‘El veneno del teatro’ y ‘Sonia dice que descansaremos’: entre el artificio y el arte
¿Adaptarse o morir? Robert Torres estrena en castellano una versión fidedigna del celebérrimo ‘thriller’ de Rodolf Sirera, mientras que Mattis G. de la Fuente mete en su laboratorio el ‘Tío Vania’ de Chéjov


El juego del gato ocioso con el ratón atrapado entre sus zarpas es un tópico literario que alumbró obras tan jugosas dramáticamente como La huella, de Anthony Shaffer, Diálogo en re mayor, de Javier Tomeo, o El veneno del teatro, de la que el Teatro Fernán Gómez ofrece una versión feminizada. Sus protagonistas, Gabriel de Beaumont, actor célebre, y el marqués que lo prende en su tela de araña, son ahora una comediante y una aristócrata, porque así lo ha querido Robert Torres, su director. Tanto da, a la postre: mujeres y hombres desempeñamos hoy papeles intercambiables y el dilema moral inherente al devaneo estéril del patricio con el plebeyo apela a ambos géneros por igual.
Como la criada de la marquesa aparece vestida de geisha sobre un fondo de acuarelas japonesas, da la impresión, al principio, de que podríamos estar ante una adaptación en la que Gabrielle es un onnagata (el intérprete de los papeles femeninos en el teatro kabuki). Pero esa ilusión prometedora se desvanece, para que la función siga paso por paso el recorrido prescrito por Rodolf Sirera, su autor. En los momentos agónicos de Gabrielle, la interpretación de Silvia Maya tiene un subrayado semejante al que Daniel Freire trazó en el montaje de Mario Gas, en 2012, antitética de la contención mostrada por Ovidi Montllor en la versión original, en catalán. La mutación de Marta Sangú, intérprete de la marquesa, resulta sorprendente. El vínculo entre ambos personajes, sin embargo, está sin detallar: su relación solo vibra verdaderamente cuando la mano de la verdugo toca los cabellos de quien ya está a su merced.
Acaso este clásico contemporáneo merezca una revisión libérrima, como la que de Tío Vania han hecho Mattis G. de la Fuente y la compañía La Nomai, en Nave 73, no porque Chéjov lo requiera, sino porque da para ello, de tan abundante que es. Sonia dice que descansaremos (así la han titulado) habla de la fatiga social e individual y del legado que los padres dejan a sus hijos. Como metáfora, la función tiene un descanso de una hora, durante la cual el público puede echarse a dormir o irse a pasear. Ambas cosas vienen muy bien, porque, a la vuelta, los propios espectadores coprotagonizarán cuanto suceda. Un experimento sugestivo, en tiempos conservadores.
'El veneno del teatro‘. Texto: Rodolf Sirera. Dirección: Robert Torres. Madrid. Teatro Fernán Gómez, hasta el 3 de mayo.
'Sonia dice que descansaremos‘. Texto y dirección: Mattis G. de la Fuente. Madrid. Nave 73, hasta el 25 de mayo.
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