La Junta de Andalucía otorga el mayor galardón de calidad al servicio de radiodiagnóstico al que culpa de la crisis de los cribados
Javier Castell, el jefe de departamento al que el presidente andaluz acusa de saltarse el protocolo, es una de las personas que ha recibido el certificado “Excelente”

A los bandazos que ha dado la Junta de Andalucía en la gestión de la crisis de los cribados —primero responsabilizó del problema a los protocolos y ahora culpa a los profesionales sanitarios de saltárselos por no avisar a las mujeres con resultado no concluyente, algo que las normas no preveían— se ha sumado en la última semana un nuevo episodio sorprendente. La Agencia de Calidad Sanitaria de Andalucía (ACSA) ha entregado su máximo galardón, el certificado “Excelente”, al servicio de Radiodiagnóstico del Hospital Virgen del Rocío de Sevilla, en un acto celebrado el lunes 9 de marzo al que acudió para recogerlo su exjefe, Javier Castell, junto a otros miembros.
Castell es la misma persona a la que el Gobierno regional obligó a dimitir el 21 de octubre y a la que el presidente de la Junta, Juan Manuel Moreno, ha acusado repetidamente de ser el responsable de que 2.317 mujeres hayan sufrido grandes demoras para ser sometidas a una prueba de control tras los resultados no concluyentes de las mamografías del cribado de cáncer de mama. Un pequeño número de ellas, cuya cifra exacta no ha trascendido, han sido posteriormente diagnosticadas de cáncer de mama.
El exjefe de Radiodiagnóstico del hospital sevillano, según adelantó EL PAÍS este viernes, también fue quien elaboró en 2023 un plan para poner fin al aumento de los retrasos que estaban sufriendo unidades como la de mama por la falta de profesionales. La iniciativa, enviada a la gerencia del Virgen del Rocío y cuyo contenido llegó a los responsables del Servicio Andaluz de Salud (SAS), fue rechazada por la Junta debido a los recortes en gastos de personal.
“Es surrealista, no hay otra forma de calificarlo. La Agencia depende de la Consejería de Salud y reconoce a aquellos servicios que mejor han trabajado por la calidad. Y al mismo tiempo que les dan el máximo galardón, les acusan en falso de haberse saltado los protocolos y causado la peor crisis que ha vivido la sanidad pública andaluza. No hay por donde cogerlo”, afirma una persona con funciones en el hospital sevillano.
La Agencia —que depende de la Fundación Progreso y Salud, integrada dentro de la Consejería de Sanidad, y que declara que su “objetivo es impulsar la calidad y la mejora continua en el sistema sanitario andaluz”— publicó el 9 de marzo una nota de prensa para informar de que “seis servicios asistenciales del Hospital Virgen del Rocío consiguen [una] nueva certificación de calidad”. Entre ellos, los de “Neonatología y Radiodiagnóstico, [han sido] certificados con el máximo nivel de ACSA (Excelente)” de los tres existentes (los otros dos son Avanzado y Óptimo). En la foto publicada con la nota puede verse a Javier Castell con bata blanca, en el centro y en segunda fila (detrás de la persona con jersey gris), en el acto de entrega.

“El certificado de la Agencia, que sigue procedimientos reglados y muy rigurosos, es el fruto de muchos años de trabajo. Fue una apuesta firme por la calidad que en 2017 hicieron los responsables del servicio, con Javier Castell a la cabeza. Se creó una unidad de calidad potente, dotada con un médico y una enfermera, a los que se asigna una jefatura transversal”, explica una persona que ha sido testigo de la iniciativa desde su gestación.
El exjefe de radiodiagnóstico no ha hecho hasta el momento declaraciones públicas ni ha respondido a las preguntas planteadas por este diario.
La coincidencia del reconocimiento con el escándalo de los cribados —en el que más del 90% de las 2.317 mujeres afectadas son pacientes del Virgen del Rocío, de acuerdo con los datos facilitados por la Junta de Andalucía— resulta llamativa si se mira con detalle el procedimiento mediante el que la Agencia ha concedido el certificado.
La primera razón es temporal. La petición para iniciar el proceso debe surgir del propio centro sanitario y este no puede extenderse más de 12 meses (aunque lo habitual es que se termine a los seis o nueve), explica Alfonso Galiot, responsable de Calidad de la Agencia. Esto significa que la evaluación del de Radiodiagnóstico se desarrolló durante el año 2025, justo cuando se estaba gestando y acabó por estallar la crisis.
La segunda es por el contenido en sí de los estándares de calidad que deben acreditarse. Estos están divididos en tres bloques. El primero incluye puntos como que “la unidad cumple los tiempos de respuesta de los procesos incluidos en su cartera de servicios y establece nuevos objetivos enfocados a la mejora continua” y que “la unidad identifica a los pacientes que tienen un mayor riesgo de incumplimiento de su plan asistencial”, de acuerdo con el manual de estándares para unidades de gestión sanitaria publicado en la web de la ACSA.
El segundo y el tercer bloque ponen el foco en otras variables, como “la atención centrada en el paciente (incluyendo estándares relacionados con los derechos), la continuidad asistencial, el liderazgo, la calidad científico-técnica y la cultura de seguridad, con aspectos como buenas prácticas, la gestión proactiva y reactiva de riesgos y la gestión de un entorno seguro en la unidad”.
Para alcanzar el certificado de excelencia es necesario superar el 100% de los requisitos establecidos en el bloque I y II y más del 40% del III, explica Galiot. La Agencia afirma que el servicio de Radiodiagnóstico del Virgen del Rocío ha cumplido para conseguir el galardón con “el 95,3% de los 85 estándares analizados”. Un grupo de 75 profesionales dependientes de una empresa externa a la Junta son los que se encargan de llevar a cabo las evaluaciones, que incluyen entrevistas a los trabajadores del servicio, a pacientes, la revisión de los circuitos de gestión, procedimientos de control..., tal y como detalla el responsable de Calidad de la ACSA.
La cuestión clave que surge es: ¿Cómo pudo recibir el servicio el máximo galardón de calidad a la vez que sus profesionales alertaban a sus superiores de las demoras crecientes que provocaba la falta de personal? Fuentes internas lo explican de la siguiente manera: “El proceso de certificación valora más cuestiones estructurales del servicio y de gestión relacionadas con la calidad que los datos concretos de la lista de espera en un día cualquiera, que son coyunturales y pueden cambiar por variables como bajas laborales”. Este diario ha tratado de recabar, sin éxito, la versión de la Consejería de Sanidad.
Otro aspecto importante a tener en cuenta, según estas fuentes, es que los cribados y su gestión no dependían del servicio, “sino de otras áreas del SAS y de la Consejería, aunque la Junta quiera desviar las responsabilidades ahora”. En este sentido, añaden, y aunque no sea lo deseable, no es incompatible un crecimiento de las demoras con el cumplimiento de los estándares de calidad.
“Para que pueda entenderse: el servicio gestiona un flujo de pacientes que vienen de los cribados, de atención primaria, del hospital... Si falta personal, obviamente, ese flujo se ralentiza y las demoras crecerán. Pero, en términos de calidad, el papel del servicio es tener herramientas para medir la situación en cada momento, regular el flujo con los medios disponibles, plantear mejoras... Esto es exactamente lo que se hizo. Cuando se vio que había un problema, se dijo. Quien genera la falta de personal no es el servicio, son la gerencia del hospital y el SAS. Y quien no sabe anticipar el riesgo que corren las mujeres afectadas son los responsables de los programas de cribado, tampoco el servicio”, siguen estas fuentes.
Otros profesionales que han estado involucrados en procesos de acreditación coinciden en “la rigurosidad de las evaluaciones” de la ACSA. Estos interlocutores señalan también que los manuales de estándares de calidad de los centros sanitarios están “más enfocados a que se acredite que un sistema es capaz de hacer las cosas bien porque pone los mecanismos para ello que a que los resultados concretos”. Los certificados que emite la ACSA tienen una validez de cinco años y a los dos y medio los evaluadores vuelven a revisar que se mantiene el cumplimiento de los estándares.
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