‘Harry Hole’, alcoholismo, misoginia y crímenes en Noruega
La mayoría de los ciudadanos del país nórdico vive muy bien y, sin embargo, el desconsuelo es la atmósfera predominante en sus producciones audiovisuales como esta de Netflix


Si quedaba alguna duda entre la relación del nivel económico de un país y el grado de tristeza y depresión que domina en buena parte de sus producciones televisivas, la serie noruega Harry Hole la aclara y ratifica definitivamente.
Algunos datos económicos: el Producto Interior Bruto per cápita en Noruega fue de 83.950 euros en 2025 y en el ránking de PIB por persona ocupa el puesto número siete, de entre 196 países. Dicho de otra manera: la mayoría de sus ciudadanos viven muy bien y, sin embargo, el desconsuelo es la atmósfera predominante en sus producciones audiovisuales.
Harry Hole, el protagonista que da título a la serie que exhibe Netflix en su primera temporada, basada en una de las novelas policíacas de Jo Nesbø, escritor de ventas multimillonarias y decenas de traducciones que, además, es el líder y cantante del grupo de rock Di Derre y uno de los guionistas, es un inspector de la policía criminal de Oslo que tiene un serio problema de alcoholismo, problema que le costó su matrimonio, una compleja relación con su adolescente hija y el desprecio de la mayoría de sus colegas. Y, como al parecer las desgracias nunca vienen solas, a nuestro alcoholizado inspector le asignan un compañero, el inspector Tom Waaler, probablemente uno de los policías más corruptos de Oslo, con el que tendrá que perseguir a un asesino en serie que está sembrando el caos en la muy rica capital noruega con sus criminales rituales misóginos, al mismo tiempo que investigará en el quehacer oculto de su compañero, del que sospecha lidera una red criminal inmersa en la propia policía de la capital.
Y si cabe aceptar la posible relación entre riqueza y depresión, lo que es seguro es la dificultad de trasladar las sensaciones personales al contemplar una serie al lenguaje escrito. Crímenes, corrupción, alcoholismo…, se pueden citar los hechos, sí, pero también hay un ritmo narrativo muy correcto de Oystein Kaizen y Anna Zackrisson, sus directores, una excelente interpretación de sus protagonistas Tobias Santelmann y Joel Kinnaman, una fotografía adecuada a la trama, un ambiente en general que cada espectador valorará de distinta manera y de difícil traslación al mundo de Gutenberg.
En fin…Para terminar nada mejor en estas fechas que citar al estupendo y lamentablemente desaparecido Antonio Gasset: “Les deseo que pasen una buena semana, sea lo que sea que hayan decidido hacer, incluso si es de Nazareno autoflagelante”.
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