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Fotografía de Sole García, educadora de Fundación de la Esperanza, y las usuarias de esta entidad social, Sandra Núñez, madre de tres niños, e Hiba Kasouane, en Barcelona este octubre

Isabel y Joan, voluntarios en la Parroquia de Santa Anna (Barcelona), participan en la entrega de alimentos, una iniciativa en colaboración con la Fundación ”la Caixa”. Lluís Rugama

Las muchas caras de un futuro más próspero

Trazar un puente entre empresas y personas que buscan trabajo, ofrecer refuerzo escolar y ocio a niños en situación de pobreza o acompañar a personas con enfermedades avanzadas. Son algunos de los proyectos que, con el apoyo de la Fundación “la Caixa”, marcan vidas como estas

Una ayuda en un mal momento devuelve la esperanza. Y, al recuperarla, los siguientes pasos se vuelven más ligeros. Lidia Tarqui (La Paz, Bolivia, 44 años) lo vivió cuando su bebé, Alexander, cumplió los nueve meses. Estaba en Madrid, sin trabajo y con su familia en otro continente, se planteaba enviarlo a su país de origen. “No podía parar de llorar al pensar que me iba a separar de él”, recuerda. Una amiga le recomendó acercarse a la asociación Achalay, en San Blas-Canillejas, donde la sostuvieron emocional y psicológicamente. “Era como mi casa, como contarle a mi madre todos mis problemas. Salía renovada”. Le brindaron alimentos, productos esenciales, refuerzo escolar y actividades (como campamentos) para su hijo y orientación laboral para ella. Además, le ofrecieron un empleo: Ya lleva más de un año como limpiadora en el centro.

Han pasado 15 años y el pequeño se ha convertido en un adolescente a punto de estudiar Bachillerato. “Quiere hacer una ingeniería, se le dan muy bien las matemáticas”, reconoce su madre, orgullosa, sentada en una de las aulas de Achalay, después de su jornada laboral.

Hay historias de contextos desfavorables que parecen ya escritas, pero algunas personas se dedican a reformularlas. Desde Achalay lo hacen de la mano de CaixaProinfancia, uno de los programas de la Fundación ”la Caixa”. A través de cerca de 500 organizaciones, la entidad acompaña anualmente a más de 65.000 niños y adolescentes en situación de vulnerabilidad y a sus familias. Pero no es la única área de actuación de la fundación: hay otras, como la inserción laboral, las personas mayores, la atención integral a personas con enfermedades avanzadas, el apoyo a entidades sociales, la investigación y la salud. En todas ellas están implicados médicos, trabajadores sociales, voluntarios, profesores, psicólogos, investigadores... Profesionales de diversos campos que coinciden en la labor de estos programas de dibujar un futuro más próspero, la aspiración de cambiar el relato.

Un propósito es romper el círculo de la pobreza, muchas veces heredado. Para Virginia López, coordinadora de Achalay, un primer paso es entender este problema como algo heterogéneo. “Es una característica, y la comparten nuestras familias, que se encuentran en una situación socioeconómica vulnerable, con unos ingresos precarios”, apuntala. Achalay lleva más de 20 años en intervención social, y alrededor de 15 dentro de CaixaProinfancia. Hoy atiende a unas 95 familias y más de 200 menores con una combinación de refuerzo educativo, ocio estructurado y libre, atención psicológica, estimulación temprana y acompañamiento familiar, además de ayudas económicas. Trabajan con planes individualizados para lograr que se fortalezcan dentro de la comunidad. “Hay un cambio de mirada sobre sí mismos: pasan de verse sin posibilidades de desarrollo a tener expectativas”, relaciona.

Empleo para reforzar la autoestima y el tejido social

Casals dels Infants es una asociación ubicada en el barrio barcelonés del Raval desde hace 45 años. Como explica su jefa de Jóvenes y Formación e Inserción Laboral, Laia Ribas, desde ella conectan a las empresas con personas en situación de vulnerabilidad que buscan empleo. Ese respaldo, además, contribuye a fortalecer su autoestima: “Tenemos que ir equilibrando el objetivo final, que sería la autonomía, con el objetivo real, que es el encontrar el trabajo”, cuenta.

En 2025 pasaron por su sede unas 190 personas y acabaron contratadas 130, como explica Luigi Marzullo, educador social responsable del programa Incopora-Xarxa d’Accés al Treball: “Estos números hacen ver la efectividad del servicio”. Dice que su éxito se debe a que conocen bien los recursos del territorio: “La excusa es encontrar trabajo, pero realmente la persona tiene que solventar aspectos personales, y nosotros estamos ahí para acompañarla”. La asociación colabora con la Fundación ”la Caixa” en su programa Incorpora, que en 2025 ha impulsado la inserción laboral de 42.000 personas en riesgo de exclusión social. Gracias a él, Casal dels Infants ofrece acompañamiento a personas en edad laboral (de 16 a 65 años).

Tras una entrevista inicial y una revisión (o creación) del currículum, facilitan el aprendizaje en competencias digitales u otros cursos presenciales que encajen con el perfil. Fue la ruta que siguió Azzedin Oujella, quien llegó hace tres años de Marruecos y hace tres meses se inscribió en las clases de la asociación. El joven de 18 años quería ser camarero. “Hice las prácticas en el restaurante La Poma. Me enseñaron todo, con paciencia”, reconoce. Se dedicó sobre todo a la barra: mantenerla limpia, preparar los vinos, tirar la cerveza, servir cafés, llevar las bandejas. Después llegó el contrato de camarero en otro centro, de momento los fines de semana y en horas extras, pero está motivado en crecer en su oficio: “Tenemos que mejorar siempre; mejorar nuestra vida y buscar algo mejor”, insiste.

El programa beneficia, paralelamente, a las empresas. La fundación pone a su disposición una plataforma digital que permite publicar las ofertas. Colaboran unas 60 que ofrecen prácticas y contrataciones, con un mayor foco en hostelería y limpieza. Su impacto no solo afecta a compañías y personas paradas, repercute también, como explica Ribas, en el tejido local: “Se genera un retorno social”. Favorece a la comunidad, fortalece el barrio.

Al cuidado de la salud y la dignidad humanas

La labor social de la parroquia de Santa Anna (en el Gòtic barcelonés) se desató hace unos nueve años por una ola de frío. Decidieron abrirla para hospedar a personas que dormían en la calle. Esa noche fueron 12; la segunda, 50 y la tercera, 100. La sensación fue contagiosa, recuerda el sacerdote de esa iglesia, Peio Sánchez: “Se inició un movimiento de solidaridad. Empezaron a llegar personas con ganas de echar una mano”.

Hoy disponen de pisos de acogida donde alojan, por ejemplo, a los jóvenes de 18 años que pierden cobertura en los centros de menores. Reciben apoyo para conseguir papeles, empleo y casa. “Se está generando una sociedad que no ve el sufrimiento, que rápidamente ve un enemigo delincuente, pero son chavales desarmados con muchas ilusiones”, señala Sánchez. Concederles una oportunidad les abre el camino a un futuro mejor, como le ocurrió a una mujer embarazada de gemelos, despedida por no tener documentación. Pasó 20 días en este hogar temporal, un sostén puntual que le ha permitido conseguir trabajo y, al fin, habitación propia.

La parroquia tuvo el impulso de la Fundación ”la Caixa” en su programa de Proyectos Sociales, que en los últimos 25 años han impulsado más de 23.500 iniciativas sociales de entidades del tercer sector en todo el territorio. Santa Anna cuenta, además, con un comedor social que el año pasado repartió unas 145.000 comidas y un equipo de unos 50 sanitarios que actúan tanto en el local de la parroquia como en la unidad móvil, además de prestar apoyo psicológico, inserción laboral, regularización documental, acompañamiento espiritual (a cristianos y musulmanes) y programas deportivos. “El fútbol es una herramienta muy importante para integrar y motivar a jóvenes que han vivido situaciones de vulnerabilidad”, reflexiona el cura.

El cuidado a las personas mayores y con enfermedades avanzadas

La Fundación ”la Caixa” cuenta con otros ejes que favorecen a grupos vulnerables. En el programa Personas Mayores, los más de 540.000 beneficiados del último curso participaron en actividades que promueven un envejecimiento saludable y con propósito. Con estas acciones se fomenta el acompañamiento, la participación activa y la contribución al bien común a través de su red de centros. Otro de sus proyectos es el de Atención Integral a Personas con Enfermedades Avanzadas, que cada año acompaña a más de 36.000 pacientes al final de la vida y a más de 41.000 familiares. La fundación cuenta con equipos especializados distribuidos por todo el país que dan apoyo emocional, social y espiritual.

En ambos casos se ha propuesto una comunicación sensible y adaptada. Frente al edadismo, ofrecen talleres presenciales y grupales e impulsan campañas para sensibilizar. Para las personas con enfermedades avanzadas, proporcionan recursos, guías y contenidos, para asistir tanto a pacientes como a sus familiares de manera integral.


Pero el bienestar social también se construye con mediciones, laboratorios y estudios. El equipo que acompaña a la investigadora Zaida Álvarez trabaja en crear una nueva plataforma de ensayo de tratamientos para las lesiones medulares. “Si no tenemos un buen modelo para testear lo que hacemos, no sirve de nada”, sentencia la científica del Instituto de Bioingeniería de Cataluña (IBEC), en Barcelona. Lo hacen a través del desarrollo de réplicas de médulas en miniatura (organoides), cultivadas a partir de células madre y que imitan el tejido real, sin necesidad de experimentación animal. Estos organoides se colocan en un dispositivo impreso en 3D que permite simular lesiones, y estudian de forma precisa y repetible cómo se producen estos daños.

“Vimos que podía tener un impacto a nivel social, pero también científico”, asegura. Con sus experimentos preliminares se presentaron a la convocatoria de Investigación en salud de la Fundación “la Caixa”, que concedió un millón de euros al proyecto de Álvarez en el IBEC. Les ha servido para seguir con su investigación y mantener puestos de trabajo. “Sin dinero no podemos hacer nada, es caro. Estas contribuciones nos permiten seguir haciendo ciencia de calidad y de impacto”, reconoce. Poder exponer sus avances ante los demás también les resulta significativo: “A veces nos sentimos solos investigando y es importante contar con plataformas para mostrar que estamos trabajando, que la ciencia avanza”. Incluso los que se dedican a ayudar lo hacen mejor acompañados.

Un presupuesto histórico al servicio del compromiso social

La Fundación ”la Caixa” ha anunciado un presupuesto histórico de 710 millones de euros para 2026. Cerca del 60% (que supone más de 415 millones de euros) se destinará al desarrollo de programas de transformación social. En concreto, a CaixaProinfancia, que persigue combatir la pobreza infantil; a los proyectos Incorpora y Reincorpora, de integración laboral para colectivos vulnerables; al programa para la Atención Integral a Personas con Enfermedades Avanzadas, que pretende mejorar la calidad de la atención a quienes se encuentran en el final de su vida; al programa de Personas Mayores, dirigido a fomentar la participación social de este colectivo; y al de EduCaixa, que promueve la transformación educativa.

Por su parte, el área de investigación y becas tiene una dotación de 147 millones de euros para impulsar convocatorias de proyectos médicos como CaixaResearch de Investigación en Salud y CaixaImpulse de Innovación, así como el desarrollo del CaixaResearch Institute, centro de referencia en el ámbito de la inmunología, y el programa de becas. Y otros 147 millones de euros se dirigen a iniciativas de divulgación de la cultura y de la ciencia a través de la red de centros CaixaForum, el Museo de la Ciencia CosmoCaixa (Barcelona), las exposiciones itinerantes y la programación de conciertos y conferencias, así como CaixaForum+, la plataforma audiovisual propia de la fundación.


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