Ir al contenido
_
_
_
_

El obispo Zornoza, al borde del banquillo: la Rota pide al Vaticano que juzgue al prelado de Cádiz por pederastia

Los tribunales eclesiásticos terminan la investigación preliminar tras tomar declaración al acusado, a la víctima y a varios testigos de los hechos

El Obispo de Cádiz Rafael Zornoza oficia una misa en la catedral de Cádiz a comienzos de noviembre. Fernando Ruso

EL PAÍS puso en marcha en 2018 una investigación de la pederastia en la Iglesia española y tiene una base de datos actualizada con todos los casos conocidos. Si conoce algún caso que no haya visto la luz, nos puede escribir a: abusos@elpais.es Si es un caso en América Latina, la dirección es: abusosamerica@elpais.es

───────────

El obispo emérito de Cádiz y Ceuta, Rafael Zornoza, está a un paso de sentarse en el banquillo de los tribunales eclesiásticos para ser juzgado por un caso de abuso sexual a menores cuando era rector del seminario de Getafe en los años noventa. El Tribunal de la Rota Romana de Madrid ha terminado la investigación preliminar que comenzó el pasado noviembre y ha elaborado un informe en el que recomienda “abrir un proceso penal” canónico, según indica la documentación del procedimiento a la que ha tenido acceso EL PAÍS. Durante estos meses, la Rota ha tomado declaración al acusado, a la víctima y a varios testigos. Fuentes del caso relatan a este periódico que uno de ellos fue testigo visual de cómo Zornoza, en una ocasión, estaba en la cama del denunciante y recostado sobre él. El tribunal terminó “su actuación en esta fase” la semana pasada y están “a expensas de si se abre el proceso penal” y le “requieren para ello”, concluye el expediente. Este es el primer caso conocido de un prelado español acusado e investigado canónicamente por agresión sexual a menores.

Zornoza, de 76 años, fue denunciado el pasado verano ante el Vaticano por un antiguo seminarista que le acusaba de haber abusado de él repetidamente cuando este era sacerdote de la diócesis de Getafe y rector del seminario. El caso Zornoza fue destapado por EL PAÍS a comienzos de noviembre, cuando el acusado seguía desempeñando el cargo de obispo de Cádiz y el Vaticano ya había ordenado la apertura de un proceso. No obstante, la Iglesia no le apartó como recomienda la normativa canónica. Solo lo hizo dos semanas después de que este periódico publicase la noticia y el acusado pasó a ser obispo emérito de Cádiz y Ceuta. El prelado siempre ha negado las acusaciones. Las penas en los casos de pederastia van desde ejercicios espirituales o rezos hasta la expulsión del sacerdocio.

El delito por el que se le acusa a Zornoza está prescrito en los tribunales civiles, pero no canónicamente. La Congregación para la Doctrina de la Fe, organismo vaticano encargado de estos asuntos y que recibió la denuncia de la víctima, vio verosímil la denuncia y ordenó al arzobispado de Sevilla, de la que es sufragáneo el obispado de Cádiz y Ceuta, que abriese una investigación preliminar.

Pero el arzobispo sevillano, José Ángel Meneses, se desligó del tema y remitió el procedimiento canónico al Tribunal de la Rota, opción con la que cuentan las diócesis si prefieren no ocuparse de una denuncia compleja. Ahora, la Rota ha enviado su expediente al arzobispado de Sevilla para que a su vez lo envíe a Doctrina de la Fe para ser ratificada. Normalmente, Roma acepta las conclusiones de estos informes y da el visto bueno para que se juzgue al acusado. La respuesta del Vaticano puede demorarse semanas y la sentencia con la que previsiblemente culmine el nuevo procedimiento, meses.

El origen del caso fue una carta que la víctima envió el pasado junio a la Congregación para la Doctrina de la Fe para denunciar los hechos y pedir que se tomaran medidas. “Escribo esta carta solo con la intención de evitar que lo que me pasó a mí le pueda seguir pasando a otro niño”, aparece en las primeras líneas de su misiva. El denunciante describe que los abusos ―tocamientos, caricias en partes íntimas y besos en la boca― comenzaron en 1994, cuando tenía 14 años, y se alargaron hasta que cumplió los 21, mientras Zornoza, por entonces de 45 años, dirigía el seminario de Getafe. Las agresiones sexuales descritas por la víctima sucedían por las noches: “Venía a la habitación y sufría los abusos. Se metía en mi cama, me acariciaba y besaba”.

Los abusos siguieron después de que cumpliera la mayoría de edad e ingresara en el seminario mayor. En este tiempo, dice la misiva, Zornoza se metía en su cama “casi todas las noches y mañanas” para besarle y tocarle sus partes íntimas. “En varias ocasiones reclamé a Rafa que aquello que hacíamos no estaba bien. Él siempre me decía que era una amistad íntima”, escribe.

El relato de la víctima desprende que, además de las agresiones sexuales, el ahora prelado utilizó su posición de poder para engañarle, abusar de él y culpabilizarle de lo que sucedía. “Me convenció de entrar al seminario y me dijo que ‘mi herida’ (así se refería a mi homosexualidad) no me dejaba ver las cosas y que confiara en él. También me convenció de ir a un psiquiatra dos veces por semana para curar mi herida, mi homosexualidad. Ni mi homosexualidad ni que iba a terapia me permitió compartirlo con nadie, ni con mis padres, familia o amigos […]”.

El denunciante explica que, cuando abandonó el seminario, no era consciente de haber sufrido abusos y fue unos años después, mientras recibía terapia, cuando entendió que Zornoza le agredió sexualmente. “Cuando tenía 32 años le escribí un mail donde le decía que abusó de mí. Nunca recibí respuesta y, desde ese día, jamás volvió a ponerse en contacto conmigo”, apunta el afectado. No obstante, el afectado afirma que, antes de escribir la carta, quedó con el obispo. “Esta vez en persona le volví a decir que había abusado de mí desde los 14 hasta los 21 años. Simplemente me dijo que nunca fue su intención, aunque me reconoció la manipulación y abusos”, describe en la misiva.

La noticia destapada por EL PAÍS provocó un terremoto social. El mismo día, Zornoza negó las acusaciones y suspendió su agenda pública alegando que debía tratarse de un cáncer en Madrid, donde se trasladó. El presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE) admitió un día después la “verosimilitud” de la denuncia, confesó públicamente su “dolor”, pero pidió respetar la presunción de inocencia del acusado. “La Iglesia abre un procedimiento porque quiere conocer la verdad”, expresó entonces durante un evento en Canarias, “y quiere así acercarse al dolor de uno y de otro, al dolor de una posible víctima y al dolor de una posible persona, en este caso un obispo, al que pudiera habérsele acusado falsamente”.

Estas palabras fueron un guantazo para para la Asociación Nacional Infancias Robadas (ANIR) de víctimas de pederastia clerical. “No saben lo que es dolor. No nos hablen de dolor […] Tanta mezquindad, tanta mala fe, tanto afán por minimizar, negar la realidad y atacar a sus víctimas”, señaló entonces en un comunicado Juan Cuatrecasas, presidente de la entidad, donde añadía: “Los de siempre y lo de siempre. Acusación falsa mentada. Obliga a respetar la presunción de inocencia. Y, por otro lado, deja caer lo de la falsa acusación”.

Fuentes eclesiales y del Ministerio de Presidencia señalan a este periódico que este caso fue uno de últimos impulsos decisivos para que la CEE, forzada por la postura del Vaticano y las noticias sobre Zornoza, firmase un acuerdo con el Gobierno para reparar a las víctimas de pederastia clerical en España cuyos delitos estuvieran prescritos y bajo la tutela del Estado.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

_

Últimas noticias

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_