Zach Bryan, el mejor amigo del hombre
El músico estadounidense, convertido en fenómeno social en su país, edita su sexto álbum, donde amplía su sonido hacia un rock más clásico sin renunciar a sus raíces ‘country’


Durante el verano de 2023, los medios estadounidenses detectaron un creciente problema de soledad entre los hombres de aquel país. Ya no tenían amigos. Ya no les gustaba nada. En menos de un mes, The New York Times publicó dos piezas tratando el tema: una hablando de lo complicado que parecía haberse convertido tener amigos íntimos y otra ofreciendo el pickleball como cura para esa nueva pandemia.
Un año más tarde, el asunto seguía candente y la forma de atajarlo aún pendiente de ser detectada. Hasta que el 4 de julio, coincidiendo con el lanzamiento de The Great American Bar Scene, el quinto disco del músico country Zach Bryan, The Atlantic sugirió que ahí tal vez estaba la cura para la soledad masculina contemporánea. Sonaba a chiste —no más que el pickleball, eso también es cierto—, pero certificaba un hecho ya ineludible: Zach Bryan se había convertido en un fenómeno musical y social. Iba camino de convertirse en aquel músico que surge en cada generación americana para tomarle el pulso al país y concluir que debe entrar en la UCI, en el frenopático o a cuchillo en algún país caribeño. En septiembre pasado, Bryan actuó en el Michigan Stadium ante 112.408 personas, el mayor aforo de un concierto que no fuera parte de un festival o gratuito de la historia de EE UU. Aquella noche, se facturaron cinco millones de dólares en merchandising.
With Heaven on Top, el sexto largo de este músico de 29 años nacido en Japón —en la base de la armada estadunidense en la que estaban destinados sus padres— y criado en Oklahoma, salió a la venta el 9 de enero y actualmente ocupa el número uno del Billboard estadounidense. Ha desplazado a otro cantante country, Morgan Wallen, certificando que el género vive años de esplendor. Y también de controversia. Si Wallen lidera la facción más ideológicamente reaccionaria (son varias ya sus salidas de tono racistas) y formalmente algorítmica (se han necesitado 52 compositores para completar su disco I’m the Problem), Bryan está al frente de una que recoge a manos llenas el legado springsteeniano, aquel que sangra cada vez que a su país se le va la olla y que es crítico desde un melancólico patriotismo.

Ese legado, el autor de Pink Skies lo actualiza con una vida personal algo disfuncional y profusamente documentada en redes sociales, llena de borracheras sonadas —seguidas de periodos de celebrada sobriedad—, rupturas sentimentales mediáticas —su relación con la podcaster Brianna LaPaglia aún no se ha metabolizado en ciertas redacciones de medios estadounidenses—, viajes a los sanfermines y temas en los que insulta a los miembros de ICE, como ese ‘Bad News’ incluido en su último disco, cuya letra se filtró el pasado octubre y fue públicamente censurado por el mismo Donald Trump.
Zach Bryan debutó en 2021 con Deann, un disco de country destripado de cualquier artificio que lleva el nombre de su difunta madre alcohólica y que grabó en varias casas de Oklahoma justo después de licenciarse de la armada y espoleado por el incipiente éxito que habían cosechado sus rudimentarios vídeos en YouTube interpretando sus primigenias composiciones.
Frente al ‘country’ conservador, Bryan recoge el legado springsteeniano, aquel que sangra cada vez que a su país se le va la olla y que es crítico desde un melancólico patriotismo
Tras aquel apocado debut entró en modo expansivo y lanzó un ambicioso disco triple, American Heartbreak (2022), y otro doble homónimo con el que logró un Grammy por su dueto con Kacey Musgraves (una de aquellas personas que mejoran todo lo que tocan), ‘I Remember Everything’. En poco más de un lustro, Bryan ha lanzado 124 canciones. 2024 fue el único año sin un álbum suyo, pero eso no impidió que publicara hasta seis temas, entre sencillos propios y colaboraciones, como pantagruélico aperitivo de este With Heaven on Top, en el que amplía su paleta de sonidos a territorios más cercanos al rock clásico, con momentos cercanos a Tom Petty e incluso al Ryan Adams de la era Whiskeytown.
Excesivo e imprevisible en lo humano y en lo artístico, Bryan se casó la pasada nochevieja en la basílica de Santa María en San Sebastián con la creadora de contenido Samantha Leonard. Hubo un banquete en el Palacio de Miramar para 200 personas llegadas en avión privado desde Nueva York, un toro sonriente coronando la tarta nupcial y chapuzón en la Concha. Donostia será el 27 de mayo también la primera parada de su próxima gira europea.
Días después del lanzamiento de este último disco, el cantante anunciaba que, harto de que cada vez que publicaba un disco algunos le criticaran por ser “una mierda sobreproducida”, se había sentado en casa con la guitarra y un micrófono para grabar así todas las canciones de nuevo. El mejor amigo de un hombre es otro hombre capaz de hacer estas cosas por mantener el vínculo vivo.

With Heaven On Top
Warner
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