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Agresores machistas reincidentes y asesinatos múltiples: qué explica el crimen de Miranda de Ebro

El incendio provocado el martes por José M. G. por el que murieron tres mujeres y resultaron heridas otras cuatro personas, entre ellas dos niños, es el caso con más víctimas implicadas desde que hay registro

Dos policías, ante el edificio incendiado por la expareja de una de las tres mujeres asesinadas, en Miranda de Ebro, el 10 de marzo.Tomás Alonso (Europa Press)

El martes por la noche, José M. G. fue hasta la casa de su expareja y empezó a apilar colchones en el bajo de ese bloque de viviendas en Miranda de Ebro, en Burgos. Al poco empezaron las llamas. El fuego mató a esa mujer, Dolores, de 58 años; a su madre, Antonia, de 78; y a una vecina de 24, Laura Valentina. Otras cuatro personas, entre ellas un niño de 7 años y otro de 11, acabaron hospitalizados durante unas horas. Este ya es el caso con más víctimas implicadas ―heridas y mortales― desde que hay estadística, en 2003; siete por ese incendio provocado por un hombre de 60 años, que se entregó el miércoles por la mañana sabiendo que la policía lo buscaba y sabiendo que iba a volver a la cárcel de la que había salido hacía no mucho tiempo. Esta, cuando se produzca, será la tercera vez que entre en prisión por un delito relacionado con la violencia de género.

Según los datos policiales, este hombre estuvo por primera vez en el Sistema VioGén ―el de seguimiento de las víctimas de violencia machista y sus agresores― en 2007, por un caso de maltrato a la mujer con la que tenía una relación en aquel momento. Ocho años después, en 2015, secuestró a una niña de 9 años de ese mismo pueblo burgalés durante varias horas y sobre ella “cometió actos de contenido sexual”, según la sentencia que lo condenó a seis años de prisión en 2017. Y también por un delito de detención ilegal fue condenado en 2024, por haber retenido y encadenado a una mujer en su casa que pudo escapar por su propio pie y acudió a la Guardia Civil.

Este martes por la noche, José M. G. se convirtió en el todavía presunto autor de la muerte de esas tres mujeres. De ellas, Dolores ya ha entrado a formar parte de la estadística oficial de violencia machista, es la víctima número 11 en lo que va de año, la 1.354 desde 2003. Lo confirmó el Ministerio de Igualdad en la noche de este miércoles. Y las otras dos víctimas pasarán a formar parte de la estadística de feminicidios, uno en la categoría de social y otra en la de familiar, una vez que se hayan concluido las investigaciones y se actualice ese registro (que es cada seis meses).

Hace varios años, durante una rueda de prensa tras una concentración de feminicidios, el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, aludía a cómo cada asesinato suponía, o debía suponer, un aprendizaje para las distintas instituciones, y también una oportunidad para explicar y hacer pedagogía sobre las características de esta violencia. Alrededor de este caso hay dos cuestiones sobre las que se puede hablar y aprender.

Los agresores reincidentes

La primera de ellas es la reincidencia: los hombres que ejercen violencia contra varias mujeres a lo largo de su vida. Según datos de Interior, uno de cada cinco hombres que maltrata en España ya lo ha hecho antes. En noviembre del pasado año había en el sistema 81.291 agresores de ese tipo, a los que técnicamente se les llama “persistentes o plurivictimizadores”, y su presencia ha pasado del 13,9% en 2015 al 22% en 2025.

Ese crecimiento llevó a los expertos de violencia de género del ministerio a crear mecanismos específicos de detección y prevención dentro del Sistema VioGén y también a que el secretario de Estado de Seguridad, Rafael Pérez, firmara una instrucción en febrero de 2023 para que las fuerzas policiales avisaran a las víctimas de violencia machista cuando su agresor tenía antecedentes por haber maltratado antes a otras parejas.

Se hace desde que VioGén entró en funcionamiento, pero antes quedaba al criterio del agente encargado de cada caso. Entre 2007 y hasta 2023, se hicieron 6.959 de estas comunicaciones; desde la Instrucción de Interior hasta ahora, 19.659. En total, 26.618. Aunque ese aviso no es generalizado, sino que depende “de la valoración que los expertos policiales hagan de las circunstancias de cada caso”, explicaron entonces. Miguel Lorente, exdelegado del Gobierno contra la Violencia de Género, se pregunta si existe alguna forma “de que ese aviso sí sea generalizado”, es decir, que cualquier mujer pueda saber si el hombre que en un momento dado es su pareja tiene antecedentes por violencia machista.

“Entre los factores por los que las mujeres no denuncian está la duda de si lo que están viviendo es o no grave, también otros, como la vergüenza o el miedo a no ser creídas. La pregunta es si, ante el conocimiento de que ese hombre ya ha maltratado otras veces, esas mujeres decidirían denunciar”, ahonda Lorente, y por lo tanto también de reducir la posibilidad de que esa violencia continúe o escale.

Elena Valenciano, presidenta de la Fundación Mujeres, también querría “algún tipo de sistema que hiciera contravigilancia de este tipo de perfiles que han ejercido violencia de manera reiterada”, pero afirma justo después que “no es posible por cómo es la legislación española, el Código Penal y el cumplimiento de las penas”.

“Las normas procesales”, explican fuentes del Consejo General del Poder Judicial, “son las mismas para cualquier tipo de delito”, y “una vez que se cumple la condena o los requisitos para pasar a tercer grado”, los condenados tienen derecho a salir de prisión, a tener beneficios penitenciarios o a que se extingan sus antecedentes penales cuando proceda.

La violencia extendida

La segunda cuestión es la llamada violencia extendida. Y, aquí, esas mismas fuentes del CGPJ hacen un desglose para clarificar términos. Por un lado, está “la violencia directa ejercida contra una pareja o expareja” y, por otro, está aquella “que se produce por el hecho de estar presenciando esos mismos hechos violentos”. Por la propia idiosincrasia de la violencia machista, en muchos casos, quienes los presencian son menores. “En ese caso, desde la modificación de la ley de 2015 [la de protección al menor], se les considera víctimas directas por cómo afecta a su bienestar emocional, psicológico y social, y a su desarrollo”.

Y, por último, está “la violencia vicaria, que es por la que el agresor usa a otra persona, que también es una víctima, para crear ese daño insuperable a la mujer”. En este caso, recuerdan estas fuentes jurídicas, suelen ser también los hijos, pero no solo ellos.

En el último informe del Consejo General del Poder Judicial sobre los asesinatos por violencia de género y doméstica de 2024, “en cinco de los 48 casos analizados en 2024, la agresión fue extensiva a otras personas cercanas a la mujer asesinada, lo que ocasionó siete víctimas mortales más”. Cuatro fueron hijos e hijas menores, un hijo mayor de edad, una madre y un amigo. Desde que existen datos y hasta 2024, ahonda el Consejo en el informe, “se han registrado ya 69 casos de homicidio múltiple, con un total de 83 víctimas, 43 de ellas hijos e hijas menores de las mujeres asesinadas”.

Lorente, el exdelegado, afirma que “el hecho de que haya muchas víctimas no es un accidente” y que esto ya fue una cuestión que se destacó en la investigación de la violencia de género en los años ochenta: “Uno de los elementos diferenciales es que la violencia machista es una violencia extendida, y que hay víctimas que se incluyen dentro del desarrollo de la propia violencia, no solo para hacer el mayor daño posible a una mujer en concreto”.

El objetivo de la violencia machista, añade, “es intentar condicionar la conducta de la mujer, es decir, el control, a través de múltiples cuestiones, también a través de otras personas”. El daño, concluye, “es una consecuencia, pero hay que recordar siempre que el objetivo es el control”.

Valenciano se pregunta al teléfono “si alguien cree que cuando un hombre decide matar a su mujer o a su exmujer le importa quién hay alrededor”. Y contesta: “Muchas veces no. Eligen el momento en el que lo hacen y no se paran a pensar”. Ella, que acaba de publicar junto a Soraya Rodríguez Después del minuto de silencio (La esfera de los libros), sobre qué sucede con las familias de las mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas tras los entierros y las banderas a media asta, recuerda que esa violencia se extiende, también y siempre, después de los crímenes y de las condenas a los asesinos.

El teléfono 016 atiende a las víctimas de violencia machista, a sus familias y a su entorno las 24 horas del día, todos los días del año, en 53 idiomas diferentes. El número no queda registrado en la factura telefónica, pero hay que borrar la llamada del dispositivo. También se puede contactar a través del correo electrónico 016-online@igualdad.gob.es y por WhatsApp en el número 600 000 016. Los menores pueden dirigirse al teléfono de la Fundación ANAR 900 20 20 10. Si es una situación de emergencia, se puede llamar al 112 o a los teléfonos de la Policía Nacional (091) y de la Guardia Civil (062). Y en caso de no poder llamar, se puede recurrir a la aplicación ALERTCOPS, desde la que se envía una señal de alerta a la Policía con geolocalización.

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