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Taty Almeida, madre de Plaza de Mayo: “A pesar de los bastones y las sillas de ruedas, las locas seguimos de pie”

La referente del movimiento por los derechos humanos en Argentina recibe la distinción de doctora ‘honoris causa’ a los 95 años por la Universidad de Buenos Aires

Taty Almeida junto a su familia en la entrega del doctorado honoris causa, este viernes.ENRIQUE GARCIA MEDINA

“Quedamos tres Madres, nada más, y dos Abuelas”, dijo Taty Almeida, una de las históricas referentes de las Madres de Plaza de Mayo, esas mujeres que desde hace cinco décadas reclaman por la desaparición de sus hijos bajo el terrorismo de Estado que asoló Argentina en los setenta. A sus 95 años, Taty sonreía sentada en una silla de ruedas, con su pañuelo blanco sobre la cabeza, frente a un aula colmada en la Facultad de Filosofía y Letras, en Buenos Aires. Hablaba ante cientos de estudiantes y docentes, amigos, familiares y militantes por los derechos humanos, convocados este viernes para participar de la entrega del doctorado honoris causa de la Universidad de Buenos Aires (UBA) a Lidia Stella Mercedes Miy Uranga de Almeida, conocida simplemente como Taty. “Ustedes son los que van a continuar luchando por la memoria, por la verdad y por la justicia”, les dijo ella.

“Ya hemos pasado la posta a todas y todos ustedes. De a poquito, ¿eh? Porque a pesar de los bastones y las sillas de ruedas, las locas seguimos de pie”, celebró, recordando cómo las llamaban despectivamente los militares: las locas. “¡Madres de la Plaza, el pueblo las abraza!”, respondió el público, entre aplausos y gritos emocionados.

Taty nació en 1930 en Buenos Aires y se formó como maestra de escuela. El 17 de junio de 1975 su vida sufrió un vuelco total: ese día, su hijo Alejandro Almeida fue secuestrado por la Triple A, la organización paramilitar que prologó la represión luego profundizada y extendida durante la dictadura (1976-1983). Alejandro tenía 20 años y, desde aquel día, permanece desaparecido.

“Taty nos ofrece la clase magistral más profunda que esta facultad presenció. Sin citas al pie, con su pañuelo y sus banderas, nos enseñó la filosofía de la esperanza, que frente al intento de silenciar y hacer desaparecer, la respuesta que vale la pena es la insistencia en la palabra y la acción colectiva”, dijo al abrir el acto la vicedecana de Filosofía y Letras, Graciela Morgade. Sobre una de las paredes del aula principal de la facultad, una impactante sucesión de retratos recuerda a universitarios asesinados o desaparecidos durante la dictadura militar.

“Quiero reconocer en la figura de Taty Almeida a todas las Madres y las Abuelas”, destacó luego el decano de la casa, Ricardo Manetti. “Me parece importante señalar cómo transformaron el dolor profundo de la desaparición, de la muerte de un hijo, en una lucha y una práctica política permanente para defender la memoria y buscar la verdad y la justicia. Nos enseñaron que la ética no se negocia”.

Los discursos eran interrumpidos por aplausos y vivas de los presentes. Taty derrochaba sonrisas y soplaba besos para el auditorio. “Es nuestra heroína”, comentaba a su compañero una joven estudiante de Historia, con los ojos brillantes de lágrimas y alegría.

El siguiente orador fue el rector de la universidad, Ricardo Gelpi, quien definió como “un gran orgullo” homenajear a Almeida con la máxima distinción que otorga la UBA. “Hoy vivimos tiempos en los que aquellos que deben velar por la paz social reproducen discursos de odio, negacionistas y violentos”, apuntó Gelpi, en evidente alusión al Gobierno ultra de Javier Milei. “A esos actos y discursos de violencia”, dijo, “debemos responder con las herramientas que nos proporcionan las instituciones democráticas y con más amor, con más empatía, con más generosidad, como nos enseñaron las Madres y las Abuelas”.

El acto se realizó en una universidad movilizada por paros y protestas contra el ajuste presupuestario que está aplicando el Gobierno sobre la educación superior. Una y otra vez, la crítica situación salarial que sufren profesores y demás trabajadores universitarios afloró en comentarios y alusiones durante la celebración, con claros mensajes de rechazo a Milei.

Un video recorrió la historia de las Madres de Plaza de Mayo y también por esa vía llegó un saludo y una canción para Taty del músico argentino León Gieco. La laudatio, el discurso de elogio que se pronuncia antes de investir a alguien con un honoris causa, estuvo a cargo de nietos y bisnietos de una conmovida Taty Almeida, jóvenes, adolescentes y niños que se pararon ante el público y los micrófonos del escenario. “Con ella al lado, la realidad no es, sino que está siendo. Y existe siempre la posibilidad de que sea diferente. Taty es una persona que supo hacer que la vida se ajuste a ella y no ella a la vida. Lo logró con tenacidad, astucia, amor y disciplina por igual”, leyó el mayor de los nietos. “Taty, abuela, bisabuela, espejo, faro, te adoramos”, cerró.

Entonces llegó, finalmente, el turno de Taty. “Muchas gracias a todos, a todas, a todes, sinceramente”, dijo. “Por supuesto, en mí están todas las Madres. Las madres que aún están, las que no están, pero que siempre van a seguir estando”, recordó. “Este es el quinto honoris causa que recibo, pero es muy especial porque es en Buenos Aires y estoy acompañada de casi toda mi familia”. Aclaró que decía “casi toda” su familia, porque uno de sus hijos vive en España y otro en Italia. “Además, bueno, el que no está es mi hijo Alejandro Martín Almeida”.

El grito multiplicado de la palabra presente irrumpió en el aula unos minutos. “Alejandro tenía 20 años cuando lo detuvieron y lo desaparecieron. Estaba cursando primer año de Medicina, pero antes que nada era un militante político”, remarcó. “No hay que tenerle miedo a la palabra militancia. Militar es tener compromiso, ese compromiso que los 30.000 desaparecidos asumieron, ese compromiso que ya han tomado tantos jóvenes, y no tan jóvenes, que son nuestra esperanza”.

“La lucha no termina, la lucha continúa”, agregó y les dejó a los presentes un pedido, si es que alguna vez las fuerzas flaquean. “Acuérdense lo que las Madres hemos dicho y hacemos, que la única lucha que se pierde es la que se abandona”, dijo. “Yo espero seguir viviendo mientras hable de corrido”, se rio. “Y espero seguir hablando de corrido mucho tiempo más”.

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