sanción por dopaje, una mancha que contradice los postulados de Kast y el Partido Republicano, defensores de una moralidad estricta en el desempeño y el historial de los funcionarios públicos

Natalia Duco fue campeona mundial junior de lanzamiento de la bala. Participó en cuatro Juegos Olímpicos y ganó oros sudamericanos. Pero recibió una condena de tres años por doping positivo. Será la encargada de deportes en la presidencia conservadora de José Antonio Kast.
“Deportista histórica, participante en cuatro Juegos Olímpicos y ganadora de un programa de cocina”, tituló un periódico para presentar a Natalia Duco, la recién nominada ministra del Deporte en el Gobierno de José Antonio Kast. En la presentación oficial, se destacaron sus roles de “madre y sicóloga”, mientras en Instagram, la lanzadora de bala enfatizaba que su rol sería “transformar al deporte en una herramienta para sanar, unir y fortalecer a Chile”.
No hay, en las primeras horas del anuncio, ninguna mención al aspecto más controversial de su llegada al futuro gabinete. Duco, campeona mundial juvenil de su especialidad en Polonia 2015, fue sancionada por doping en julio de 2018, tras comprobarse la presencia de GHRP-6 en su organismo, sustancia prohibida por la Agencia Mundial de Dopaje al ser un péptido inyectable que ayuda a liberar una mayor cantidad de la hormona del crecimiento, aumentando la síntesis de proteínas en los músculos, el tejido conectivo y la masa ósea.
La sanción aplicada por el Tribunal de Expertos la marginó durante tres años de las competencias, con una sentencia ejecutada por su presidente Cristián Ramírez, quien lo definió como “el dopaje más sofisticado que se haya detectado en Chile”. La muestra se obtuvo en la antesala de los Juegos Sudamericanos de 2018, donde Duco ganó una medalla de oro que debió devolver a los organizadores.

En su defensa argumentó que la sustancia le había sido suministrada por una persona “de mucha confianza”, y repitió durante el período en que estuvo alejada de las competencias que “no sabía que era doping”.
En el cumplimiento de la sanción Duco debió lamentar el fallecimiento de su entrenadora, Dulce Margarita García, la cubana que la adiestró desde los 15 años. Se quedó sin apoyos económicos, debió vivir en casa de su hermana y aceptar la oferta para participar en un reality de comida que le sirvió de sustento para mantener a su hijo Luciano -nacido en el 2021, al final de su castigo- y para terminar sus estudios de sicología en la Universidad Gabriela Mistral.
No pudo participar en los Juegos Olímpicos de Tokio, pero retornó en 2022 para ganar un oro sudamericano, el inicio de un camino que la tuvo como competidora en los Panamericanos de Santiago y en los Juegos Olímpicos de París.
“Queremos lograr que los 20 millones de chilenos se muevan”, dijo al momento de ser presentada por el presidente Kast, que la nominó después que la medallista olímpica Francisca Crovetto declinara el ofrecimiento por considerar que todavía estaba en ciclo competitivo en su especialidad, el tiro.
Los reproches éticos del mundo del deporte que sigue considerando que el doping es desvirtuar la pureza competitiva obligaron a un debate soterrado sobre la redención, la purga de los pecados y la redención tras cumplir una pena, aunque para los más puristas en una “mancha” difícil de borrar. “Estuve en un hoyo que me obligó a partir otra vez desde cero con mucha humildad”, replicó la ex atleta, que no tiene militancia política (como la mayoría del gabinete de Kast), pero tampoco experiencia en el campo de la administración de recursos.
Los desafíos que tiene por delante son mantener los logros del alto rendimiento, disminuir la brecha que supone para los deportistas chilenos compatibilizar los estudios universitarios, aumentar la carga de educación física en la escolaridad básica y disminuir los preocupantes índices de obesidad. Además, empujar las postulaciones a los Juegos de la Juventud y a los Juegos Olímpicos del 2036, una tarea compleja que hereda del Gobierno de Gabriel Boric.
Es probable que, al igual que sus antecesores, no asuma como propia la tarea de frenar la creciente violencia en los recintos futbolísticos, que fue endosada al recién creado Ministerio de Seguridad.
Pero la tarea más importante de la nueva ministra será instalar en el olvido su sanción por dopaje, una mancha que contradice los postulados del presidente Kast y el Partido Republicano, defensores de una moralidad estricta en el desempeño y el historial de los funcionarios públicos. Una prueba que, para Natalia Duco, es el peso más grande jamás cargado. ¿Será capaz de lanzarlo lejos?
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