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Crítica Teatral
Crítica

‘Vània’: Joel Joan para un barrido y para un fregado

El virtuosismo interpretativo del actor catalán supera el reto de representar a ocho personajes en la deconstrucción del texto de Chéjov para un solo actor creada por Simon Stephens

Escea de 'Vània', en el Teatre Romea de Barcelona.Teatre Romea

Es todo un clásico: la gente del teatro viaja a Londres, ve espectáculos que son un éxito de crítica y de público y los quiere trasladar a nuestro contexto. Tal como sucedió con Gegant (también en el Romea), ahora ha llegado el turno de Vània. El monólogo de Simon Stephens que sintetiza El tío Vania de Chéjov se estrenó en 2023 en el West End londinense, protagonizado por Andrew Scott. Deconstrucción del texto para un solo actor, la obra es un reto interpretativo para su protagonista, que debe encarnar hasta ocho personajes con sus respectivas salidas y entradas de escena, diálogos, monólogos e incluso besos apasionados.

Joel Joan ha abandonado momentáneamente la comedia comercial para demostrarnos que también puede ponerse serio. En Vània hay un poco de todo, por supuesto, ya que el mismo Chéjov defendía que sus obras eran comedias. La propuesta dirigida por Nelson Valente toma la de Londres como modelo: Albert Pascual ha diseñado una escenografía realista, pero deconstruida como el propio texto, que con pocos elementos nos sitúa en el terreno de la convención teatral. Stephens adapta la acción a nuestro presente, y el traductor Joan Sellent pone nombres catalanes a los personajes, mucho más accesibles para el público local. No me convence en absoluto el cambio geográfico, tanto en el texto original como en la traducción, que en una escena nombra un lugar demasiado connotado: “Andorra”. Rusia queda solo apuntada con un hervidor eléctrico, el samovar del siglo XXI.

Joan supera el reto con nota, en un ejercicio de virtuosismo interpretativo en el que a ratos despunta su propio personaje público, ese que se ha creado tras muchos años y numerosas entrevistas con titulares jugosos. Los personajes son retratados con la ayuda de un objeto (un trapo, unas gafas, un bastón), un gesto (la muy estereotipada Helena) o una inflexión de la voz, y el actor resuelve muy bien los diálogos con trucos gestuales y físicos. La propuesta bascula entre el ejercicio de estilo y la exhibición, pero acaba sucumbiendo ante la pregunta de siempre: “¿Este montaje puede interesar a alguien que no conozca El tío Vania?”. La respuesta seguramente es no, y por este motivo ni los anuncios radiofónicos nombran a Chéjov. Pobre Antón… Es como aprovecharse de él y esconderlo al mismo tiempo.

Vània

Autoría: Simon Stephens. Dirección: Nelson Valente

Traducción: Joan Sellent. Intérprete: Joel Joan. Teatro Romea. Barcelona. Hasta el 22 de marzo

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