En el taller de la opinión de Juan Gabriel Vásquez: “Los fanatismos políticos han destruido nuestra realidad común”
El novelista colombiano presenta su nuevo libro, ‘Esto ha sucedido’, una compilación de sus columnas para El PAÍS. Lo discute junto a Javier Moreno, director de la Escuela de Periodismo UAM-EL PAÍS, en el Hay Festival de Cartagena


A primera vista publicar un libro de columnas de opinión, disponibles todas en el mundo de la web, “no parece algo muy sexy, muy atractivo”, dice con precaución Javier Moreno Barber, director de la Escuela de Periodismo UAM-EL PAÍS, cuando empieza a discutir la nueva obra del novelista Juan Gabriel Vásquez. Sin embargo, continúa más asertivo, revisar lo opinado hace tres, cuatro o cinco años “es una manera de revisar nuestra miopía o nuestra clarividencia”. Parafrasea en esa última al escritor colombiano, quien ha decidido publicar, en el marco del Hay Festival de Cartagena, Esto ha sucedido: columnas de los últimos cinco años, mezcladas con algunos discursos y ponencias en conferencias. “Está construido con mucho cuidado para intentar dar herramientas que nos permitan entender lo que nos ha pasado para entender lo que nos está pasando”, explica el escritor.
Se trata de un libro que quiere parecerse más a un diario, añade, y que se divide en tres partes: la progresiva desconexión de los ciudadanos con una sola realidad común; la violencia que ronda como un fantasma por décadas a Colombia; y la literatura que, con algo más de optimismo, “nos hace sentir menos solos, nos acompaña en esta tarea tan apasionante que es vivir”.
El título del libro es también una frase de la que quizás sea la novela más famosa del francés Albert Camus, La Peste de 1947, y con ella el narrador advertía al lector que algunas cosas de la historia le parecerán inverosímiles, escandalosas, pero su única misión, al final, es contar lo que ocurrió. “Nos ha tocado un tiempo muy especial y extraño”, vuelve Vásquez sobre el título para su nuevo libro. “Porque hoy no hay nada más difícil que decir eso: ‘esto ha sucedido”.
Los ejemplos abundan. El más reciente, dice el autor, son las autoridades de Estados Unidos afirmando que el enfermero Alex Pretti amenazó a la fuerza pública en Minnesota, y que por eso estas le dispararon, a pesar de que hay videos que demuestran lo contrario. Otro ejemplo, de hace cinco años, fueron los republicanos que no llamaban una insurrección violenta lo que ocurrió el 6 de enero en el capitolio de Estados Unidos, sino un día de “amor y felicidad”, recuerda el novelista.

Su preocupación principal, que se dispara con la polarización de las redes sociales, es vivir en aquella parte de la novela del inglés George Orwell, 1984, en la que el partido oficial dice “usted no ha visto lo que usted ha visto, usted no ha oído lo que usted ya ha oído”. “Hoy una cantidad de fuerzas nos dicen esto mismo, que lo que ha sucedido no ha sucedido”, sigue Vásquez.
Para el novelista, la realidad común empezó a resquebrajarse hacia el 2016, el terrible año del Brexit, la primera elección de Donald Trump, y la victoria del ‘no’ a un referendo para aprobar el acuerdo de paz en Colombia. “Antes nuestras convicciones políticas eran más posiciones políticas que hinchadas futbolísticas. Pero la política se empezó a parecer a un enfrentamiento entre hinchadas”, dice Vásquez. Luego, potenciado por las redes sociales y los populismos como los de Trump, arrancó una época “de fanatismos, de pequeños fundamentalismos, que ha colaborado con la destrucción de esa realidad común”.

¿Y cuál es el rol de los ciudadanos en todo esto?, pregunta Moreno, citando una columna en la que Vásquez dice que los “una parte de los ciudadanos tiene derecho a exigirse un cierto grado de responsabilidad. No me refiero a todos, como digo: a una parte grande la doy por perdida.”.
Se refería a los más fanáticos, dice Vásquez, pero a la gran mayoría, en cambio, le exigiría mayor capacidad de imaginación para recuperar la empatía hacia el otro. “Se nos hace cada vez más difícil imaginar la vida de los otros, y entender porqué no piensan con nosotros”, dice el escritor. Recuerda que Milan Kundera decía que la novela es “donde suspendemos el juicio moral”, y es ese poder que potencia la literatura, de escuchar sin juicios, a la que quisiera apelar el colombiano.
Javier Moreno dice que la parte más dolorosa del libro llega cuando aparece Colombia y su violencia circular. Una columna habla de los hijos de la violencia, cuyos padres fueron asesinados, y se dedicaron a la política. La siguiente, dolorosamente, es sobre el asesinato de Miguel Uribe Turbay, senador y precandidato que falleció el año pasado después de que un sicario le disparara en medio de un mitin en Bogotá. Su madre, a sus cuatro años, había sido asesinada también.
“Vivir en Colombia es aceptar que el peor de los escenarios posibles es tan aceptable como el mejor”, dice Vásquez en una de las columnas que recupera Moreno. Eso fue escrito seguramente en uno de muchos momentos de decepción, recuerda el escritor. Y, sin embargo, añade, “Colombia ha sido mi obsesión, siempre, no he escrito desde el año 2004 una sola página de ficción que no sea obsesivamente colombiana”. Más que el país, es una obsesión por la pregunta si este lugar es capaz de dialogar. En medio de las redes sociales, de las amenazas de la inteligencia artificial, y de la violencia que se repite por décadas.
“¿Seremos capaces de recordar que la sociedad perfecta no es un destino y tampoco lo es la democracia? La democracia es el camino, no el destino”, se pregunta el escritor. Sus respuestas las busca en Chekov, en Orlando Fals Borda, en Salman Rushdie. La literatura, le replica Moreno, al final es lo que lo mantiene en tiempos oscursos, la que contagia “las ganas de vivir”.
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