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Los intensivistas reclaman una red nacional organizada para la terapia ECMO, la técnica que mantiene con vida cuando todo falla

El soporte con oxigenación por membrana extracorpórea tiene una distribución desigual en España y a menudo su organización depende del voluntarismo de los profesionales

Paciente Covid en la UCI del Hospital Vall d'Hebron al que se le aplica el programa de tratamiento ECMO, el 9 de septiembre de 2021.Enric Fontcuberta (EFE)

La expansión del soporte con oxigenación por membrana extracorpórea (ECMO), una de las terapias más complejas para sostener la vida en situaciones de fracaso respiratorio o cardiaco extremo, ha avanzado en España más rápido que su organización. La consecuencia, advierten los especialistas, es una red irregular, con comunidades autónomas bien estructuradas y otras donde la cobertura depende del esfuerzo voluntarista de equipos aislados.

El grupo de ECMO de la Sociedad Española de Medicina Intensiva, Crítica y Unidades Coronarias (SEMICYUC), que celebra este jueves unas jornadas en Madrid, reclama una estrategia nacional que ordene su uso para garantizar la equidad y la calidad asistencial en toda España.

Es algo que el Ministerio de Sanidad ya hizo con el ECMO pediátrico, mucho más infrecuente, cuando en julio creó la figura de los centros de referencia acreditados (CSUR): áreas de derivación definidas y equipos de transporte especializados capaces de movilizar pacientes críticos entre comunidades.

“El ECMO es el último escalón cuando todo lo demás ha fracasado. Requiere equipos muy entrenados y experiencia acumulada. La evidencia internacional muestra que los resultados son mejores cuando se concentra en centros con volumen suficiente”, explica Eduard Argudo, coordinador del Proyecto ECMO de la SEMICYUC e intensivista en el Hospital Universitario Vall d’Hebron.

El soporte ECMO sustituye de forma temporal la función del pulmón, del corazón o de ambos mediante un circuito extracorpóreo que oxigena la sangre y la devuelve al organismo. Se utiliza, por ejemplo, en trasplantes, insuficiencias respiratorias graves, infartos complicados, tromboembolismos pulmonares masivos o paradas cardiorrespiratorias refractarias. Son indicaciones poco frecuentes en términos absolutos, pero de altísima complejidad técnica y logística.

La organización depende hoy de cada comunidad autónoma. Algunas han desarrollado instrucciones formales que designan hospitales de referencia y articulan circuitos de derivación. Otras carecen de esa planificación. Hay territorios sin programas de transporte específicos y en otros la cobertura se ha construido de forma progresiva a partir de la iniciativa de profesionales que, ante la necesidad, “se han autoorganizado”, según Argudo.

Pone como ejemplo a seguir al Reino Unido, donde el ECMO respiratorio para adultos se concentra en cinco centros nacionales con criterios de acreditación definidos, registro común y transporte integrado. “Allí la experiencia no se diluye. Aquí tenemos comunidades con varios hospitales que realizan pocos casos cada uno. El riesgo es que haya muchas máquinas y poca experiencia real”, advierte el intensivista.

Los estudios asocian mayor volumen de casos y especialización a mejores resultados en terapias de alta complejidad. “Equidad no significa que cada hospital tenga una máquina, sino que cualquier paciente pueda acceder al máximo nivel de soporte, viva donde viva”, subraya Argudo.

La falta de una red formal se hace especialmente visible en los traslados interautonómicos. Algunos pacientes en ECMO acaban precisando un trasplante pulmonar o cardiaco, lo que obliga a coordinar derivaciones complejas entre comunidades. En ausencia de un circuito nacional y de financiación específica, cada caso se organiza ad hoc entre hospitales y servicios de emergencias regionales.

“Cuando recibimos la llamada de un hospital, empezamos prácticamente de cero: ver qué recursos hay, si el traslado puede hacerse por carretera o necesita soporte aéreo, cómo coordinar dos sistemas sanitarios distintos. Se intenta dar respuesta porque son pacientes sin alternativa terapéutica, pero no existe un marco regulado y todo depende mucho del voluntarismo de los profesionales”, resume Argudo.

En pediatría, la presión asistencial y el menor número de casos favorecieron antes la designación de tres centros de referencia (en Málaga, Madrid y Barcelona). En adultos, donde el volumen es mayor, pero las indicaciones siguen siendo relativamente infrecuentes en cada subgrupo, la estructuración ha quedado rezagada.

Organización escalonada

La SEMICYUC plantea una organización escalonada: centros de máximo nivel capaces de ofrecer todo el soporte y asumir los casos más complejos; hospitales con capacidad intermedia para determinadas indicaciones; y otros que puedan iniciar el soporte y derivar bajo la supervisión de unidades con mayor experiencia. Todo ello acompañado de registros nacionales robustos, auditorías alineadas con estándares internacionales y programas reglados de formación y simulación avanzada.

“España tiene profesionales cualificados y experiencia acumulada. El reto ya no es tecnológico, sino organizativo”, defiende Aarón Blandino, intensivista del Ramón y Cajal y miembro del comité organizador de las jornadas.

El debate llega en un momento de madurez técnica del ECMO en España. Para los intensivistas, ese desarrollo exige ahora un salto estructural. La alternativa, advierten, es mantener una red fragmentada en la que el acceso a una terapia de rescate dependa más del código postal que del criterio clínico.

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