Milei celebra la inflación más baja en ocho años, pero los precios en Argentina vuelven a acelerarse
El IPC de Argentina en 2025 aumentó un 31,5%, frente al 118% de un año antes. Los economistas dudan que la inflación pueda acercarse a cero a mitad de año
La baja de la inflación ha sido, junto con el recorte del gasto estatal, la bandera que Javier Milei ha flameado con mayor énfasis durante su gestión y la política que más reconocimiento cosecha en la población general, por eso el dato difundido este martes por el Instituto Nacional de Estadística y Censos era aguardado con especial interés. El índice de precios al consumidor aumentó 2,8% en diciembre, lo que arroja una suba de 31,5% para todo 2025 en Argentina, un registro que es 86 puntos porcentuales inferior al previo (117,8%) y el más bajo de los últimos ocho años.
“Es un logro extraordinario”, celebró el ministro de Economía, Luis Caputo. En un mensaje en redes sociales añadió que se consiguió “en un contexto de reacomodamiento de precios relativos, la implementación de una flotación cambiaria y una fuerte contracción en la demanda de dinero” que atribuyó a una dolarización masiva de la ciudadanía alentada por la oposición. El mensaje fue replicado por el Presidente, que una vez más le dedicó elogios a su ministro: “Toto, el más grande”.
Para encontrar un dato de inflación anual menor al actual hay que remontarse a 2017, durante la gestión de Mauricio Macri (2015-2019), año en que fue de 24,8%. Ese fue también el primer registro elaborado por el organismo oficial de mediciones normalizado, tras casi una década de descrédito por la manipulación política de los datos. La inflación volvió a acelerarse luego y marcó 47,7% en 2018 y 53,8% en 2019. Con la paralización de la actividad generada por la pandemia, el Gobierno de Alberto Fernández (2019-2023) registró en 2020 una inflación más baja, de 36,1%, que luego se disparó hasta alcanzar un pico en 2023, cuando la suba de precios llegó a 211,4% y fue la más alta del mundo.
Pero los datos pueden leerse de varias maneras. Si se observa el indicador mensual informado este martes por INDEC se advierte un escenario menos optimista que el señalado por el Gobierno: el 2,8% confirma que la tendencia a la baja se detuvo y aleja la promesa del presidente argentino, que en declaraciones recientes aseguró que la inflación “convergerá a cero a mediados de año o agosto”. Desde que asumió Javier Milei hace dos años, la inflación alcanzó el menor registro en mayo pasado (1,5%) y desde entonces retomó un camino suave pero constante de aceleración.
Entre los bienes que más aumentaron los últimos meses se cuentan los alimentos, la categoría más sensible para los hogares de menores recursos, que destinan la mayor parte de sus ingresos a comer. En diciembre intervino un componente estacional, vinculado a las celebraciones de fin de año, que dispara la demanda de productos como la carne y genera remarcaciones en los precios. También tuvo especial impacto en el índice la suba de las tarifas reguladas —educación, agua, electricidad, gas, combustibles—, afectadas por el recorte de subsidios instrumentado por la motosierra oficial. “Las subas reflejan la recomposición de los precios de los dos principales productos de la canasta de consumo de las familias, que no tuvieron subas en la previa de las elecciones”, apuntó Sebastián Menescaldi, director de la consultora EcoGo.
Un plan que flaquea
La estrategia de Milei para mantener la inflación contenida durante su gestión apeló a dos grandes anclas: la salarial y la cambiaria. Según los últimos datos oficiales disponibles, los salarios de empleos formales aumentaron casi un punto menos que el índice general de precios a lo largo de 2025. Por su parte, el dólar se mantuvo a raya con un esquema de bandas que le impuso un techo mensual, actualizado a un ritmo de apenas 1% mensual. Luego de meses de hacer oídos sordos, el equipo económico tomó nota de las voces que alertaban sobre las consecuencias que tendría en la economía real seguir profundizando el atraso cambiario y decidió flexibilizar el esquema a partir de enero. La cotización del dólar oficial se rige ahora por el índice de precios al consumidor: en febrero podrá aumentar como máximo el porcentaje de inflación de diciembre.
“Se ve una leve aceleración de la inflación, que sigue todavía lejos de los niveles de 2023, pero que todavía muestra la inercia en la suba de precios que tiene Argentina hace más de 10 años y que es muy difícil de desarmar”, apunta Matías Rajnerman, economista jefe del Banco Provincia, uno de los más grandes del país. Aun en un contexto de relativa calma como el actual, en Argentina los precios suben en un mes lo mismo que en Uruguay o en Brasil en un semestre.
¿Es razonable pensar en una inflación que tienda a cero hacia mitad de año, como proyectó Milei en su aparición pública en el canal de stream Carajo, tres semanas atrás? “No. En un buen escenario vuelve a estar debajo de 2% mensual”, apunta Claudio Caprarulo, director de Analytica Consultora. Para el economista, “Milei tiene un desafío en el corto plazo que es encontrar un esquema que le dé mayor estabilidad a la oferta y demanda de dólares”. De esa forma, reduciría las expectativas en torno a una nueva devaluación que presione al resto de los precios. “Una vez resuelto eso, debería retomar un sendero decreciente de la inflación a la par de aumentos en los niveles de consumo”, agrega.
En el presupuesto aprobado por el Congreso pocos días antes del cierre del año, el Gobierno proyecta para 2026 una inflación anual del 10,1%, equivalente a una suba mensual promedio del 0,8%. Sin embargo, las expectativas privadas son mucho más moderadas: calculan una inflación de más del doble, en torno al 20%. Es una inflación más baja que la del año anterior, pero que ya no refleja la velocidad de caída de los primeros dos años del Gobierno de Milei.
La disminución del optimismo inicial tiene su explicación. Pese a la revalidación que el partido del Gobierno obtuvo en las elecciones de medio término, donde se impuso con el 40%, el mercado tomó nota también de otros factores. Cuenta allí la progresiva flexibilización cambiaria y la fragilidad que evidenció el plan económico en 2025, cuando en medio de turbulencias financieras y electorales Milei precisó primero un rescate de 20.000 millones de dólares del Fondo Monetario Internacional (FMI) y luego un auxilio del Gobierno estadounidense de Donald Trump, que intervino directamente en el mercado de cambios local y habilitó un intercambio de monedas por otros 20.000 millones de dólares.
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