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Elisabet Riera: “Las alas son un símbolo universal de transcendencia y libertad”

En ‘Los alados’, la autora propone un viaje por el territorio de los seres reales y míticos dotados de la capacidad de volar

Elisabet Riera (Barcelona, 1973) trabaja triplemente ligada a los libros: como periodista, editora de Wunderkammer y escritora. Su ensayo Los alados (Siruela; en catalán original Els alats, Males Herbes) propone un viaje por el territorio de los seres reales y míticos dotados de la capacidad de volar.

¿Quiénes son los alados? ¿Por qué los asociamos con la divinidad? Desde los pájaros reales hasta los dragones voladores imaginarios, pasando por los ángeles, los chamanes primitivos, dioses de la mitología clásica como Hermes o Eros, las fabulosas aves de las mitologías orientales o el pájaro solitario del vuelo místico sufí... los alados han sido siempre los mensajeros entre los humanos y los dioses. Las alas son un símbolo universal de transcendencia y también de libertad.

Usted es editora, periodista y escritora. ¿En qué puntos se unen y en cuáles se separan esos tres oficios? Se encuentran en la forja del lenguaje, se diferencian en el taller de orfebrería y en el escaparate en que cada uno muestra sus abalorios.

¿Qué libro la convirtió en lectora? La isla misteriosa, de Julio Verne (y algunos otros del mismo autor que devoré en mi infancia).

¿Y en escritora? Opus nigrum, de Marguerite Yourcenar, y Las bodas de Cadmo y Harmonía, de Roberto Calasso, ambos regalo de mi profesora de latín y griego en el bachillerato.

¿Qué libro le habría gustado editar? El chamanismo y las técnicas arcaicas del éxtasis, de Mircea Eliade (Fondo de Cultura Económica).

¿A qué hora del día prefiere escribir? ¿Y en qué lugar? Soy un ave diurna y disciplinada: por las mañanas y en mi escritorio.

¿Cuál es la mejor crítica que ha recibido? Voy a cambiar la pregunta por “el mejor titular”. Recientemente Jacinto Antón, en la versión impresa del suplemento cultural Quadern, de EL PAÍS, tituló su preciosa crítica sobre Els alats/Los alados: “I al pit un niu d’aloses” (Y en el pecho un nido de alondras).

¿Y la peor? De nuevo, voy a cambiar la pregunta por “el peor titular”. Sobre mi anterior novela, Una vegada va ser estiu la nit sencera (Una vez fue verano la noche entera), en la que narro un viaje de transformación a pie por las Alberas siguiendo la huella de las trobairitz medievales y del caminante solitario del Winterreise de Schubert, un crítico tituló: “Mujeres enamoradas”.

¿Qué libro tiene ahora mismo en su mesilla de noche? Leo varios libros a la vez, actualmente se acumulan en mi mesilla: Los libros del Tao, Lao Tse, edición y traducción de Iñaki Preciado Idoeta (Ed. Trotta); Textos de estética taoísta, Luis Racionero (Alianza editorial); The medieval moon. A history of haunting and blessing, Ayoush Lazikani (Yale University Press); En torno al sol, Antonio Moreno (Newcastle ediciones); Natura fosca. Imaginació i ecologia a partir de Solitud, Elvira Prado Fabregat (Ed. Barcino).

¿Uno que no lograra terminar? Ulises, de James Joyce.

¿Cuál es la librería más bonita del mundo? Natura Llibres, en el pequeño pueblo pirenaico de Alins (Lleida), por el proyecto de resistencia cultural y territorial que hay detrás.

¿Qué canción usaría como autorretrato? Ahora mismo, Pájaro, de Lhasa de Sela.

¿La película que más veces ha visto? Probablemente, Zorba el griego.

¿Un estreno reciente que le encantara? Un estreno de teatro: La tercera fuga, de Victoria Szpunberg.

¿Cuál fue la última serie que vio del tirón? No tengo el hábito de ver series del tirón, excepto cuando estoy deprimida. Y últimamente me siento bastante feliz.

¿En qué museo se quedaría a vivir? En el museo Frederic Marés, de Barcelona, por ser un auténtico y desmesurado wunderkammer.

¿Tiene algún placer culpable en materia cultural? Me gustan las canciones horteras y melodramáticas.

¿Qué trabajo no aceptaría jamás? No me atrevo a decir “jamás”.

¿Cuál es su acontecimiento histórico favorito? El triunfo del movimiento sufragista.

¿Qué está socialmente sobrevalorado? La extroversión.

¿A quién le daría el premio Cervantes? Póstumamente, a la uruguaya Marosa di Giorgio.

De no haberse dedicado a los libros, le habría gustado ser… Hortelana, estoy en ello...

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