‘Un hombre mejor’: cambiar de opinión es fácil si sabes cómo
La violencia sexual, la soledad, la identidad masculina, la empatía entre géneros, los roles sociales y en casa, el lugar de la comedia y la posibilidad de redención forman parte de esta miniserie noruega


Mucha gracia hizo, la semana pasada, entre cierto sector de la población, la encuesta que señala que alrededor de un 51% de los jóvenes varones entre 15 y 29 años ven el feminismo “como una herramienta de manipulación política”. Ah, a los jóvenes no se la dais con queso, oportunistas insinceras, ¡estáis creando justo lo contrario de lo que pretendéis!, se regocijaban. Todo, todo, todo es culpa vuestra. Qué movimiento incel ni qué ocho cuartos. Si acaso, esos discursos son también vuestra responsabilidad: mirad lo que nos hacéis decir.
Por supuesto, el problema de fondo no va con ellos: las más de 1.350 víctimas mortales a cargo de la violencia de género en España desde 2003 y las 14 violaciones denunciadas al día, menos del 20% de las que se producen, deberían bastar para acallar esa soberbia. Pero acaban sirviendo para señalar de nuevo al feminismo: vosotras sabréis qué estáis haciendo mal. O para demonizar a la inmigración, una manipulación política de la que la encuesta no habla.
De este numeroso grupo acostumbrado a escrutar el dedo violeta en lugar de mirar a la luna de sangre forma parte Tom, el protagonista de Un hombre mejor, miniserie noruega que acaba de llegar a Filmin. Tom es un tipo solitario que pasa sus días troleando en redes sociales. Sus problemas personales los arrincona arrimando el ascua de la misoginia online a su sardina. Hasta que amenaza, a través de un perfil con pseudónimo, con violar a una conocida cómica feminista de su país y unos hackers acaban haciendo pública su identidad. Es difícil seguir hablando de la serie sin revelar detalles importantes de su trama, pero no les haré grandes estropicios.

La violencia sexual, la soledad, la identidad masculina, la empatía entre géneros, los roles en casa, el lugar de la comedia y la posibilidad de redención forman parte de una miniserie en la que el arco de todos sus personajes protagonistas los lleva a cambiar de opinión. Quizá se la puede tildar de naif por ello. En cualquier caso, su valor radica en sus grises y en el caldo de cultivo que planta para crear conversación. Me ha gustado que su emisión en España coincida con el final de la trama de The Pitt en la que la enfermera Dana —diosito la bendiga— tiene que atender a una víctima de una violación. La ficción nos habla, pero no todo el mundo quiere escuchar.
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