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Dictadura argentina
Opinión

Familiares de genocidas desobedecemos el mandato de silencio y lealtad

“¿Por qué no hablan?“, ”¿Por qué lo hicieron?“, ”¿Dónde están los desaparecidos?“, les preguntamos a nuestros padres y abuelos, torturadores de la última dictadura argentina

Manifestación del colectivo Historias Desobedientes, el 2 de julio de 2025.Historias Desobedientes Argentina

Historias Desobedientes. Familiares de genocidas por la Memoria, la Verdad y la Justicia surgió en Argentina a principios de 2017, extendiéndose luego a otros países de América del Sur: Chile, Uruguay, Paraguay, Brasil, así como a España y Alemania. Este grupo es el primero que se constituye como actor político en la historia de los grandes crímenes en masa conformado por personas que tenemos vínculos de parentesco con los agentes de la represión ejercida durante las dictaduras de nuestros países. Sus integrantes somos familiares de criminales de lesa humanidad que, reconociendo las atrocidades cometidas por estos últimos, las condenamos abiertamente para sumarnos a la defensa de los derechos humanos.

En Argentina, a 50 años del último golpe cívico militar, vemos resurgir discursos de odio y negacionistas de la mano de un gobierno que reivindica el accionar criminal del estado. Tenemos hoy un presidente que no disimula su desprecio a los derechos humanos y en nombre de la libertad justifica los peores crímenes. También tenemos una vicepresidenta hija obediente del pensamiento genocida que orquesta desde los lugares más oscuros y conservadores de la sociedad la impunidad.

Negar o silenciar el genocidio implica la perpetuación del proyecto genocida. Al negar y silenciar estos crímenes se está sosteniendo que las desapariciones, las muertes, las torturas o los robos de bebés no sucedieron, y declarar su inexistencia (ya sea por acción o por omisión) evidencia la pretensión de eliminar los rastros del crimen.

En Argentina, a 50 años del golpe cívico militar, tenemos el ejemplo de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, de sobrevivientes y familiares de víctimas que han trabajado incansablemente, incluso en años de impunidad, por conocer la verdad acerca del destino de los detenidos desaparecidos y de los bebes nacidos en cautiverio, que aun hoy seguimos buscando.

En este sentido la reconstrucción histórica, la práctica de la memoria colectiva, los juicios orales y públicos a lo largo y ancho del país, los testimonios, el rol de la justicia señalando a los culpables y otorgándoles una pena conforme a la ejecución de tan horrendos crímenes son las herramientas que posibilitan la existencia de una ética social que es plataforma de base del Nunca Más.

La voz de los familiares de genocidas defendiendo los derechos humanos, desobedeciendo los mandatos de silencio y de lealtad familiar se inscribe en esta ética social aportando una nueva perspectiva a la memoria colectiva y un valor preventivo que puede dimensionarse a la luz de las reflexiones que desarrolló Adorno justamente en torno a La educación después de Auschwitz (1966). Frente a ese punto álgido del horror y la crueldad humana, el filósofo fue uno de los primeros que propuso reflexionar y trabajar para evitar la reproducción de lo ocurrido abocándose no solo al campo de las víctimas sino también, y sobre todo, al de los victimarios: hay que conocer los mecanismos que vuelven a las personas capaces de cometer estos crímenes. Nada mejor que el relato de quienes convivimos con ellos e incluso, en muchos casos hemos desarrollado vínculos de afecto con estos criminales que, a su vez, también son padres, abuelos, tíos o hermanos.

Entre los objetivos principales de Historias Desobedientes se encuentran: colaborar con las organizaciones de derechos humanos y las asociaciones de víctimas y familiares, participar en actos centrados en la defensa y la profundización de los derechos humanos, desarrollar un trabajo de educación y concientización en torno a la memoria, contribuir a los procesos contra los criminales de lesa humanidad, y difundir nuestros testimonios para ampliar el horizonte de la memoria. En este sentido se han publicado libros autobiográficos y colectivos, así como trabajos de investigación de diferentes universidades abordando e indagando la perspectiva de los familiares de genocidas. Se han producido también documentales y material audiovisual revelando las implicancias y vicisitudes que se ponen en juego en las subjetividades de quienes tenemos vínculos filiatorios con perpetradores.

También trabajamos visibilizando y reflexionando sobre las lógicas que operan dentro de las instituciones de la Fuerzas Armadas y de seguridad que tienen su correlato de las familias de quienes las integran y reproducen cosmovisiones del mundo y marcos ideológicos autoritarios jerárquicos y violentos. Nos procura que estas lógicas de pensamiento criminal de “eliminar al diferente” sigan vigentes.

Desde Historias Desobedientes se lo preguntamos a los genocidas que son nuestros padres y abuelos, nuestros tíos y hermanos. ¿Por qué no hablan? ¿Por qué lo hicieron? ¿Dónde están los desaparecidos? ¿Dónde están los hijos de las Madres? ¿Dónde están los nietos y nietas de las Abuelas?

El artículo 18 de nuestra Constitución Nacional afirma que “nadie puede ser obligado a declarar contra sí mismo”. Esto no implica, se entiende, que una persona no pueda decir la verdad, aunque esto conlleve autoinculparse o inculpar a otros ¿Hace falta que sea obligatorio decir la verdad? ¿No es esperable que se diga siempre la verdad? ¿No es socialmente reprochable que alguien mienta, niegue o silencie la verdad? Es evidentemente reprochable cometer un delito. ¿No debería también ser reprochable que se lo silencie, se lo niegue o se lo oculte? Máxime cuando estamos considerando graves violaciones a los derechos humanos —la desaparición forzada, el robo de bebés nacidos en cautiverio, por citar algunos— y sus consecuencias siguen generando daño en sus víctimas, las familias y la sociedad toda.

En Argentina, a 50 años del golpe cívico militar, seguimos preguntando: ¿Dónde están?

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