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‘50 segundos: el caso Fernando Báez Sosa’, un documental para el crimen en manada que estremeció a Argentina

La serie de Netflix explora las consecuencias de la paliza grupal a la salida de una discoteca que mató a un joven de 18 años

Noelia Ramírez

La madrugada del 18 de enero de 2020, Fernando Báez Sosa fue asesinado a golpes en Villa Gesell, una especie de Benidorm argentino donde salir de fiesta es barato y los adolescentes suelen ir de vacaciones cuando acaban el instituto. Tenía 18 años. Lo pateó un grupo de ocho chavales en manada sobre las cuatro de la mañana. “Peleamos y ganamos, nos vamos al centro a premiar”, escribió uno de los asesinos en su chat grupal tras abandonar el cuerpo inconsciente y sin vida, dividirse y evitar a las patrullas de policía dándose consejos por audios y mensajes en su grupo de WhatsApp. Algunos volvieron a la casa vacacional que compartían abrazados, como si hubiesen vivido una juerga épica. Otros se fueron a comer, entre risas, a un McDonald’s cercano que abría toda la noche.

El asesinato fue presenciado por múltiples testigos y grabado por varios móviles desde distintos ángulos, lo que propició que, en unas horas, fuese el hecho más comentado en las redes y los medios de comunicación argentinos en un loop infinito en el que Fernando nunca dejaba de morir. El caso se convirtió en un serial con titulares nuevos cada día y miles de personas se concentraron frente al Congreso pidiendo justicia. El juicio, que se celebraría tres años después, acabaría con cinco condenados a cadena perpetua y otros tres condenados a 15 años de cárcel por ser considerados partícipes secundarios. La mayoría de los condenados pertenecía al club de rugby Náutico Arsenal de Zárate, lo que propició que a este caso se le conozca como “el crimen de los Rugbiers”. Un asesinato a patadas que tardó 50 segundos en llevarse a cabo.

Así, 50 segundos, se llama el documental que recoge esta historia. Durante tres episodios, esta producción de Netflix y Fábula —la productora chilena de los hermanos Pablo y Juan de Dios Larraín— no solo reconstruye todo lo que ocurrió desde aquella madrugada hasta el juicio de 2023. También resignifica y contextualiza los hechos por su acceso total a los implicados. Aquí hablan los padres y amigos de Fernando, varios acusados y sus familiares, abogados de las dos partes, policías que llevaron el caso y hasta distintos periodistas que cubrieron un crimen que puso sobre la mesa una conversación pendiente que no solo es oportuna en Argentina.

“No quiero decir que esté bien, pero tenemos normalizado que la gente se pelee en las discotecas. En mi época sucedía y es algo que sucede cada fin de semana en muchos países. Creo que no hay una conciencia real de todo lo que puede pasar ahí, sobre todo cuando todo el mundo está alcoholizado. Una club es como un campo minado”, aclara frente a un agua con gas en un bar del Eixample barcelonés el director de 50 segundos, Martín Rocca.

Tras participar en el documental Kun por Agüero (Disney+, 2025) o Nisman. El fiscal, la presidenta y el espía (Netflix/ZDF, 2020), Rocca, nacido en Madrid pero criado en Argentina e instalado en Barcelona desde 2010, decidió encarar el proyecto cuando Alejandra Sarmiento, productora de Netflix, le ofreció la posibilidad de dirigir la no ficción sobre uno de los casos más polémicos de la última década en Argentina. “Cuando encaramos el desarrollo nos dimos cuenta de que aquí había una oportunidad de contar una historia de gente joven contada por gente joven y para gente joven; pero el documental también muestra a dos grupos de amigos que creían que iban a vivir ese verano increíble que todos, más o menos, hemos experimentado. Es universal irte de vacaciones con tus amigos en algún momento de tu vida, tengas más o menos dinero. Es un viaje para sentirte libre, para creer que te puedes comer el mundo. En ese momento puede que no seas consciente de los riesgos que tengan tus acciones”.

Ver 50 segundos no solo lleva al espectador a ser consciente de cómo la vida te puede cambiar en menos de un minuto. Aquí se exhiben los afinados mecanismos de coordinación que operan en la violencia masculina en grupo y las amargas consecuencias de una sociedad que se niega a afrontar el haber normalizado que las broncas de fiesta entre hombres jóvenes sirvan como ritual de paso a la adultez. Porque no era la primera vez que los acusados del crimen de Fernando buscaban pelea. En sus chats alardeaban de ellas, las anhelaban. Estaban tan normalizadas en su dinámica de grupo que hasta el abogado defensor usó esa violencia habitual para intentar probar que ellos se pegaban casi por deporte, pero no para matar.

“Creo que ellos se peleaban como parte de su rutina, pero sigo pensando que no eran realmente conscientes de las consecuencias en la vida real hasta que pasó esto. Y todavía siguen sin serlo. Las consecuencias, para ellos, es que terminaron presos”, zanja Rocca sobre esa absurda prueba de masculinidad entre chavales que se apoyan, se quieren y se admiran en grupo, capaces incluso de patear unidos a otro ser humano hasta matarlo.

La gran pregunta, según Rocca, es cómo puede ser que haya pasado esto. “Es algo que te invade según avanza la historia: cómo puede ser que haya pasado el momento del ataque, cómo puede ser cuando se ponen a mensajearse diciendo que Fernando “caducó”. Lees esos textos y piensas: ‘¿Son conscientes de lo que están hablando o no?’ Porque esa duda te asalta. No puede ser que no sepan lo que hicieron pero, al mismo tiempo, están en negación constante, como un avestruz que se esconde y mete la cabeza bajo tierra”.

Tras haber alcanzado la lista de lo más visto de la plataforma en países como Argentina, España o Estados Unidos, su director agradece que el documental haya servido para abrir más conversaciones más allá del crimen de Fernando. “Todo el mundo con el que hablas de este caso te empieza a contar cosas que les pasaron a ellos, o a sus amigos o familiares. El crimen de Fernando abre una puerta a entender las consecuencias de una violencia que tenemos o hemos tenido muy cerca. A todas esas experiencias que nos remiten a momentos en los que quizás vimos que la vida es más frágil de lo que pensamos”.

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Noelia Ramírez
Periodista cultural. Redactora de S Moda desde 2012 y forma parte del equipo de Cultura desde 2022.
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