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Natalidad
Columna

La cigüeña ya no trae niños de París

Debemos ponerle atención a que las expectativas de vida se acercan a los ochenta años y de acá se desprendan nuevas complicaciones

Una pareja camina con su mascota. Westend61 (Getty Images/Westend61)

Hace 25 años, el problema de la natalidad era su exceso. Según el periódico El Tiempo, “América Latina en 2011 teníamos el más alto índice de crecimiento de la población entre los cinco continentes. El dato es el resultado de un informe de la federación Internacional de la Planificación Familiar. Colombia se situó en el décimo renglón en la lista de las naciones más fecundas del mundo. Solo Kenia, Rodesia, Kuwait, Jordania, Tailandia, Filipinas, Islas Gilberts, México y Honduras están por encima nuestro”. Ahora el grito está puesto en el cielo porque la cigüeña se aburrió de traernos niños de París.

Eso de tener hijos no está de moda. Ahora se prefiere tener perros, cuando lo lógico es tener de ambos: los niños y los perros se la llevan primorosamente. Ahora el columnista Enrique Santos Calderón sostiene que la alarma por la caída de la tasa de natalidad en Colombia que en 2024 fue la más baja en los últimos años.

No crecer resulta lo menos deseable y es lo que está pasando. Estamos cerca de llegar a una inflexión demográfica a partir de la cual entraremos en un proceso irreversible de decrecimiento poblacional. Pasamos de ser una nación de jóvenes a un país de pensionados.

Las políticas de estimular la natalidad como la promovida en Francia fueron exitosas. Se estima que la tasa deseable es 2,2 dos hijos y en Colombia tenemos 1,1 hijos por mujer, lo cual se tradujo en una reducción de nacimientos del 31%. Los efectos económicos demográficos son complicados y no se ve cómo solucionar el problema. Convencer a los jóvenes de tener hijos requiere políticas públicas de estímulos atractivos que hoy no existen. El exministro Alejandro Gaviria considera que las parejas tienen el deseo inicial de tener hijos, pero al ver que las que están a su alrededor no los tienen, desisten.

El presidente Alfonso López Michelsen sostuvo, al entrar el siglo XXI, que la característica más sobresaliente de la nueva centuria sería la de que el matrimonio dejaría ser un sacramento para tener hijos por un mecanismo para vivir juntos. Acertó en su presagio.

Los estímulos más llamativos son los que significan no salir del mercado laboral con apoyo del sector privado de promover las licencias de maternidad, ni incurrir en costos imposibles lo cual conduce a tener un segundo hijo.

Los riesgos de no ponerle bolas al problema, no intervenir, acomodarse a convivir con el tema y resignarse a que las cosas sigan como vienen, nos puede conducir a una emergencia en la que no haya recursos para sostener a los viejos.

Los candidatos a la presidencia no le han metido mordisco al tema y más vale ponerle atención a una preocupación que está sobre el tapete y que puede convertirse en un obstáculo insuperable. Debemos ponerle atención a que las expectativas de vida se acercan a los ochenta años y de acá se desprendan nuevas complicaciones. Es increíble, pero necesitamos más hijos.

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