‘Arterial’, de María José Galé Moyano: una novela tan siniestra como hermosa sobre los fantasmas que nos sobrevivirán
La escritora recupera los tópicos del gótico y lo monstruoso y construye una propuesta sólida de ficción en la que descuartizar el yo

Estoy cansada. Estoy agotada. Estoy abatida. Estoy destruida. Estaba así hasta que cayó en mis manos Arterial, de María José Galé Moyano (L’Hospitalet de Llobregat, 50 años). Ahí la cosa mejoró, me entretuve para bien; fue como si las gasolineras volviesen a vender cintas de casete en esos expositores negros de metal que daban vueltas. Regresaba la ficción. De su mano una apuesta por la narrativa revolucionaria y una reflexión en torno a lo privado y lo íntimo en absoluto agradable, tal y como lo fue en su momento Sangre en el ojo, de la escritora chilena Lina Meruane.
En esta novela, Galé Moyano despliega tres historias, por decirlo así, que terminan trenzándose. En primer lugar, encontramos una voz narrativa que explora la teoría en torno a la sangre, ese líquido más viejo que el oro, y a sus múltiples significados, prácticamente desde el siglo XV: Inquisición, castellanos viejos, el caso del doctor Charles Drew vía Philip Roth; personalidades expertas en la materia como Henry Kamen o Jaime de Salazar y Acha. Luego nos topamos con una segunda voz, la de una artista de nombre Florencia D., que trabaja con la intimidad de los demás, entendiéndola de una forma extrema y radical. Esta colabora con alguien del ala de cirugía de un hospital, y con el permiso previo de los pacientes les fotografía mientras están en quirófano. Por último, Django (“Jango cabrón”, que le han escrito en una pintada frente a su casa); un muchacho de barrio en la veintena —un antihéroe escrito además en segunda persona—, al que acaba de morírsele su madre, Rosa, tras una larga enfermedad y que, de indicar a unos chavales en un coche la dirección de un bar, acaba por azar en la exposición de Florencia. Todo esto, tras pasar la noche entera con ellos y con otros seres que le son familiares y que idealizó, como es el caso de Consuelo y de su hija, la Chelo. El pasado es ya una traición movediza en la memoria.
Hablo todo el rato del giro drástico de Galé Moyano porque eso es lo que aquí plantea, mostrar en ficción la cicatriz, no lo que ocasionó la herida. Tampoco quién. Exponer la sangre tal vez es lo obsceno y lo pornográfico, lo que se explica por sí solo y apenas necesita elaborarse. Porque ese es quizá el dilema al que nos enfrentamos a la hora de encarar hoy la ficción, ¿qué mostrar? ¿Qué no enseñar? La autora nos dice, un poco, que para ese viaje no hacían falta alforjas. Si lo exhibes, exhíbelo todo. Atrévete. Si no, guárdatelo, guárdatelo para siempre.
En Arterial todo es nuevo y a la vez viejo. Aquí hablar de sangre, de la sangre, es disruptivo, de la sangre como fluido. La de esta novela es una prosa aguda que se permite jugar sin grandes aspavientos o experimentos inhábiles, lo que le permite huir de la pompa que destilan los libros a los que llamamos artefactos, por no saber dónde ponerlos, y de aquellos textos hechos a base de costuras y remiendos. Hay también códigos reconocibles en la novelística y, al mismo tiempo, hay escenarios que, gracias al pacto de ficción que establece Galé Moyano, generan en nosotros una necesidad de reacomodarnos para acomodarnos que pocos libros siquiera llegan a rozar.

Arterial
Candaya, 2025
176 páginas, 19,76 euros
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