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España persigue la soberanía espacial con el desarrollo de sus propios cohetes

Las empresas del sector destacan el hito, pero vinculan la ansiada autonomía con la cooperación europea

En primer plano, la zona de carga del lanzador español de PLD Space 'Miura 5'. El cohete está en su fase de preparación para ser trasladado a la Guayana Francesa, desde donde prevé despegar este año.PLD SPACE

Si se cumplen los planes de la empresa ilicitana PLD Space con su primer cohete de demostración Miura 5, que despegará en la segunda mitad del año desde Kourou (Guayana Francesa), España podrá alardear de formar parte de la decena de países con soberanía espacial, entendida esta como la capacidad técnica de lanzamiento, despliegue y control de satélites en órbita sin dependencia externa. Pero representantes del sector aeroespacial, aunque admiten que se trata de un hito significativo por la independencia en seguridad, vigilancia, seguimiento y telecomunicaciones, consideran que tiene que ser un objetivo vinculado a la cooperación europea.

De entrada, España carece de un puerto espacial como el de la Agencia Espacial Europea (ESA) que gestiona y opera el consorcio Arianespace en Kourou: Centre Spatial Guyanais (CSG). Al margen de las plataformas de prueba, como la del Inta (Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial) en España, desde donde voló el primer prototipo de Miura, un complejo como el de Guayana supondría un coste elevado y un rendimiento menor. El centro supuso una inversión de casi 400 millones de euros hace medio siglo, se lleva más de 100 millones anuales de mantenimiento y solo las instalaciones para la última generación de cohetes han supuesto más de 2.500 millones.

Louis Laurent, jefe del programa Ariane 6, el mayor lanzador de la ESA, defiende las instalaciones en el continente americano: “Estar cerca de la órbita ecuatorial supone un 30% menos de costes y un mayor rendimiento de las operaciones. Es una ventaja. Además, aquí disponemos de una zona litoral sin grandes núcleos urbanos, lo que permite operar con mayor seguridad. Está lejos de Europa, pero esta desventaja la suplimos con innovaciones logísticas”.

Una de estas “innovaciones logísticas” es el Canopée, un velero de 121 metros de eslora en forma de bañera gigante con mástiles desplegables a babor y estribor creado específicamente para el transporte de los componentes de los cohetes desde Europa a Kourou. “Solo necesita 11 tripulantes y el ahorro de combustible es del 30% con respecto a un transporte marítimo convencional”, explica Éric Le Nechet, director de Ariane Group Transport.

El resto lo tiene España. Rafael Verdú, uno de los fundadores de PLD Space y director de Desarrollo de Negocio, asegura que la primera unidad del Miura 5 llegará a la Guayana Francesa a principios de verano. “Es vital poder hacer las demostraciones este año porque en el 2027 ya tenemos vuelos comerciales y estamos preparando ya las misiones de nuestros clientes”, explica. Se trata del acuerdo firmado con la también española Sateliot, operador de telecomunicaciones satelitales que trasladará a la órbita baja en un Miura sus dos primeros satélites Tritó, de unos 160 kilos y cuatro metros de envergadura cada uno, y los desplegará para un servicio 5G D2D (Direct to Device) de altas capacidades.

El primer vuelo de este año será de demostración. “Se trata de asegurarnos de que todo funciona bien y corregir y rectificar. Como en los entrenamientos de la Fórmula 1”, explica Verdú. También servirá para empezar a probar los sistemas que permitirán en un futuro (“dentro de dos, tres o cuatro años”) recuperar los lanzadores para reutilizarlos.

El cofundador de PLD Space cree que el pasado lanzamiento del primer Ariane 6-4 a principios de febrero y programas como el español acaban con el considerado como “invierno espacial” europeo: “No ha sido por culpa de falta de capacidad técnica o económica, sino por la complejidad de los programas. Ahora, la llegada de nuevos jugadores [empresas emergentes] favorecerá la competencia y la cooperación industrial. Los precios y la cadencia de lanzamientos serán adecuados para que podamos competir dentro y fuera de Europa. La competencia ya no es un programa institucional de desarrollar cohetes, sino que es una carrera con la industria privada y aquí el beneficiario es el contribuyente”. “Pero nosotros no hemos venido a revolucionar nada”, matiza. “Estamos intentando sumar a lo que las agencias [espaciales] han hecho. Nuestra forma de trabajar sí es totalmente disruptiva”.

El directivo cree que España ha sido siempre una potencia aeroespacial, aunque discreta. Faltaba la capacidad de lanzamiento. “Vamos a añadir el eslabón que nos faltaba, a cerrar el círculo”, resume Verdú. Sin embargo, matiza que la estrategia no es local ni nacional. Ni siquiera europea: “La ambición es desarrollar una compañía global, que lance satélites europeos, pero también de Japón, de Estados Unidos, de Canadá, de Filipinas o de Latinoamérica. Queremos que Europa sea competitiva a nivel global”.

El primer cliente comercial de PLD Space será Sateliot, una empresa española de telecomunicaciones fundada y dirigida por Jaume Sanpera, quien coincide con Verdú en el cambio de rumbo de la industria e ironiza con las causas: “Al final tenemos que dar las gracias a Trump, que nos ha obligado”.

Sateliot es pionera en comunicaciones basadas en estándares, una tecnología que facilita la transferencia de datos compatible con la telefonía móvil independientemente del proveedor, con cobertura global y conectividad en tiempo real. Esto ya es un logro para la soberanía europea si se tiene en cuenta el papel determinante que juega la red de Starlink (de Elon Musk) en la guerra de Ucrania.

Pero el pasado año dieron un paso más, único en el mundo: “Conseguimos por primera vez en la historia conectar 5G-IoT [internet de las cosas]”. Este logro permite poder operar con dispositivos a distancia en tres cuartas partes del planeta sin conexión terrestre. “Tenemos lo que pueden tener otros países y lo que falta es inversión. Disponemos de la tecnología necesaria para ser autónomos, pero las inversiones en el espacio no son pequeñas”, explica Sanpera.

Esta desproporción de inversiones con respecto a los gigantes de la industria hace que su nicho de mercado no sea en competencia con las ofertas de Starlink o LEO, el servicio de internet por satélite que ha empezado a desplegar Amazon. “Nuestro foco no son las comunicaciones al consumidor final sino cómo dar servicio a entidades de seguridad, seguimiento, defensa o transporte”, precisa. Y los dispositivos conectados, que cuadruplicarán en 2030 el número de habitantes del planeta y, en el 80% del mundo sin redes terrestres, precisan del satélite. “Es un mercado enorme, mucho mayor que el que a nosotros mismos habíamos pensado”, resalta.

De esta forma, Sanpera insiste en que, salvo por la inversión, los ingredientes principales de la soberanía espacial y tecnológica ya se dan: “Ya estamos en la senda”, advierte. “España era un actor, hace unos años, con muchos complejos. Pero nos los hemos quitado y el país tiene que jugar un papel fundamental en Europa. Esa capacidad tiene que ser compartida”, asegura para admitir que “las necesidades de defensa pueden ser ese empuje que estaba faltando”.

También reclama un impulso extra para alcanzar a los competidores Carlos Fernández de la Peña, consejero delegado de Telespazio Ibérica, formada por dos grandes tecnológicas europeas como Leonardo y Thales: “La agencia europea del espacio (ESA) tiene un presupuesto que es como un tercio del de la NASA, no hay grandes compañías privadas de servicios como Space X o Amazon, el gasto público es menor que en países como China y el porcentaje de inversión en el espacio que viene de defensa, que también es un gran actor desde el punto de vista presupuestario, no ha sido una tradición”.

Pese a esta distancia, Fernández de la Peña cree que Europa está cambiando y cuenta con grandes programas, entre los que señala a Galileo (el GPS europeo), Copernicus (la constelación de observación) o el Iris2, el sistema de comunicaciones gubernamentales seguro europeo.

El directivo cree que, en este escenario continental, España es relevante y resalta el papel de la Agencia Espacial Española y las empresas que conforman el llamado new space, un sector de entidades emergentes con más agilidad, menores costes y alta innovación tecnológica.

Fernández de la Peña defiende que “tiene mucho sentido crear resiliencia y autonomía estratégica nacional”, pero matiza que esta no puede restar a la posición europea. “No tendría sentido que cada país europeo tuviera su propio Galileo: es una inversión grande que además requiere renovación constante para dar un servicio permanente y fiable. Tampoco lo tendría una constelación de comunicaciones seguras gubernamentales de cada uno de los 27 países. Es esencial la coordinación de la capacidad nacional en la construcción de una Europa fuerte y relevante en el mundo. Es el reto que tenemos por delante en estos momentos y que hay que resolver, acertar y hacerlo bien”.

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