‘El señor Búho y el País de los Muertos’: un tebeo extraordinario para enfrentarnos a nuestros miedos
David B. convierte al señor Búho en un Virgilio que acompaña a una joven con miedo a su sombra en su descenso al más allá

La joven Marie vive espantada por su sombra, que, díscola como la de Peter Pan, la ataca y muerde en cuanto la luz la ilumina, obligándola a moverse entre la oscuridad. El dibujo barroco y expresionista de David B. toma ese punto de partida para que su blanco y negro vuelva a explorar el simbolismo de esos contrastes, alimentados de referencias africanas y asiáticas hasta el horror vacui, para seguir los caminos de Dante y bajar a los infiernos acompañados de una particular criatura que vive entre el mundo de los vivos y los muertos, el señor Búho.
De la mano de este particular Virgilio aficionado a la fiesta, Marie deberá enfrentarse a sus miedos para poder comprender las razones de la rebeldía de su sombra, entrando en un mundo de los muertos donde hace tiempo que la muerte no se deja ver, mientras las ciudades se acumulan y mutan sin sentido aunque el tiempo haya dejado de correr por sus calles. Fallecidos que muchas veces no saben que expiraron ya, que siguen repitiendo una y otra vez sus rutinas, como proyecciones deformadas de la realidad cotidiana de los vivos, pero también como potentes metáforas de ese existir por el que transitamos de forma automática, fingiendo que comemos alimentos que no degustamos, que dormimos mientras el insomnio invade nuestra mente y los pensamientos nos alejan del mundo del sueño. El reino de los muertos que dibuja el creador de la magistral Epiléptico no se aleja de lo que vemos a nuestro alrededor cada día.

Para Marie, como para la humanidad, enfrentarse a la muerte constituye la única forma de superar los miedos con los que convivimos, esa muerte que no infunde terror por sí misma, sino por cómo creemos que es, como ese Cerbero que deambula por la ciudad matando y aterrando a los sin vida, supuestamente a las órdenes de una parca que nadie ha visto nunca. Enfrentarse también a la soledad, a esa soledad inmensa que nos hace invisibles, condenándonos a una jaula de la que es imposible escapar, como la pobre Marie sabiendo que los difuntos no pueden ver a los vivos y los vivos no pueden ver a los fallecidos. Entre ese caos en constante mutación, Marie deberá encontrar su camino no venciendo a sus miedos, sino comprendiéndolos, asimilando a esos fantasmas que nos rodean sutilmente, que nos rozan cada día sin ser vistos, solo apenas percibidos por el vello erizado de nuestra piel. Fantasmas que mudan de piel y se transforman continuamente, como nuestros miedos, que cambian y mutan para que los cerrojos de nuestras cárceles sigan bien cerrados.
El dibujante francés va componiendo un relato simbólico en el límite entre la vigilia y los deseos, dos mundos que conviven
En viñetas que beben de la fuerza de los grabados de Frans Masereel y Otto Nückel, el dibujante francés va componiendo un relato simbólico en el límite entre la vigilia y los deseos, en esas grietas entre dos mundos que conviven necesariamente, en el que la luz de nuestra mirada representa la única guía segura para comprender que nuestros terrores son parte de nosotros y que aceptarlos es parte de nuestro trayecto obligado entre uno y otro reino. Una obra extraordinaria llena de relecturas.

El señor Búho y el País de los Muertos
Traducción de Julia C. Gómez
Salamandra Graphic, 2026
264 páginas. 27,96 euros
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