Ir al contenido
_
_
_
_

Manuela Navarro, defensora del derecho a la vivienda: “La mía es una historia de constancia y querer ayudar”

El pasado 24 de marzo la ministra Isabel Rodríguez le otorgó la Cruz de la Orden del Mérito Civil por su “contribución a crear una sociedad y una democracia mejor”

Manuela Navarro, activista por la vivienda, el 18 de marzo de 2026 en Madrid. INMA FLORES

El ministerio de Vivienda invitó a Manuela Navarro (Madrid, 71 años) a un acto organizado por el 8M. Cuando llegó, le dijeron: “Luego la ministra quiere hablar contigo”. Al terminar, la llevaron al despacho y fue entonces cuando Isabel Rodríguez le anunció que le iban a dar la Cruz de la Orden del Mérito Civil por su defensa del derecho a la vivienda. Nada más escucharlo, Navarro pensó: “¿Pero esto es para mí? Reconozco que se me saltaron las lágrimas y que inmediatamente pensé en mis hijos y en mis padres”. Ella, que dice dormir generalmente muy bien porque tiene una vida muy tranquila, después de trabajar como secretaria administrativa y montar una empresa de publicidad, cuenta que desde que recibió la noticia va “como las cabras, saltando de un lado para otro de la cama”. La ministra se la entregó el pasado 24 de marzo por su “contribución a crear una sociedad y una democracia mejor”.

Pregunta. Antes de recibir este reconocimiento por la rehabilitación del poblado dirigido de Orcasitas, usted ya sabe lo que es el cariño de sus vecinos. Jose, el de la churrería Deva a la que me ha llevado, ha dicho: “Ojalá una Manuela en cada barrio”. Cuéntenos qué pasó un día de 2014.

Respuesta. Nací en el distrito de Usera y con seis años me vine al barrio. Fuimos la segunda familia que llegó, esto era un páramo en los años sesenta. Siempre hubo una gran lucha aquí, este barrio no es el original, hubo que derruirlo porque por la pésima construcción se agrietaron los bloques y gracias al movimiento vecinal consiguieron quedarse, porque el antiguo IVIMA (Instituto de la Vivienda de Madrid) quería repartir a los vecinos por otras partes y construir tras el derribo unas viviendas de más lujo sobre todo para los médicos del Hospital 12 de octubre. Un día de 2014, mi vecina Mar vino a contarme: “Oye, que me han dicho que se ha caído una piedra de un edificio”. Fuimos a verlo y no daba crédito.

P. ¿De qué tipo de piedra hablamos?

R. Una de 600 kilos. (Se levanta y va a la mesa que tiene al lado, coge un fragmento de esa piedra y la acerca). ¿Ves esto? Pues imagina. Se cayó desde un décimo piso al jardín. Si le da a alguien, le deja como una cuartilla. Enseguida entendí que esto era un peligro y que había que contárselo a los vecinos. Se lo notifiqué al Ivima pensando que así nos quedaríamos exentos y se encargarían ellos. Qué ignorante fui. Contacté con el Ayuntamiento e hice un book de fotos para que comprobaran lo que sucedía, acudí a la Comunidad de Madrid a solicitar una memoria de calidades para intentar entender qué es lo que había pasado, y ofrecí mi casa para que hicieran catas y así sirviera para extrapolar a lo que sucedía en el resto de edificios. Vinieron tres arquitectos en días distintos que nunca se vieron.

P. ¿A qué conclusión llegaron?

R. Que no se sabía lo que pasaba. Lo que más me preocupó fue que dijeran que cada piedra podría tener un comportamiento distinto. El Ayuntamiento nos contó que iban a sacar subvenciones generales, con ciertas consideraciones para casos como el nuestro, pero nos aconsejaron que si queríamos aspirar a más dinero teníamos que considerar la eficiencia energética. Claro, esa palabra y esa mentalidad no la teníamos ninguno. Como mucho, se pensaba que eso consistía en poner un panel solar. La primera reunión que hicimos con los vecinos para contarles fue un desastre, vinieron seis, a la segunda vinieron ocho o diez y discutieron dos. Menos mal que llegamos a los 350. Y gracias a las subvenciones, conseguimos quitar el amianto e hicimos el envolvente térmico, con lo que se quitaban las piedras. Fueron dos años los que tardamos en definir lo que había y se podía hacer.

P. ¿Cuántas viviendas se han rehabilitado?

R. Hay 107 bloques de diez alturas y con dos vecinos por planta. Unos 3.300 vecinos incluidos las viviendas unifamiliares. Te hablo de los afectados, porque el barrio es más grande. De esos 107 bloques, hay 90 terminados, siete están en obras y el resto están pedidas las subvenciones y contratadas las obras. En dos o tres años se podrán terminar.

P. Hablemos de las consecuencias. Del antes y el después y cómo ha transformado la vida de los vecinos.

R. Te voy a hablar en primera persona porque mi casa es una de las rehabilitadas. Sin calefacción tengo una temperatura mínima de 19 grados, con lo cual, si la pongo algún día, como la tengo a 21 grados y ya no hay pérdida de calor, el termostato salta y ahí se queda. Hace muy poco me comentó un vecino que desde que hizo la obra se resfría menos, y eso es importante, porque muchos no encienden la calefacción porque no la pueden pagar, pero al menos no pasan frío, así que es primordial para la salud. Nuestros edificios ahora son nuevos, sin amianto, sanos. Ahorras dinero en el recibo y encima favoreces el medio ambiente. Este tiempo también monitorizamos algunas viviendas para aprender buenos hábitos, cómo ventilar la casa, por ejemplo, para no desperdiciar energía.

P. La historia suena bien, pero ¿fue fácil convencer a los vecinos?

R. Yo no soy una santa, tengo mi corazoncito, y he recibido insultos muy graves por parte de vecinos, sobre todo al principio. Esto ha sido muy duro. Tanto que llegó un momento en el que dije que lo dejaba, la mía es una historia de constancia y de querer ayudar. Es que existe la maldad, qué le vamos a hacer. Jamás he mentido a los vecinos y jamás les he engañado.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

_
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_