Las claves sobre los precios de la gasolina en Estados Unidos: qué está pasando y hasta dónde podrían subir
Aunque el país produce más petróleo del que consume, los precios internos siguen dependiendo del mercado internacional


El impacto global de la guerra en Irán ha causado que el precio de la gasolina en Estados Unidos haya vuelto a superar los 4 dólares por galón en promedio por primera vez desde 2022. Desde finales de febrero, cuando comenzó el conflicto, los precios han subido más de 30%, reflejando un shock energético que ya afecta no solo a los conductores, sino a toda la economía.
El detonante principal ha sido la disrupción en el suministro mundial de petróleo, especialmente por las tensiones en el estrecho de Ormuz, una ruta clave por la que normalmente circula cerca del 20% del crudo global. La caída del tránsito de buques, los ataques a infraestructura de extracción y almacenamiento y la incertidumbre sobre la duración del conflicto han empujado los precios del petróleo por encima de los 100 dólares por barril, trasladando rápidamente ese aumento a las gasolineras que venden combustible refinado a partir del petróleo.
A partir de este contexto, surgen varias preguntas clave.
¿Por qué está subiendo la gasolina?
El aumento responde principalmente a factores globales. Aunque Estados Unidos produce más petróleo del que consume, los precios internos siguen dependiendo del mercado internacional.
Cuando el suministro mundial se reduce o se vuelve incierto —como ocurre con la guerra en Irán— los precios del crudo suben, y con ellos, la gasolina. Además, existe un desfase: los precios en las estaciones suelen reaccionar días después de los movimientos del petróleo, lo que sugiere que aún podría haber más aumentos.
También influye la demanda estacional, como los viajes de primavera, y el encarecimiento del diésel, que ya supera los 5 dólares por galón y afecta el transporte de mercancías.
Si Estados Unidos produce petróleo, ¿por qué depende de la crisis global?
Aunque el país es un exportador neto de petróleo, no es completamente autosuficiente en términos de refinación.
Gran parte del petróleo que produce es ligero, mientras que muchas refinerías están diseñadas para procesar crudo pesado, que se importa principalmente de Canadá y México. Adaptar la infraestructura para usar solo petróleo nacional costaría miles de millones de dólares y tomaría décadas.
Por eso, incluso sin depender directamente del petróleo que pasa por el estrecho de Ormuz, el mercado estadounidense sigue siendo vulnerable a cualquier interrupción global.
¿Hasta dónde pueden subir los precios?
Las previsiones apuntan a que los precios podrían seguir aumentando si el conflicto se prolonga.
Analistas estiman que, por cada incremento de 10 dólares en el precio del barril, la gasolina podría subir entre 10 y 40 centavos por galón. En escenarios más extremos, si la guerra se intensifica o el suministro sigue restringido, el petróleo podría alcanzar los 200 dólares por barril, lo que llevaría la gasolina hasta los 7 dólares por galón. Incluso en escenarios más moderados, ya se advierte que los precios podrían acercarse o superar los 5 dólares en el corto plazo.
¿Por qué los precios varían tanto entre Estados?
No todos los conductores pagan lo mismo. En Estados como California, el precio ronda los 5.80 dólares por galón, mientras que en otras regiones se mantiene por debajo de 3.50.
Las diferencias se explican por varios factores: impuestos estatales, costos de transporte, acceso a refinerías, regulaciones ambientales y condiciones del mercado local. Por ejemplo, California utiliza una mezcla especial de gasolina más costosa y tiene impuestos más altos, lo que eleva significativamente el precio final.
¿Qué impacto tiene el diésel en la economía?
El diésel juega un papel clave porque alimenta camiones, trenes y maquinaria agrícola. Su aumento —más de 40% desde el inicio de la guerra— podría trasladarse a los precios de alimentos, envíos y bienes en general.
Economistas advierten que este efecto en cadena podría impulsar la inflación en los próximos meses, encareciendo desde productos básicos hasta servicios.
¿Sirve bajar los impuestos a la gasolina?
Ante el alza de precios, algunos Estados han considerado suspender temporalmente los impuestos al combustible. Sin embargo, la evidencia sugiere que el impacto en los consumidores podría ser limitado.
Esto se debe a que el precio final depende de múltiples factores, como el costo del petróleo y los márgenes de distribución. Además, eliminar estos impuestos implica menos ingresos para infraestructura, como carreteras y puentes. Por eso, algunos gobiernos consideran que la medida es poco efectiva frente a un problema global.
¿Qué puede pasar en los próximos meses?
El futuro de los precios depende casi por completo de la evolución del conflicto. Si el flujo de petróleo a través del estrecho de Ormuz se restablece, los precios podrían estabilizarse o incluso bajar hacia finales de año.
Sin embargo, si la guerra se prolonga o se intensifica, el mercado energético seguirá bajo presión. En ese escenario, los consumidores podrían enfrentar no solo gasolina más cara, sino un aumento generalizado en el costo de vida.
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