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crítica literaria
Crítica

Estamos en 2026 y Bartleby, fatigado, aún preferiría no hacerlo

Una nueva traducción del cuento de Herman Melville, protagonizado por un mítico oficinista gris, le sirve a Daniel Gascón para trazar un irónico retrato del cansancio generacional

Los actores Israel Ruíz y Juanma Gómez, durante un momento de la obra "Bartleby, el escribiente", de Herman Melville adaptada en 2008 por el dramaturgo José Sanchís SinisterraBallesteros (EFE)

Preferiría no hacerlo”. Pocas frases han hecho tanto con tan poco. Con ella, Herman Melville levantó en 1853 el retrato definitivo de una resistencia pasiva, sin violencia ni apenas vehemencia. El texto apareció primero por entregas en Putnam’s Magazine y reapareció, con retoques mínimos, tres años más tarde en The Piazza Tales. Desde entonces, ese oficinista gris, sin biografía ni atributos heroicos, que se limita a desobedecer con educación a su superior inmediato, no ha dejado de producir lecturas, comentarios y apropiaciones. De Gay Talese a Deleuze, de Vila-Matas a José Luis Pardo. Daniel Gascón se incorpora ahora a la nómina de intérpretes de un cuento aparentemente menor que, sin embargo, ha generado una sobreabundancia de sentidos a partir de una negativa cortés y condicional: I would prefer not to.

Los nuevos Bartleby. Crónica de un cansancio colectivo es uno de esos libros que pueden leerse como algunos hacen con los periódicos de papel: empezando por el final. En las últimas páginas del volumen se presenta una nueva traducción del relato de Melville, firmada por Francisco M. Soria. Volver al texto original antes de adentrarse en el comentario permite recordar hasta qué punto Bartleby sigue siendo una criatura incómodamente vigente. Aunque escrito a mediados del siglo XIX, el relato parece anticipar algunos de los rasgos más persistentes de nuestro presente: la oficina como ecosistema angustioso, el trabajo como coreografía absurda, la obediencia como reflejo automático. El despacho neoyorquino de 1850 no está tan lejos del coworking de 2026. Sobre esa continuidad se construye el libro: Bartleby funciona como espejo en el que poder mirarnos y, por desgracia, reconocernos.

Se notan en Gascón los reflejos filológicos, y quizá por eso las primeras páginas de su ensayo se ocupan de situar tanto al personaje como a su creador. Melville, figura axial del canon estadounidense y universal, recibe aquí una contextualización que la legión de fanáticos del autor de Moby Dick agradecerá. Pero Los nuevos Bartleby no es tanto un libro sobre Melville como un libro sobre nosotros. Tiene un sesgo generacional evidente, no porque el autor se entregue a la primera persona, plaga contemporánea que contamina por igual a la ficción y al ensayo, sino porque atiende a una fractura de la que todos somos testigos. La COVID-19, la inteligencia artificial y el colapso de los futuros habitables aparecen como amenazas difusas pero constantes, una atmósfera de fondo que condiciona expectativas y desgasta voluntades.

La resistencia mínima de Bartleby y esa obstinación educada en no hacer lo que se espera que haga reaparecen aquí como actitud posible frente a la oficina contemporánea, a los ridículos rituales de teambuilding, al cansancio sin épica que se ha instalado en la vida laboral. A través de capítulos breves, a veces muy breves, Gascón compone una galería de escenas reconocibles, armadas con su habitual ironía y una acumulación eficaz de datos. Algo se ha roto en nuestras sociedades y seguimos actuando como si no lo supiéramos. Son demasiadas las tareas que aceptamos por inercia y a las que, con un poco más de valor y bastante más de lucidez, deberíamos responder con la frase que Melville puso en boca de su personaje y que Gascón reactualiza con tino. Cualquiera de nosotros debería decirlo más: preferiría no hacerlo.

Los nuevos Bartelby. Crónica de un cansancio colectivo

Daniel Gascón
Rosamerón, 2026
208 páginas, 19,90 euros

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