Una mansión y una mujer que sospecha que su marido la quiere matar, la fórmula mágica de la ficción
Joanna Russ escribió en los setenta ‘Alguien me quiere asesinar… y creo que es mi marido’. Ahora la editorial Siruela lo edita por primera vez en castellano
La premisa: una tímida joven conoce a un hombre rico y misterioso. El escenario: una casa tan lujosa como aislada, preferiblemente inmersa en una naturaleza indómita; un lago, un acantilado, una selva tropical. La protagonista se siente atraída por el hombre, pero algo le impide confiar en él. Un aire de amenaza recorre la casa. Ella se siente arrojada a resolver un misterio. Contra todo pronóstico, habrá un “final feliz” en el que un último giro redime al hombre misterioso, la historia de amor se confirma y el malestar en la casa se pacifica.
Joanna Russ escribió en los setenta Alguien me quiere asesinar… y creo que es mi marido, un artículo sobre cómo esta fórmula se replicaba una y otra vez en novelas destinadas a público femenino. Un gótico moderno de enorme éxito basado a su vez en el gran impacto cultural de la novela Rebeca, de Daphne du Maurier, y la adaptación cinematográfica que hizo Hitchcock. La editorial Siruela ha publicado el artículo de Russ por primera vez en castellano, acompañado de un sustancioso prólogo de Layla Martínez. No es frecuente que un prólogo adquiera, en la lectura del conjunto, tanta relevancia como el texto al que presenta. Layla Martínez señala cómo el gótico moderno sigue guiando una buena parte de los contenidos actuales: desde bestsellers como los libros de Freida McFadden a series como Little big lies, un gran número de lectoras —y lectores— se complace en revivir la angustia de esa mujer privilegiada que sospecha de su casa y su marido aparentemente idílicos. Si el arquetipo de la mansión perturbadora no pierde nunca popularidad es, como apunta Martínez, porque casi todas y todos vivimos, salvo en situaciones muy extremas, en una casa, y sabemos lo que es escuchar un ruido extraño a medianoche. El gótico moderno emana de esta tradición de la casa encantada para insinuar que quizá no son fantasmas: el mal puede crecer en la persona que supuestamente debe protegerte.

Rebeca, recordemos, es la historia de una protagonista sin nombre y sin familia que conoce a un millonario viudo, Maxim de Winter. Se instalan en su mansión, Manderlay, a la orilla del mar. El recuerdo de la fallecida Rebeca lo impregna todo y la protagonista cree equivocadamente que Maxim aún sigue enamorado de ella. Rebeca bebía a su vez de otro clásico: Jane Eyre, de Charlotte Brontë. Tanto Rebeca como Jane Eyre imaginan un final purificado por el fuego: un incendio acaba con las dos casas, y los respectivos fantasmas de las mujeres que formaban parte de la sombra del amado se desvanecen para garantizar una armonía final.

Si los dos son libros extraordinarios es por la fuerza de su atmósfera, la riqueza psicológica de sus personajes y el hábil manejo de la intriga. Ni Brontë ni Du Maurier sospecharían hasta qué punto iban a generar un mercado que se retroalimenta constantemente sin renunciar a los elementos básicos de la casa lujosa, la heroína insegura y el galán atormentado por un secreto. Russ recoge cómo en la publicidad de los setenta estas novelas mencionaban a Rebeca ya en la contraportada, sin ocultar el abrigo de la fórmula. Y Layla Martínez amplía el alcance que analiza Joanna Russ: tras el estreno de la versión cinematográfica de Rebeca se propagaron películas acerca de maridos peligrosos y esposas alerta, como Sospecha o Luz que agoniza -el título original, Gaslight, dio origen a la expresión “hacer luz de gas”, porque en la película el marido de la protagonista despliega todo un arsenal de perversos recursos para hacerle creer a ella que está enloqueciendo y así quedarse con su herencia.
En los últimos años, el gótico moderno ha dado nuevos ejemplos de su constante popularidad: series y libros en los que vuelve a darse la combinación del lujo, la casa y el matrimonio como posibles trampas mortales. Layla Martínez observa que en la mayoría de estas ficciones aún prevalece ese “final feliz” convencional y realiza un interesante análisis de los términos “heteropesimismo” y “heterofatalismo”, acuñados por el columnista Asa Seresin para nombrar el desencanto de muchas mujeres heterosexuales. “A pesar de que el heterofatalismo procede de una toma de conciencia feminista sobre los privilegios de los hombres en el patriarcado y de que es comprensible desde un punto de vista individual”, dice Layla Martínez, “al extenderse por la sociedad se convierte en un elemento conservador, ya que sigue colocando en el centro el ideal del amor romántico y clausura la posibilidad del cambio y la experimentación tanto en lo erótico como en lo afectivo […] en muchos thrillers domésticos se advierte un poso de heterofatalismo: las protagonistas están desencantadas de su relación con los hombres, como en Sharp objects, o consideran a sus maridos personas menos sofisticadas e interesantes que el resto de mujeres que conocen, como en Big little lies, pero eso no implica un cuestionamiento […] el matrimonio sigue siendo el horizonte de deseos y expectativas”.

Aun así, algunas veces el final romántico se transforma en una venganza contra el hombre misterioso, que sí resulta ser culpable. Si en Rebeca la protagonista terminaba fortalecida en su matrimonio, en La asistenta aquella se descubre protegida por una red de supervivientes del maltratador. Cuando, en las últimas páginas, entra a trabajar en una nueva mansión para otra mujer rica, de ademanes impecables y suaves tonos beige, se da cuenta de que tiene marcas moradas en el cuello. La protagonista se propone ayudarla a ella también. Layla Martínez reflexiona: si las mujeres aman el gótico moderno y los podcasts de criminología es porque ofrecen avisos útiles sobre la vida cotidiana y su potencial peligrosidad.
Comerás flores, una novela de la escritora debutante Lucía Solla Sobral, ha vendido a estas alturas más de 70.000 ejemplares. Definido en ocasiones como thriller por la prensa, en él una protagonista apocada y que ha perdido hace poco a su padre se deslumbra ante la llegada de un hombre maduro y desenvuelto a su vida. La joven habita la casa de su pareja con la misma fascinación que la protagonista de Rebeca recorría Manderlay. Pronto el malestar comienza a invadirla. Comerás flores es un recorrido por el maltrato psicológico en una relación desigual en cuanto a clase social y edad, y entre los personajes aparecen perfiles similares a los que analizaba Joanna Russ: la hijastra mimada o el hombre secundario que hechiza momentáneamente a la protagonista. La novela se construye con fino lirismo y hondura psicológica. Pero parte del furor con que se ha recomendado de boca en boca puede estar en la fascinación que siguen ejerciendo los arquetipos de novela gótica.
En el año 2000 se estrenó Lo que la verdad esconde, una película de Robert Zemeckis, con Harrison Ford y Michelle Pfeiffer en el reparto. Una mujer madura con un marido brillante, aislada en una casa junto al lago. Ruidos y caídas de objetos; una bañera cuyo grifo se abre inexplicablemente. El fantasma de una joven y bella alumna quiere destapar un oscuro secreto, y se alía con la esposa para conseguirlo. Basado en una historia de Sarah Kernochan, el film arrasó en taquilla, pero la crítica acusó a Zemeckis de malinterpretar Rebeca al hacer explícito al fantasma; el podcast Everything trying to kill you lo define como “Nancy Meyers [directora de comedias románticas] dirigiendo Scooby Doo”.
Layla Martínez no recoge esta película entre los ejemplos de su prólogo. Pero al reflexionar sobre la persistencia del gótico moderno coincide en mencionar a Scooby Doo. Según ella, para las lectoras y espectadoras “la fricción entre el ideal de la casa como lugar de descanso y la realidad de ser un lugar de trabajo y, en muchas ocasiones, también de violencia, es más evidente que en los hombres. De esta forma, el tropo de la mansión gótica sirve a las autoras de estas novelas, que son casi todas mujeres, para reflejar las ansiedades de sus lectoras respecto a su rol en la sociedad. Si […] se tratase de un capítulo de Scooby Doo, lo que se encontraría la protagonista debajo de la túnica del fantasma sería un hombre”. Si un tema transita, evoluciona y reincide entre la literatura popular, los clásicos, los debuts sorprendentes y hasta los dibujos animados, seguramente esconde más de una verdad.
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