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Columna

Manual para fomentar la crispación

El odio ya no se puede combatir con argumentos y a veces contra la estupidez solo se puede luchar con una estupidez mayor

Un momento de la conexión de 'La revuelta' con el cirujano Diego González Rivas desde Kabul.

“Nos equivocamos” es una frase que se escucha poco en televisión; la pronunciaron el martes en La revuelta para disculpar que durante su conexión desde Kabul con el cirujano González Rivas no se mencionase la situación de las mujeres afganas. La acompañaron, además, con la presencia de una especialista en el tema que explicó la condena que sufren esas esclavas del burka de tela y el de piedra, las casas de las que apenas salen si no es acompañadas por un hombre. Un horror que parece que a nadie le importa ya demasiado, pero, sorpréndanse, ¿saben a quiénes sí les preocupan muchísimo las mujeres con burka? Al partido de la España que madruga, como les gusta denominarse —aunque yo personalmente preferiría al partido de la España que siempre quiere dormir cinco minutitos más—.

Les consterna tanto, pero por razones equivocadas, que en Gijón acaban de proponer la prohibición del velo integral en los edificios públicos. Por seguridad, no los vayan a malinterpretar. Lo lógico habría sido que los medios que recogieron la iniciativa les hubiesen planteado si realmente es ese y no el precio de la vivienda o las infraestructuras el principal problema de la ciudad, pero eso es aburrido, no da visitas y no ayuda a tener más publicidad. Podrían haber sido responsables y no encender una llama sabiendo que aquello apestaba a gasolina, pero no; como les encanta el olor a clickbait por la mañana, llenaron sus digitales de encuestas sobre la idoneidad del asunto. Como era esperable, recibieron miles de comentarios; un pantonario completo de xenofobia, racismo e intolerancia. Algunos apelaron a la necesidad de liberar a esas mujeres, que supuestamente atiborran los edificios municipales, de esa cárcel textil y unos pocos señalaron lo obvio: en la ciudad no hay una sola mujer que utilice velo integral.

Los representantes de la izquierda, una vez más, reaccionaron de forma equivocada. Entraron al trapo de lo que solo es odio disfrazado de “sentido común” y convirtieron una ocurrencia en un debate político. Imagino que piensan, ilusos, que evidenciando la intolerancia que supura la propuesta, iban a desmontarla, sin reparar en que los votantes de ese partido son intolerantes. ¿Qué les importa? Habría sido mucho más práctico certificar la estupidez de la ocurrencia. Por ejemplo, ofrecer a quien encuentre un burka en la ciudad —con fines religiosos, no carnavalescos— una vivienda a pie de playa o un millón de euros. El odio ya no se puede combatir con argumentos y a veces contra la estupidez solo se puede luchar con una estupidez mayor.

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