Karent Hinestroza, actriz: “El cine latinoamericano limita mucho a mujeres que se ven como yo”
La protagonista de ‘María, la caprichosa’ celebra el éxito de la serie de Netflix -en el top 10 de 14 países- y reflexiona sobre lo rentable de narrar historias de personas afro


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Para que la serie María, la caprichosa llegara a Netflix, hubo un grupo de mujeres que fueron tejiendo el camino sin saberlo. La semilla fue la propia Pérxides María Roa Borja. Esta activista llegó en 1996 a Medellín, desplazada por la violencia de Apartadó, un municipio antioqueño, para trabajar como empleada doméstica en una ciudad clasista y racista. Allá, peleó por los derechos del colectivo hasta fundar la Unión de Trabajadoras del Servicio Doméstico (Utrasd) e impulsar la ley 1788, por la que las trabajadoras domésticas tienen derecho al pago de la prima. Tres décadas después, Paula Moreno escribió su historia en Soñar lo imposible, un libro que llegó a las manos de Karent Hinestroza (Timbiquí, 39 años) en 2023. Hoy es ella quien interpreta a Roa en una serie de 64 capítulos que está en el top 10 de 14 países del mundo, apenas un mes después de su lanzamiento.
La actriz colombiana achaca el éxito tan rotundo de la serie a su esencia rural y fidedigna de Colombia. “Es la representación del pueblo, de la mayoría de la gente del país. No tienes que ser afrodescendiente ni mujer para identificarte”, explica en una videollamada con EL PAÍS. Para Hinestroza, la popularización de la serie deja otro mensaje claro: “No es buen negocio dejar por fuera las historias afrodescendientes. La gente quiere ver las historias que nunca le habían enseñado”.
Hinestroza, protagonista en El vuelco del cangrejo y Chocó, es crítica con la industria del cine en la región latinoamericana, que considera estar “30 años atrás” en la representación de personas afrodescendientes, y reconoce que ha sido el racismo y la limitación del mercado lo que la llevó a mudarse a Washington. “El racismo en Colombia me ha saturado bastante”, explica. “Ser negra no es ser una sola cosa, es ser Michelle Obama, es ser mi mamá que es profesora, y mi tía que es empleada del servicio. (...) Pero el cine latinoamericano limita mucho a mujeres que se ven como yo”.
Pregunta. ¿Cómo fue conocer en persona a María Roa Borja?
Respuesta. Hablamos mucho, sobre todo cuando tocó interpretar las escenas más trascendentales, como cuando va al Congreso y habla para lograr la ley. En ese proceso para mí era muy importante conversar con ella y entender lo que había tratado de comunicarle al mundo. Siempre estuvimos en contacto para entender su verdadera esencia.
P. ¿En qué incidía ella en esas conversaciones?
R. Ella hacía hincapié en poner en el centro a las empleadas y que fueran vistas. Quería que se hablara de ellas como de cualquier otro trabajador. Su sabiduría va más allá de lo académico o lo técnico. Tenía una visión en la que creía, que siguió y que se le volvió realidad. Es una líder natural.

P. ¿Qué significa para usted que una serie como esta esté en el top 10 de al menos 14 países?
R. Ha sido una maravilla y una sorpresa para todos. Creo que el éxito se debe a que es la representación del pueblo, de la mayoría de la gente en Colombia. No tienes que ser afrodescendiente ni mujer para identificarte. Habla de perseguir un sueño y salir adelante. Un papá que representa muy bien a un papá del Pacífico colombiano, una mamá abnegada que ama a su familia, una María que, si bien es impulsiva y arrebatada, luego vuelve y se para… Colombia es pueblo y uno se va a identificar con ello.
P. También pone en el espejo a Colombia y el racismo… ¿Qué Colombia recibe esta serie hoy?
R. Cuando María logra empoderarse, veo a mucha gente que vibra y celebra. Pero también hay espectadores que se incomodan porque deja de ser una María de condiciones inferiores con la que muchos estaban cómodos. Ya es una María que se para en el Congreso a denunciar el racismo estructural y el maltrato doméstico. Es una voz que incomoda a muchos que dicen: ‘otra vez hablando de racismo’ o se preguntan: ‘¿y esta quién se cree?’. Ahí vemos cómo florece ese racismo que está muy dentro aún de la sociedad colombiana. Es mundial.
P. ¿Cree que por eso está siendo un éxito internacional?
R. Creo que hay algo que se ha subestimado y es la falta de representación afro en la televisión latinoamericana. Cuando te muestran una historia afrocolombiana, es solo sobre el narco o relatos estereotipados, pero no es buen negocio dejar por fuera las historias afrodescendientes. La gente quiere ver las historias que nunca le habían enseñado.
P. Usted vive desde hace años en Washington. ¿Cómo está viviendo la era del ICE y de Donald Trump?
R. Se siente fuerte para todos y uno se la pasa frente a la pantalla llorando. Pero, afortunadamente, Washington es demócrata y le sigue perteneciendo a la gente.

P. ¿Pesa demasiado a veces el activismo antirracista?
R. Los afroamericanos deberían ir a Latinoamérica a descansar de algunas cosas y viceversa. Washington me ha sanado, es un distrito muy negro y mi humanidad es respetada donde quiera que yo camino. Sé que es paradójico porque es en el Estados Unidos de Trump, pero en Colombia no tienes nombre; donde quiera que caminas, eres el negrito. Y es mi país y lo amo, pero el racismo en Colombia me ha saturado bastante. Empecé con el activismo desde la universidad y llegó un momento en que tenía que vivir. Hablo cuando toca hablar, pero no me posiciono todo el tiempo porque, si bien es importante, también puedo vivir en un mundo en el que soy respetada. Aquí no tengo que estar en activismo todo el tiempo.
P. Usted es ahora el referente de miles de niñas...
R. Ese es el objetivo. Inspirar. Generar emociones en la gente. Mi sobrina salta frente a la televisión cuando salgo a interpretar a una mujer que se para en el Congreso, que habla cosas dignas, que hace lo correcto, que se ve como ella, que se viste sin parecerse a nadie… Todo ello es hermoso.
P. En todos los papeles que conocemos suyos hay un mensaje político. ¿Desecha muchos otros papeles que encierran a los cuerpos negros en estereotipos?
R. Me siento muy afortunada de haber tenido oportunidades, pero sí. Para serte sincera, esa es la razón por la que me radiqué fuera de Colombia. Me empezaron a llegar personajes con el mismo perfil que rechacé varias veces. Yo soy licenciada en Arte Dramático, he escrito sobre teatro, con una tesis destacada… Yo quiero ser una actriz que interprete muchos personajes. Las personas negras somos muchos personajes. Ser negra no es ser una sola cosa, es ser Michelle Obama, es ser mi mamá que es profesora, y mi tía que es empleada del servicio. El cine latinoamericano limita mucho a mujeres que se ven como yo.
P. ¿Y la industria lo está viendo?
R. Creo que sí, porque Estados Unidos marcó un referente muy importante. Y las películas africanas igual. En Latinoamérica estamos 30 años atrás en la representación de personas afrodescendientes en la pantalla, pero se va abriendo el camino. Antes se decía que no ponían negros porque no venden, y los hechos demuestran lo contrario. El público lo está pidiendo.
P. ¿De qué otra lideresa afrocolombiana habría que hacer una serie en Netflix?
R. Se me vino una persona a la cabeza y no significa que sea políticamente afín a ella, pero pensé en Piedad Córdoba. Fue una mujer que hizo su parte, fue controversial… Yo la escuché en Cali muy jovencita y cogió ese micrófono y el corazón me fue más rápido. Tenía un poder con la palabra increíble, me generó mucha admiración en ese momento.
P. ¿La interpretará usted?
R. (Risas). Me postulo.
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