De El Cid a Indiana Jones: el cine que pone a los pueblos de España en el mapa turístico
Una iniciativa integra 15 municipios de España, unidos por un vínculo común: haber sido escenario de rodajes cinematográficos, televisivos o publicitarios


“En este mundo hay dos clases de hombres, mi amigo. Los que traen el arma y los que cavan. Y tú cavas”, dice un joven Clint Eastwood (Rubio) en el duelo final de El bueno, el feo y el malo. Un pequeño pueblo de Burgos, Santo Domingo de Silos, fue el escenario escogido por el cineasta Sergio Leone hace sesenta años. El italiano con alma de cowboy decidió levantar aquí el cementerio estadounidense de Sad Hill para ponerle punto final a la histórica Trilogía del dólar. Como este pueblo, muchos otros alrededor de toda España han servido de escenario para películas, documentales y series. De esa conexión entre pantalla y territorio nace la Red de Pueblos de Película, una iniciativa que apuesta por el turismo cinematográfico como herramienta de dinamización cultural, económica y social en el medio rural.
La red, formada por pueblos de toda España, reúne a 15 municipios con una vinculación demostrable con el audiovisual: escenarios de rodaje, festivales, museos, eventos o parques temáticos. Todos ellos comparten un objetivo común, el de convertir el legado cinematográfico en una oportunidad, sin perder la identidad local. Entre ellos: Peñíscola (Castellón), escenario principal de la película épica ítalo-estadounidense El Cid (1961); Santillana del Mar (Cantabria), locación de Altamira (2016), dirigida por Hugh Hudson y protagonizada por Antonio Banderas, y Tabernas (Almería), en cuyo desierto Steven Spielberg decidió grabar parte de Indiana Jones y la última cruzada (1989).
“España es un líder mundial en turismo y, al mismo tiempo, un país donde cada vez se rueda y se exporta más contenido audiovisual”, explica Ana Alonso, presidenta de la Red de Pueblos de Película. La red acaba de anunciar en la Feria Internacional de Turismo (Fitur) sus principales retos y líneas estratégicas para este año. “Durante mucho tiempo, la mirada del cine se ha centrado en los escenarios urbanos, pero en el mundo rural hay mucha riqueza fílmica que vale la pena y que nos permite poner en valor esos destinos”, comenta Alonso.
El germen del proyecto, afirma la presidenta, fue impulsar iniciativas de carácter turístico, cultural o de ocio. Pero no solo para los visitantes. Los residentes también entran en la ecuación. “Nos interesaba que descubriesen su territorio, con la excusa de que hay un legado fílmico que puede conectar un patrimonio con otro”, afirma la presidenta de la red.
Para Francisco Boya, secretario general para el Reto Demográfico, el valor del proyecto está precisamente en su planteamiento colectivo. “Los impactos hay que construirlos, nada es mágico ni inmediato”, señala. Crear conexiones entre pueblos pequeños, dice, es fundamental: “Estamos construyendo redes por afinidades, en este caso cinematográficas”.
Según Boya, la sangría demográfica se ha frenado en muchos lugares. No porque nazca más gente, sino porque llega población de fuera. “Aquí tienen acceso a una vivienda, a empleo, a una vida quizás en condiciones distintas a la de la ciudad. Proyectos como este ayudan a generar una imagen positiva”, sostiene.

Actualmente, la red agrupa municipios de menos de 20.000 habitantes (la mayoría, por debajo de los 5.000). Tres de ellos acaban de sumarse —Pedraza, en Segovia; Camaleño y Santillana del Mar, en Cantabria— a los que ya integraban el proyecto al momento de su lanzamiento: Alfoz de Lloredo (Cantabria), Ayna (Albacete), Bielsa (Huesca), Cardona (Barcelona), Comillas (Cantabria), Covarrubias (Burgos), Loarre (Huesca), Malpartida de Cáceres (Cáceres), Santo Domingo de Silos (Burgos), Tabernas (Almería), Torrelaguna (Madrid), Tossade Mar (Girona).
El pueblo que aprende del cine sin perder la esencia
Uno de los municipios que mejor ejemplifica este equilibrio es Alfoz de Lloredo, en Cantabria. En esta localidad, entre Santillana del Mar y Comillas, se rodó la película Primos, de Daniel Sánchez Arévalo, en 2011. El pueblo ha logrado posicionarse sin caer en la masificación. “Es un municipio de siete pueblos, una franja de costa y media montaña”, explica su alcalde, Enrique Bretones. “Y todo eso ha sido escenario de rodajes de películas y anuncios. Siempre buscamos que el turismo de película sea un consumo agradable, que en el pueblo aprendamos y que ellos aprendan de nosotros”, apunta.
La próxima llegada de una producción internacional ha activado al municipio. “Hemos aprendido a gestionar el tráfico, los accesos, los aparcamientos disuasorios, para que sigamos preservando a Alfoz de Lloredo tan bonita como la tenemos”, sostiene.
Santo Domingo de Silos: 60 años de un ‘western’ inmortal
Si hay un ejemplo claro de cómo una película puede marcar la identidad de un lugar, ese es Santo Domingo de Silos, en Burgos. Este año se cumplen 60 años del rodaje de El bueno, el feo y el malo, un clásico del spaghetti western. “Esa película nos dio visibilidad y prestigio. Nos ha aportado muchísimo turismo. Es impresionante”, afirma su alcalde, Emeterio Martín. “Desde 2015, con el impulso de la Asociación Cultural San Miguel, se ha recuperado el escenario del duelo final”, detalla Martín.
Aquí se han grabado también Canción de cuna (1994), de José Luis Garci; El último deseo (2023), de Rax Rinnekangas; y Desenterrando Sad Hill (2018), un documental sobre la reconstrucción del cementerio donde se grabó la película de Sergio Leone. “El turismo en Santo Domingo de Silos es principalmente cultural. Al monasterio y el canto gregoriano se ha sumado el mundo del cine”, sostiene el edil.
Un turismo que no desvirtúe su identidad
¿Cómo se protege la identidad de un pueblo frente a la afluencia masiva de visitantes extranjeros? “Estamos en un momento complejo en ese sentido”, afirma Boya.
Tanto él como los alcaldes coinciden en que la clave está en la diversificación económica y la planificación. El turismo no puede ser la única carta. “La apuesta turística debe ir acompañada de otras iniciativas y con otras fuentes de dinamización económica”.
Ana Alonso añade que el proyecto también asume esa responsabilidad. “El riesgo es real y parte de nuestra responsabilidad es acompañar a los pueblos en ese camino”, sostiene. Acompañarlos, comenta, significa ayudarles a crecer sin desvirtuarse. “Y formar parte de una red es aprender los unos de los otros”, sentencia.
Qué dicen las cifras
Según datos del Observatorio de Turismo de Pantalla, un 65% de los encuestados españoles declara haber descubierto algún municipio gracias a una película, serie o documental. De ellos, un 27% afirma haber visitado el lugar y un 26% planea hacerlo en el futuro. Y entre los extranjeros que han conocido España a través del cine o series, más de la mitad han descubierto un pueblo. Para Ana Alonso, estas cifras solo pueden crecer: “Cada vez se conectan más las historias que vemos en pantalla con los lugares reales donde se ruedan. No solo se consume una ficción: se descubre un país”.

Un caso en concreto: el de Osuna, en Sevilla. Las visitas al municipio subieron de 3.000 a 14.000 anuales, y diariamente atraía a unas 1.000 personas durante el rodaje de Juego de tronos en su plaza de toros. “Cuantos más seamos, más capacidad tendremos de hacer proyectos. Aún nos queda mucho trabajo por delante”, concluye Alonso.
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