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Cilia Flores, el poder detrás del trono venezolano

La esposa de Nicolás Maduro, también capturada, trabajó en las sombras por la preservación de la hegemonía del chavismo

Nicolás Maduro y Cilia Flores en Caracas, en noviembre de 2025.Foto: MIGUEL GUTIERREZ (EFE) | Vídeo: EPV

La espectacular captura del líder bolivariano y hombre fuerte de Venezuela, Nicolás Maduro, por parte de Estados Unidos ha opacado, en alguna medida, el impacto que también tiene el arresto de Cilia Flores, su esposa. La primera dama o “primera combatiente” de la nación, de acuerdo a la narrativa oficial del Palacio de Miraflores.

Flores ha sido una de las dirigentes con mayor poder e influencia dentro de los círculos del poder en Venezuela, con una influencia fundamental en las decisiones del Gobierno chavista. También responsable algunas de las medidas más importantes que tomó el comando revolucionario en el poder, tanto para confrontar a la oposición como para administrar al país. Durante los 12 años de Gobierno de Maduro, Flores abandonó el perfil público que había tenido durante la gestión de Hugo Chávez y se replegó para trabajar desde las sombras en los sótanos del poder. Sus apariciones en estos años fueron eventuales, casi siempre tomada de la mano de Maduro.

Nacida en Tinaquillo, en el Estado Cojedes, en 1956, abogada de profesión, casada dos veces y con tres hijos, Flores entró a la política poco después del 4 de febrero de 1992, tiempo en el cual Hugo Chávez promovió un golpe militar contra la democracia venezolana de aquel entonces. Como otros activistas de extrema izquierda del momento, Flores fue a la cárcel de Yare para conocer personalmente a Chávez y ponerse a sus órdenes para llevar adelante la revolución bolivariana. Ahí conoció a Nicolás Maduro, con quien entablaría relaciones sentimentales tiempo después. Todos fundaron, en 1997, el Movimiento Quinta República, la primera expresión electoral del chavismo.

Cilia Flores, Hugo Chávez y Ramón Carrizales, en Caracas, en 2009.

Tal y como le sucedió a Maduro, Flores cultivó una relación política muy cercana con Hugo Chávez, por quien sentía una admiración total. Fue una de las voceras de la causa chavista en los primeros años de revolución y tuvo una actividad parlamentaria dilatada y muy polémica. Fundadora del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) en 2007, fue procuradora general en 2012 y presidenta de la Asamblea Nacional durante cuatro años (2006-2011), sustituyendo en ese cargo al propio Maduro. Ambos se casaron en 2013, cuando Maduro asumió la presidencia tras la muerte de Chávez.

Con el paso de los años, Flores desarrolló una enorme astucia para ampliar su influencia en los círculos del Poder Judicial y el Consejo Nacional Electoral (CNE), promoviendo a fichas cercanas a su liderazgo dentro de los círculos de poder y conformando una envidiable red de contactos y aliados.

Conforme comenzó a articular poder, Flores sumó enemigos y acusaciones desde varios frentes. Los parlamentarios de la oposición la responsabilizaron de inflar la nómina de la Asamblea Nacional en sus años de la presidencia, incorporando a muchos de sus familiares directos en cargos importantes, y le enrostraron el comportamiento dispendioso y la vida de lujos que llevaban varios de sus allegados, hermanos y sobrinos.

El 11 de noviembre del 2015, en un operativo de inteligencia desarrollado por la DEA en Haití, fueron arrestados Efraín Campo Flores y Francisco Flores de Freitas, sus sobrinos, acusados de intentar ingresar ilegalmente 800 kilos de cocaína a Estados Unidos. El caso de los narcosobrinos, como se conoció el caso, se convirtió en un tema tabú en Venezuela y uno de los más incómodos para la dirigencia revolucionaria.

Nicolás Maduro y Cilia Flores en un desfile en Caracas, en 2017.

El escándalo se fue evaporando en la opinión pública gracias a la censura y la conflictividad política, pero se convirtió en una pesadilla familiar para la pareja presidencial. Ambos sobrinos fueron liberados por el Gobierno de Joe Biden en 2022, en el contexto del diálogo en Barbados. Aquella administración demócrata mantenía, junto a la oposición venezolana, una estrategia para intentar comprometer al chavismo con la celebración de unas elecciones presidenciales confiables y transparentes.

Como otros dirigentes conocidos del chavismo, Flores ha sido sancionada por varios países —Colombia, Canadá, Panamá y Estados Unidos— acusada de conspirar para socavar la democracia en Venezuela y de tener vínculos con algunos de los casos de corrupción de mayor impacto dentro del Gobierno. Flores lleva años negando ocasionalmente todos estos señalamientos, acusando a sus críticos de “mercenarios”; “lacayos del imperialismo” y parte de la “oposición pitiyanqui”, como tanto le gustaba decir a Chávez.

Cuando las polémicas en torno a su figura comenzaban a escalar, en pleno derrumbe socioeconómico del país, Flores decidió asumir un papel institucional, con un rol más apolítico y familiar junto a su esposo. Por un tiempo breve, Venezolana de Televisión transmitió un programa llamado En familia con Cilia, en el cual la dirigente se aproximaba a temas cotidianos, familiares y de la vida en sociedad.

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