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Muere el torturador y obstetra de la dictadura argentina Jorge Bergés

Este comisario médico, de 83 años, cumplía varias condenas por torturas a detenidos y por atender partos en centros clandestinos de detención

El comisario médico Jorge Antonio Bergés murió a los 83 años sin revelar dónde están los nietos que buscan las Abuelas de Plaza de Mayo desde hace casi medio siglo. Este obstetra, que acumulaba varias condenas por torturas y robo de bebés, asistió partos en centros clandestinos durante la última dictadura argentina (1976-1983) y participó del robo posterior de esos recién nacidos, que fueron entregados a familias cercanas al régimen que los criaron como propios. Nunca colaboró con la justicia para facilitar datos que permitieran encontrarlos, tal y como recordó la organización de derechos humanos H.I.J.O.S. Capital al informar de su muerte este martes a través de las redes sociales: “Su familia pudo despedirlo. Acá seguimos sin saber dónde están nuestros familiares desaparecidos y nuestras hermanas y hermanos apropiados”.

Bergés es uno de los represores más conocidos por los argentinos por el rol clave que desempeñó y los relatos escalofriantes de quienes padecieron sus torturas. Desde hacía unos meses, el condenado cumplía pena de cadena perpetua en prisión domiciliaria, en Quilmes, en la periferia sur de Buenos Aires, y murió el lunes en una clínica de esa ciudad.

Uno de los testimonios más recordados sobre Bergés es el de la física y docente universitaria Adriana Calvo. Fue secuestrada en febrero de 1977 y se puso de parto el 15 de abril de ese año en un automóvil mientras la trasladaban vendada y maniatada de un centro clandestino a otro. Sin ninguna ayuda, contoneando su cuerpo, dio a luz en el coche. Los policías ataron el cordón umbilical con un trapo sucio, sin cortarlo, y la mantuvieron así hasta trasladarla a una sala. Allí, Bergés le cortó el cordón, le arrancó la placenta y la tiró al suelo. En vez de entregarle a su hija Teresa, que lloraba de frío, ordenó que trajeran un cubo con agua y la mandó a limpiar los restos del parto desnuda y a cuatro patas. La declaración de Calvo en el Juicio a las Juntas celebrado tras la recuperación de la democracia en Argentina volvió a conmocionar al país tres años atrás al reaparecer en la película Argentina, 1985.

Bergés ingresó en la Policía de la provincia de Buenos Aires en 1964. Cuando los militares dieron el golpe de Estado, en 1976, estaba a las órdenes de Miguel Etchecolatz en la Dirección General de Investigaciones Bonaerenses. Durante los juicios que lo tuvieron en el banquillo de los acusados, varios sobrevivientes lo señalaron como participante en las sesiones de torturas perpetradas en el centro clandestino del Pozo de Banfield, en el que estuvo Calvo. Lo acusaron de controlar la picana eléctrica y de asistir los partos en el conocido como Circuito Camps, que englobaba casi una treintena de centros clandestinos de detención bajo jurisdicción de la Policía Bonaerense.

“El obstetra del mal”

Teresa Laborde Calvo, la hija de Adriana Calvo, lamentó este martes que Bergés falleciera sin romper el pacto de silencio de los militares sobre los crímenes de lesa humanidad perpetrados durante la dictadura. “Murió el obstetra del mal sin decirnos dónde están los bebés que se robó. Ojalá se pudra en los anales de la historia como la escoria que fue”, escribió en sus redes sociales. La legisladora porteña Alejandrina Barry, hija de militantes asesinados como parte del Plan Cóndor en Uruguay, reivindicó la necesidad de saber dónde están los que faltan y dónde están los cuerpos de los detenidos desaparecidos.

Abuelas de Plaza de Mayo ha restituido la identidad de 140 nietos, pero estima que hay unos 300 más que han crecido sin saber que son hijos de víctimas de la dictadura y que hoy tienen entre 43 y 49 años.

La Justicia sospecha que Bergés no sólo robó bebés durante la dictadura sino que también lo hizo antes y después. “Tuvo una estructura que le permitió apropiarse de los hijos y las hijas de las personas que están desaparecidas, pero, además, continuó utilizando esa misma estructura para el tráfico de niños y de niñas”, declaró al diario Página 12 la auxiliar fiscal Ana Oberlin. A finales de 1969, en una maternidad conocida como la clínica de Doña Elena, Bergés participó de al menos un parto en el que a la madre le dijeron que el bebé había nacido muerto, pero nunca se lo mostraron ni le dieron un certificado de defunción. Otros casos similares hicieron que se abriera una causa que terminó por archivarse por falta de elementos. Su muerte entierra con él muchas respuestas silenciadas.

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