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Reuniones clandestinas con un empresario chino: el presidente de Perú enfrenta su primer escándalo a los 100 días de Gobierno

Jerí atraviesa una tormenta política por sus encuentros, encapuchado y fuera de Palacio

José Jerí en Lima, Perú el 10 de octubre.

El último domingo, José Jerí llegó a los cien días de mandato de la manera más indeseada para un presidente: con su nombre asociado al sufijo que espanta a los políticos y se tumba gobiernos. Si Dina Boluarte quedó manchada con el Rolexgate, el escándalo de la colección de relojes de alta gama que no pudo acreditar, su sucesor José Jerí está envuelto en una maraña de contradicciones que por estos días se resume en un término: Chifagate. A los restaurantes de comida china en el Perú se les conoce como chifas, y fue en uno de ellos, ubicado en el distrito limeño de San Borja, que un hombre encapuchado fue captado ingresando a sus instalaciones la noche del 26 de diciembre, fuera del horario de atención.

Aquel sujeto llegó hasta la avenida San Luis en el coche presidencial denominado el Cofre, acompañado de un hombre con gorra. Aparcó frente a un edificio, cuya primera planta es un minimarket de productos chinos. Subió hasta el segundo piso, donde se ubica el chifa Xin Yan, y se reunió en uno de los salones privados con el dueño: Zhihua Yang, un empresario chino que posee una baraja de negocios que van desde el rubro de seguridad hasta la construcción de hidroeléctricas. El destape del programa Punto Final confirmó que el encapuchado era nada menos que el funcionario público que porta la banda presidencial desde el 10 de octubre: José Jerí.

Jerí no lo negó y, conforme a su manera de hacer política, respondió primero con un tuit: aseguró que la reunión secreta era por los preparativos del Día de la Amistad entre Perú y China que se celebrarán en Palacio el 1 de febrero. “Se tenía que hacer algo distinto y se está trabajando en esa lógica”, dijo de entrada. Pero días después cambió de versión: dijo que él no había convocado el encuentro y que fue en calidad de invitado para “otras actividades privadas” que no precisó. Las gestiones de los supuestos festejos de la confraternidad entre Perú y China quedaron de lado.

Es más, Jerí intentó desmarcarse del exgobernante, Pedro Castillo, cuestionado por despachar fuera de Palacio en una casa del jirón Sarratea, en el distrito de Breña. “No soy Pedro Castillo ni soy profesor. Soy abogado, sé las leyes, lo que debo hacer y no debo hacer”, dijo. Justificó su visita no registrada, carente de los protocolos que demanda su cargo, diciendo que no ha dejado de realizar sus actividades cotidianas y que, como cualquier otro ciudadano, había ido a cenar. “Soy un presidente que está en la calle, que va a comprar sus cosas, que come chifa”, agregó.

El sábado sucedió lo inesperado: la cuenta oficial del Ejecutivo subió un video a las dos de la madrugada. Era Jerí, en camisa blanca remangada, en el despacho presidencial, dando un mensaje a la nación de casi cinco minutos. Ofreció disculpas, descartó cualquier ilícito, y reveló que su acompañante, el de gorra, era el ministro del Interior, Vicente Tiburcio. Sostuvo que, luego de dar vueltas en Lima, lo invitó a comer al “chifa del señor Johnny, quien estaba en su local y a quien conozco de tiempo atrás por diversas actividades culturales o sociales”. Zhihua Yang es conocido en el mundo de los negocios como Jhonny. “Si él me hubiera pedido algo irregular, automáticamente hubiera cortado todo vínculo con él”, señaló en su tercera versión de los hechos.

De acuerdo al semanario Hildebrandt en sus Trece, el encuentro clandestino entre Jerí y Zhihua Yang o simplemente Jhonny habría girado en torno a un tema: un apetitoso contrato con el Estado para instalar cámaras de videovigilancia en 8.000 buses de transporte público a cambio de 112 millones de soles (casi tres millones y medio de dólares). “José Jerí ha presionado desde que se instaló en Palacio para que la compra salga lo más rápido posible”, cuenta la publicación. Indican también que Jerí y Zhihua Yang se conocen desde inicios del 2024, que los presentó un congresista con quien el presidente compartió las filas de la agrupación política Somos Perú, y que el empresario chino ha visitado Palacio en varias oportunidades.

Zhihua Yang es cercano al poder: integró la delegación que acompañó a Dina Boluarte en su viaje a China a mediados de 2024 y, además, contrató los servicios de abogado de su hermano Nicanor Boluarte.

El sorpresivo mensaje a la nación de Jerí, de madrugada, no era una reacción tardía, sino un control de daños frente a un segundo escándalo por estallar. El programa Cuarto Poder transmitió unas imágenes donde se ve al presidente del Perú visitando un local clausurado, un minimarket de productos chinos, también de propiedad de Zhihua Yang, en el jirón Paruro, en el Centro de Lima. Fue el 6 de enero, al final de la tarde. Jerí no estaba encapuchado, pero lucía unos lentes oscuros. Las cámaras de seguridad lo captaron otra vez junto al empresario. En algún momento, Jerí habla por teléfono y se le nota visiblemente ofuscado.

“Acaba de cometer un desacierto muy grave de ir de manera encubierta, con ropa extraña, a una cita con un empresario chino que había visitado Palacio y dar una explicación no creíble de ese encuentro. Evidentemente, de manera automática ha surgido la sospecha de tráfico de influencias”, dice el analista político Luis Benavente.

La bancada de Perú Libre se encuentra recolectando firmas para presentar una moción de vacancia por incapacidad moral en contra de Jerí. “Veremos la fuerza política que pueda mantener en el Congreso. Recordemos que los partidos representados en la Cámara están en competencia para las elecciones generales del 12 de abril. Apoyar a quien está visiblemente involucrado en tráfico de influencias es algo que tendrán que valorar”, agrega Benavente.

José Carlos Requena, por su parte, resume los cien días de Jerí en un énfasis comunicacional, amplificado por las redes sociales, que se diluye cuando se profundiza en sus problemas para liderar vitales para el país como la lucha contra el crimen. “Por contradictorio que pueda parecer, los principales aciertos y desaciertos reposan en lo mismo. Es un mandato basado en la comunicación que deja de lado todos los aspectos de gestión. Si bien, su efectismo le da una mayor cercanía con la opinión pública, lo distrae del tema de fondo: gobernar. Si bien no ha sido elegido, lidera el Ejecutivo y eso es algo que no se siente”, dice.

El primer ministro, Ernesto Álvarez, ha salido a defender a Jerí, alegando que habría sido timado. “Estos chinos habrían ofrecido un gran megaevento para que el presidente se luzca y establezca la evidencia de una gran relación con China. Es un engaño, un engañamuchachos que tenía como trasfondo pedidos de distinto nivel o grado, de los más grandes hasta los más precarios y mezquinos”. Una de las visitas de Zhihua Yang a Palacio fue junto a Ji Wu Xiaodong, un empresario chino vinculado a una presunta organización criminal dedicada al tráfico ilegal de madera. El Chifagate ha hecho tambalear a un presidente con tres meses en el cargo que iba a “toda máquina” y cuyo gobierno concluirá el 28 de julio. Aunque por ahora nada está dicho. A ver qué dicen las galletas de la suerte.

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Sobre la firma

Renzo Gómez Vega
Periodista y escritor. Ha escrito en los medios peruanos 'El Comercio', 'La República', el semanario 'Hildebrandt en sus Trece' y 'Salud con Lupa'. Fundador de la revista digital 'Sudor'.
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