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El elenco de ‘Hacks’ dice adiós entre carcajadas y lágrimas: “Ahora hay papeles más interesantes para mujeres que no tienen 25 años”

La serie protagonizada por Jean Smart y Hannah Einbinder se despide con su quinta temporada: “El proceso creativo es algo que no necesitamos optimizar con IA”

Jean Smart, en la quinta temporada de la serie 'Hacks'.

Hace ya cinco años que la superioridad moral y la afilada lengua de Deborah Vance cruzaron su camino con la vulnerabilidad y las ganas de comerse el mundo de Ava Daniels. Con idas y venidas, amores y odios, como si de un romance se tratara, o quizá, simplemente, como la vida misma, las andanzas de las dos protagonistas de Hacks se han ido entrelazando a lo largo de cinco temporadas hasta decir ahora, y parece que para siempre, adiós. HBO Max ha estrenado la quinta y última temporada de su multipremiada comedia, que les ha dado a sus dos principales actrices, Jean Smart y Hannah Einbinder, un empujón en sus carreras, en muy distintas etapas vitales (con 74 y 30 años), junto a un enorme reconocimiento por parte del público y la crítica. Normal que, al empezar su despedida, no puedan evitar las lágrimas.

Pero esto es Hacks, y el llorar y el reír van de la mano. A finales de marzo, en un hotel de Los Ángeles, el elenco y los creadores de la serie se juntaban para el que ha sido el principio del final: la rueda de prensa de esta quinta temporada. Sin prisa, durante más de 45 minutos charlaron con la prensa presente —entre ella, EL PAÍS— y desgranaron sus sentimientos, pero también algunos detalles de cómo acabará la serie. Algunos tan divertidos que prefieren mantener en secreto; otros, que no les queda más remedio, porque todavía estaban terminando la edición del último episodio.

Sus creadores, guionistas y directores, Jen Statsky, Lucia Aniello y Paul W. Downs, junto a las actrices Megan Stalter y, por supuesto, Smart y Einbinder, hablaron del duelo que les ha supuesto tener que decir adiós a sus creaciones (“cada uno estamos teniendo diferentes reacciones”, comentaba Aniello) y lo que no querían que faltara en esta última temporada. Por ejemplo, han rodado en París, confiesan. “Siempre hemos querido hacer algo como una convención de autógrafos, un show estilo Hollywood, la noche de las mil estrellas”, reía Downs, que además de cocreador de la serie interpreta al manager Jimmy LuSaque. Pero prefieren guardar algunos secretos para que el público pueda reír a carcajadas, sin espóilers.

La quinta y última temporada, explican, será más divertida y luminosa. “La cuarta fue un poquito oscura”, reconoce Smart. “Me preocupaba que la gente me odiara”, ríe, “porque se preocupan mucho por nuestra relación, siempre nos acompañan. Pero en la quinta volvemos a ser profundamente absurdos, lo que es muy, muy divertido”. “Y también está bien que volvamos a estar en el mismo equipo”, replicaba Einbinder sobre la dinámica de las dos protagonistas, que pasan del enfrentamiento a la hermandad, a veces, sin solución de continuidad. “Creo que es muy divertido para nosotras. Tenemos nuestras discusiones a lo largo de todo el proceso, claro, que también disfrutamos”. Para ella, todos esos retos la empujan a “alcanzar nuevas cotas en cuanto a interpretación, y eso es muy estimulante y emocionante”. Durante toda la conversación, interrumpida por sus risas y sus lágrimas, los “gracias” fueron una constante, de actores a los creadores, y viceversa.

Otra de las cuestiones en la que profundizaron fue la aparición de la inteligencia artificial, que tiene una aparición en esta temporada. “Creo que intentamos que esta serie sea muy realista”, arrancaba Downs. “Y, de igual manera, creo que siempre queremos reflexionar sobre lo que está pasando en la cultura, en nuestras vidas. Y nos llena de orgullo no dar por sentada la plataforma que tenemos y querer hablar de lo que está pasando. Porque la verdad es que creo que, cuando uno ríe, eso lubrica tu forma de pensar. Tu mente se abre cuando te ríes. Puedes cambiar tu punto de vista”. Downs explicaba que, a menudo, exploran temas y conversaciones desde esos distintos puntos de vista para permitirle que el espectador tome su propia decisión sobre cómo se siente con respecto a ciertos temas. Pero no fue así con este asunto. “Obviamente, en cuanto a la trama de la IA, tenemos una opinión muy concreta al respecto. No la dejamos abierta porque creemos que el proceso creativo es algo que no necesitamos optimizar. Es una de esas cosas en las que pensamos: ‘Por favor, dejadlo’. Hay muchas cosas que podrían hacerse, pero mejor no vayamos ahí”.

“Hay una presión enorme por parte de la tecnología para optimizar cada aspecto de nuestras vidas”, retomaba Jen Statsky, cocreadora de la serie junto al matrimonio Downs-Aniello. “Puedes hacerlo todo mejor: puedes dormir mejor, caminar mejor, pensar mejor... ¿A qué precio? ¿Hasta qué punto, hasta dónde estamos dispuestos a llegar? No hace falta optimizarlo todo porque la determinación y el esfuerzo forman parte de ello. Es parte del proceso creativo. Es lo que hace que las cosas sean buenas, humanas", reflexionaba, preguntándose exactamente a quién beneficia eso: “A quien saca dinero de ello. Nunca beneficiará al artista, al productor, al arte de contar historias. Así que, que le den, es malísimo, así nos sentimos”, afirmaba, alabada por su equipo. “Y sí, hay muchas maneras en las que la IA puede ser de gran ayuda, en medicina, cosas así. Pero el problema es que en la sociedad en que vivimos solo expulsa a la gente de sus trabajos, hace a los ricos más ricos y todos los demás sufren. Ojalá estuviera en mejores manos, pero no. Y hasta que haya guardarraíles, mecanismos para pararlo y proteger a la humanidad, el arte y las vidas de la gente, no es buena”.

“Es un tren sin cinturones”, remachaba Aniello. Jean Smart afirmaba que es difícil saber qué es cierto y qué no, qué creer de lo que se escucha y se ve, que le preocupa cómo afecta a la imaginación. Y Hannah Einbinder, encendida, afirmaba, entre su propio enfado y las risas de los demás: “Y todo es porque la gente que hace esto son unos perdedores. No son artistas, ni creativos. Lo único que han querido en sus vidas es ser especiales y no lo son, así que intentan robarnos nuestros dones a la gente creativa. ¡Pero no podéis! Aunque lo intentéis, nunca seréis guays. Sois horribles, nadie os quiere, solo se os acercan porque quieren poder y acceso más allá de estándares éticos. Sois perdedores”.

Deborah Vance, diva e icono televisivo

El personaje de Deborah Vance, interpretado por Jean Smart, ha liderado la serie, convirtiéndose en apenas cinco temporadas en un clásico de la televisión y ella, en una actriz de nuevo reconocida en esta etapa de su vida, tras su paso por Chicas con clase, Frasier, hace un cuarto de siglo, o 24. Vance le ha regalado cuatro Emmys (uno por temporada), tres Globos de Oro (de cuatro nominaciones), premios del sindicato de actores, de los críticos o, en 2022, la estrella en el Paseo de la Fama. Y todo por interpretar a una mujer, una diva clásica, que ha perdido el paso para el gran mundo del entretenimiento, pero está decidida a buscar otros caminos. Reflexionando sobre ello, Smart afirmaba: “Sobre nuestra industria, creo que atravesamos una época realmente extraña y convulsa, en la que las grandes corporaciones están tomando el control y llevando la batuta, y lo cierto es que da bastante miedo”. “Tengo un socio productor, y hablando de un proyecto tuvimos que parar y pensar: ‘Sí, pero, ¿esto lo aceptarían los poderes más conservadores?’. Cosas así. Es una época muy extraña". Para ella, además, la quinta y última temporada es un momento donde “por primera vez” se ve a su protagonista, “aunque sea momentáneamente, absolutamente derrotada” “Pero luego se recupera y eso la lleva de vuelta a donde quiere estar, a perseguir lo que quiere”.

“Estaré eternamente agradecida por los papeles de estos últimos años, de esta década”, reconocía, explicando cómo todo empezó a mejorar para ella cuando interpretó a la primera dama de EE UU en 24, en 2006. “Creo que ahora hay papeles más interesantes para mujeres que no tienen 25 años”, aseguraba. “Los hombres siguen dominando en todas las películas, hay 10 hombres por cada mujer. Pero solían escribirse historias sobre hombres porque eran ellos los que salían al mundo a hacer cosas”, reflexionaba. “Y empezaron a darse cuenta de que algunas mujeres siempre habían estado ahí haciendo cosas, y a escribir sobre mujeres más bien inusuales, rebeldes, adelantadas a su tiempo. Se están dando cuenta de que las mujeres pueden ser igual de tridimensionales, y de que las mujeres mayores pueden tener el mismo tipo de vidas y deseos que las mujeres de 30 años. Y están empezando a aprovecharlo”.

La serie así lo ha demostrado, de ahí que el adiós, temprano para muchos, en el pico de su éxito, haya sido difícil de gestionar. Reconocía Smart que le fue complicado ir despidiéndose de los decorados, de su casa en la ficción —para la que copiaron una lujosa mansión de la urbanización angelina de Bel Air—, de su dormitorio, de la cocina... “Me dejaron robar pequeños souvenirs de cada set”, confiesa. Megan Stalter reconoce que lo pasó realmente mal al terminar de rodar, que no podía parar de llorar. Y Hannah Einbinder, que ni siquiera ha terminado de procesar que es el final. “Para nosotros son como personas reales”, reflexionaba, emocionada. “Decirle adiós a Ava, a la que no conozco, es raro. Guardo su ropa, y es gracioso. Es como si me pusiera la camiseta de una amiga”.

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