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Acuerdo Mercosur-UE
Tribuna
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El Acuerdo Mercosur-UE es la respuesta del multilateralismo al aislamiento

Ante el crecimiento del extremismo político, el Mercosur y la Unión Europea demuestran en la práctica que el multilateralismo sigue siendo actual e imprescindible

Bandera de la Unión Europea, en Estrasburgo.

En una época en la que el unilateralismo aísla los mercados y el proteccionismo inhibe el crecimiento global, dos regiones que comparten valores democráticos y defienden el multilateralismo eligen un camino diferente. Frente a la lógica de las guerras comerciales, que segregan economías, empobrecen naciones y aumentan la desigualdad, el Mercosur y la Unión Europea firman mañana uno de los acuerdos más amplios del siglo XXI.

Tras más de 25 años de negociaciones, y basado en la convicción de que solo la integración y la apertura comercial promueven la prosperidad compartida, este acuerdo crea la mayor área de libre comercio del mundo. No existe una economía aislada. El comercio internacional no es un juego de suma cero. Todos buscan crecer, y esta nueva asociación generará oportunidades mutuas de empleo, generación de ingresos, desarrollo sostenible y progreso económico.

En conjunto, los 31 países que integran el Acuerdo Mercosur-Unión Europea suman en total alrededor de 720 millones de ciudadanos. Nuestro PIB combinado supera los 22 billones de dólares. El acuerdo ampliará el acceso mutuo a mercados estratégicos, con normas claras, previsibles y equilibradas. Al eliminar las barreras comerciales y establecer estándares regulatorios comunes, las inversiones, las exportaciones y las cadenas productivas se multiplicarán a ambos lados del Atlántico.

Las economías de Sudamérica y Europa están unidas por una sólida complementariedad comercial. La versión del acuerdo que aprobamos resguarda los intereses de los sectores más vulnerables, garantiza la protección ambiental, promueve valores compartidos como la democracia y los derechos humanos, fortalece los derechos de los trabajadores y preserva el papel del Estado como impulsor estratégico del desarrollo económico y social.

La firma de este acuerdo solo es posible porque el Mercosur y la Unión Europea comprendieron que juntos tenían mucho más que ganar que por separado y optaron por dialogar en condiciones de respeto e igualdad. A pesar de visiones distintas, los bloques encontraron puntos de convergencia, demostrando que la cooperación es mucho más ventajosa y eficaz que la intimidación y el conflicto. Agradecemos a los países del Mercosur y de la Unión Europea su compromiso con la conclusión de un acuerdo tan significativo.

No obstante, la firma constituye apenas el primer paso. Mañana comienza una nueva etapa de exigencia para la implementación ágil y transparente de lo acordado. El verdadero éxito del acuerdo se medirá por la rapidez con la que sus beneficios lleguen a las estantes de los supermercados, al campo, a las fábricas y a los bolsillos de los ciudadanos.

Numerosos sectores de ambas regiones se beneficiarán, desde la bioeconomía hasta la industria de alta tecnología, y desde los pequeños y medianos agricultores hasta las pequeñas, medianas y grandes empresas. Los consumidores europeos y sudamericanos tendrán acceso a una mayor diversidad de productos y a precios más bajos, mientras que los productores accederán a nuevos mercados.

Además de los beneficios comerciales y económicos, el acuerdo acerca aún más a socios unidos por lazos históricos, así como por una vocación democrática y multilateral compartida. La interdependencia es una necesidad y una realidad. Solo el trabajo conjunto entre Estados y bloques puede promover la paz, prevenir atrocidades y hacer frente a los peores efectos del cambio climático.

En un contexto de creciente proteccionismo y unilateralismo, este acuerdo demuestra que es posible una gobernanza mundial más activa, representativa, inclusiva y justa. Estos mismos principios guían nuestra búsqueda de instituciones multilaterales renovadas, como la reforma de la Organización Mundial del Comercio y del Consejo de Seguridad de la ONU.

Ante el crecimiento del extremismo político, el Mercosur y la Unión Europea demuestran en la práctica que el multilateralismo, que tantos beneficios aportó al mundo tras la Segunda Guerra Mundial, sigue siendo actual e imprescindible.

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