‘La intrusa’, de Irene Pujadas: un viaje antiterapéutico al interior del yo
Inspirada en la literatura de viajes del XVIII y la burocracia opresiva de Kafka, la escritora propone un paseo fantástico dentro del cuerpo
El último relato de Los desperfectos, el libro con el que Irene Pujadas se dio a conocer, es una entrada de un blog donde una autora que “debuta en el año 2021 con una colección de cuentos que se publica al amparo amable de la juventud” repasa su trayectoria literaria. “El año 2025 publica Crònica d’un viatge endins (crónica de un viaje adentro), una novela corta que sigue a una mujer que, incitada por las opiniones de los demás y con el objetivo de paliar un cierto malestar, decide emprender un viaje hacia el interior de su cuerpo”, continúa ‘Retrospectiva’, “la propuesta de esta autora bebe abiertamente de la tradición de literatura de viajes de Jonathan Swift o Ludvig Holberg, pero adaptada al narcisismo galopante de hoy en día”. Entonces no lo podíamos saber, pero Pujadas anticipaba La intrusa, que, efectivamente, llegó primero en catalán a las librerías en 2025 y fue considerada la novela del año por los críticos de Quadern.
Diana sufre un desajuste, o eso le dicen sus amigos, y gracias a la mediación de una especie de curandera, puede entrar al interior de su cuerpo para buscar el núcleo y reparar la avería. Lo que le espera no son órganos que hablan como en Érase una vez el cuerpo humano, sino una oficina asfixiante: unos pequeños seres con aires de funcionarios trabajan duro para procesar las emociones y recuerdos. Ese mundo inicial es el mejor de todos, pero la fórmula continuará durante toda la novela: acompañada por una especie de Sancho Panza llamado Fidel, Diana viajará por los distintos universos que contiene su cuerpo, desde una monarquía medieval hasta un bar, que la autora crea con la imaginación extravagante, la parodia ácida y la ligereza que ya mostró en Los desperfectos. La gracia es que no hay un mensaje a descifrar o, si lo hay, queda clarísimo desde el principio: Diana no encontrará núcleo alguno, unicidad ni aprendizaje transformador y el lector tampoco encontrará nada de eso en la novela. Una vez apartadas las expectativas terapéuticas, sólo queda la emoción infantil de abandonarse a la aventura. El trabajo del lenguaje es coherente y mezcla hábilmente la oralidad plagada de frases hechas, símiles palpables (“llevaban un silencio frondoso encima, como un jersey de lana buena”), la ingenuidad de los cuentos de niños y una ironía contemporánea.
Inspirada en la literatura de viajes del XVIII, pero también en la burocracia opresiva de Kafka, el absurdo de Carroll o Beckett, y sin dejar del todo atrás los cuentistas posmodernos (La intrusa podría haber sido un cuento largo en una colección), parte del atractivo de la novela y quizás el motivo por el que la destacaron los críticos tiene que ver con su contexto cultural: es la historia perfecta para los que echan de menos un poco de fantasía o extrañamiento ante tanta promesa de verdad. La intrusa compartirá seguro estante con libros que nos llaman a ser nosotros mismos, como si tuviéramos que dejar atrás las imposturas para abrazar la autenticidad. Pero en esta novela las cosas del adentro son igual de cercanas y ajenas que las del afuera, y el yo no es nada más que una mezcla arbitraria de impactos con otros mundos y sus incongruencias. Lo afirma la narradora: “Es difícil explicar el interior de una persona cuando el interior es todo lo que la rodea”.

La intrusa
Traducción de Rubén Martín Giráldez
Editorial H&O, 2025
168 páginas, 18,72 euros

La intrusa
L’Altra Editorial, 2025
192 páginas, 18,90 euros
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