Ganges: “Si en un año no lo petas, para la industria ya no existes”
Formada en la música clásica y fan del ‘anime’, Ganges hace un pop electrónico sin etiquetas, donde caben desde Debussy a los “babosos” de Instagram


Bedroom pop, breakbeat, hyperpop, trip hop… Pocas artistas escapan tanto a las etiquetas como Ganges, el proyecto de Teresa Gutiérrez (Santander, 35 años). “Escúchala y decide tú el género”, responde ante la cantidad de definiciones que le han colgado. En su música no faltan una base electrónica, letras irónicas y el piano, su compañero desde los años de conservatorio, donde se empapó de Debussy o Satie. Su éxito actual es fruto de muchos bolos (es parte de AIE, colectivo que defiende la propiedad intelectual de los músicos y promueve el circuito de directos AIEnRUTa, en cuyo 30º aniversario actuó) y un camino repleto de “altibajos y dudas”, hasta pensar que no viviría de la música: “Pero la vida me fue llevando ahí y ahora me parece absurdo pensar en vivir sin ella”.

Pregunta. ¿Es difícil vivir de la música?
Respuesta. En España, complicadísimo. Poder hacerlo es un privilegio. Vivo de la música porque también produzco y compongo para otros artistas. He ido poco a poco, pero el problema es que si en un año no lo petas, para la industria ya no existes, pasan página. Tienes que ser una promesa desde el principio.
P. ¿A qué cantante invitaría a unas anchoas de Santoña?
R. Pensaba en alguien del K-pop, pero creo que esa gente come poco. Diría PSY, el del Gangnam Style. Tiene pinta de que le gusta comer, así que fliparía con las anchoas.
P. Canta: “Tardas mucho en darle al like cuando subo una foto/Se te adelantan dos mil babosos”. ¿El amor se mide hoy en ese tiempo de espera?
R. Sí, el amor también se traduce en esas chorradas. Escribo sobre eso porque desde la ironía y la cercanía se conecta bien. A veces una palabra como “baboso” transmite más que hablar de la eternidad del amor o la oscuridad del alma.
P. ¿Algún tema le hace pensar: “¿De verdad lo he escrito yo”?
R. Hay letras de las que me siento muy orgullosa, pero me cuesta reconocerme el mérito. Me infravaloro constantemente. Nos pasa a muchas, al menos nos apoyamos para gestionarlo. A veces pienso que me vendría bien una pequeña dosis de flipada.
P. Es muy fan del manga y del anime. ¿En clase era la friki?
R. Un poco sí. En los noventa en España apenas había anime, vivía de migajas. Me dan envidia los jóvenes de ahora, que tienen comunidad para todo. A mí mi abuela me despertaba a las cuatro de la mañana para ver Sailor Moon.

P. De Rosalía a Lady Gaga, se habla mucho sobre el uso del imaginario cristiano en el pop. ¿Es una tendencia?
R. Sí, está de moda lo cristiano. Es un imaginario con mucha fuerza estética. Pero la gente reacciona demasiado, para bien y para mal. Hay que relajarse un poco: no hace falta opinar de todo.
P. Para un proyecto emergente como Ganges, ¿qué significa que exista un circuito estable de salas como el de AIE, donde poder probarse en directo, equivocarse, crecer y encontrarse con el público?
R. Para mí, AIE es motivo de absoluto agradecimiento. Como te imaginarás, la vida del músico es a veces precaria, especialmente cuando tocas en salas pequeñas. Fuera de Madrid o de otras grandes ciudades la gente no siempre está acostumbrada a comprar entradas, salvo para artistas muy consolidados. Por eso este tipo de apoyos son fundamentales para quienes estamos empezando y necesitamos enfrentarnos a conciertos en salas de provincias y espacios locales. AIE también me ha propuesto conciertos en salas grandes de Madrid, así que he tenido un poco de todo y lo valoro muchísimo. Pero, sobre todo, es esencial para poder hacer una gira por España y llegar a sitios más pequeños. Me parece muy importante que existan estos circuitos que ayudan a los artistas independientes.
P. Cuando estaba empezando, ¿qué le daba más vértigo: subir al escenario o encontrar sitios donde le dejaran subirse? ¿Cómo cambia la confianza de una artista cuando sabe que hay espacios que acompañan su crecimiento?
R. El escenario siempre me ha generado un poco de ansiedad, aunque ahora lo llevo de otra manera y he encontrado cómo disfrutarlo. Aun así, tener apoyo y sentir que alguien te quita preocupaciones de encima es un alivio enorme. Cuando ya sabes dónde vas a tocar, tienes las entradas vendidas y un equipo detrás, puedes concentrarte en lo importante: tocar. A muchos artistas, y a mí también, nos toca ocuparnos de mil cosas más allá del propio concierto. No solo está la presión de subir al escenario, sino todo lo que hay alrededor y que, en proyectos más grandes, resuelve un equipo. Los circuitos de música en directo son una ayuda real para que los artistas puedan crecer.
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