El bolso colgado al codo: regresa aquella tendencia absurda de los 2000
Algoritmos y pasarelas se han puesto de acuerdo y parece que volveremos a llevar el bolso como Kate Moss paseaba sus ‘balenciagas’. ¿Lo único malo? La tendinitis


El 10 de marzo de 2004, Kate Moss paseaba por Notting Hill. Había quedado en la trattoria de moda del momento, Zucca, con su amigo Edward Enninful, que en ese momento era el director de moda de la revista i-D y quien la había colocado en la portada del siguiente número de la publicación. Moss llevaba siendo la modelo del momento desde hacía una década no solo por fotos profesionales como aquella, sino también por imágenes mucho menos procesadas: las que le hacían los paparazzi cada vez que se la veía aparecer por las calles de Londres. Todo en ella resultaba interesante: lo que llevaba —y cómo lo llevaba— era oro digital en las primeras webs de las revistas, que comenzaban a crear sus propios contenidos. La foto de aquel día por la calle no tenía nada de particular, salvo que encapsula el espíritu de su tiempo en un gesto que fue imitado, copiado y desgastado por mujeres de medio mundo, anónimas y famosísimas: el bolso colgado al codo.

Un salto en el tiempo, 22 años después, nos coloca esa misma postura en incipientes vídeos en TikTok, y si nos fijamos en los desfiles de las colecciones actuales de marcas tan influyentes como Miu Miu o Chloé encontraremos la llave: bolsos grandes (sobre todo grandes), medianos y pequeños colocados a la altura del codo, con el brazo flexionado. ¿Casualidad? No lo parece.
En respuesta a la nostalgia colectiva de la generación Z por todos los símbolos y códigos de los primeros años 2000, diseñadores y marcas de moda están aprovechando este furor por lo vintage para ofrecer colecciones adornadas con detalles de aquellos años e incluso reeditar algunos de sus bolsos más icónicos de la época como nuevos marcadores de prestigio: Balenciaga ha relanzado el bolso City, que lucieron las chicas más en tendencia hace 20 años, incluyendo a la propia Moss, a Sienna Miller, a Nicole Richie o las hermanas Olsen; Chloé acaba de resucitar su bolso Paddington, diseñado por primera vez en 2004 por Phoebe Philo; mientras que el bolso Speedy de Louis Vuitton se ha rediseñado de nuevo, ahora bajo la dirección creativa de Pharrell Williams y Loewe ha sacado un nuevo Amazona. Vuelven aquellos bolsos, ¿vuelven aquellas tendinitis?
Porque por muy cool que quede, en aquella época las millennial ya aprendieron por las malas que el brazo quizá no esté preparado de forma natural para llevar todo el día el bolso colgado del codo. “Un rato no supone ningún problema. El cuerpo está preparado para adaptarse. Pero si lo convertimos en un gesto diario y sostenido, entonces sí puede generar sobrecarga”, explica Bibiana Badenes, fisioterapeuta experta en movimiento consciente. “No es la posición más funcional para sostener carga durante tiempo prolongado. Cuando el bolso cuelga del pliegue del codo, el codo permanece flexionado y el hombro tiende a elevarse ligeramente para estabilizar el peso. Eso hace que la escápula pierda parte de su estabilidad natural y el cuello empiece a compensar”.

Cuello y hombros serán los primeros en notarlo, porque el trapecio responde muy rápido a las cargas asimétricas, explica esta especialista. Si elevamos ligeramente un hombro para sostener peso, esa activación se mantiene aunque no nos demos cuenta. Y cuando un músculo permanece activado demasiado tiempo, empieza la tensión. “Los primeros síntomas suelen ser rigidez en la base del cuello, sensación de trapecio cargado de un solo lado, un hombro que parece más alto o molestia al girar la cabeza. Si se repite durante meses, pueden aparecer contracturas persistentes o incluso cefaleas tensionales”, explica.
El cuerpo se adapta a lo que repetimos y esa adaptación puede consolidarse. Es muy común que situemos el bolso siempre en el mismo lugar. “Si siempre cargamos en el mismo lado, puede aparecer una elevación crónica de un hombro, una inclinación leve del tronco o pequeñas rotaciones compensatorias en la zona dorsal. No ocurre de un día para otro, pero la repetición constante genera cambios posturales sutiles que pueden mantenerse en el tiempo”, apunta Badenes. No se trata de prohibir el gesto, sino de introducir variabilidad: “El cuerpo tolera mucho mejor la diversidad que la repetición constante. Recomiendo repartir la carga bilateralmente cuando sea posible, alternar lados con frecuencia, reducir el peso innecesario del bolso y evitar mantener la misma postura durante horas. Pequeños cambios repetidos a lo largo del día marcan la diferencia”.

Aunque depende de cada persona, como orientación general, una carga unilateral no debería superar el 5% o el 10% del peso corporal, confirma esta especialista. “Pero el peso no es la única variable: el tiempo de exposición y la frecuencia son igual de importantes. No es lo mismo cargar un bolso pesado diez minutos que uno más ligero durante ocho horas”, añade Badenes. No es lo mismo el bolso para la foto que llevarlo todo el día así colocado. Si, además, llevamos tacones, la organización corporal cambia bastante: “El tacón desplaza el centro de gravedad hacia delante. Para no caer, el cuerpo aumenta la curvatura lumbar, activa más la musculatura paravertebral y tensiona la cadena posterior. Si a esa organización le añadimos una carga unilateral en el codo, la activación cervical se incrementa todavía más. Tacones más carga asimétrica es una suma de tensiones. Desde fuera vemos elegancia; por dentro hay más esfuerzo para mantener la estabilidad”.
Para evitar trastornos, conviene recordar a esos zetas, hambrientos de revivir todas las referencias estéticas de aquellos años 2000, algunos ejercicios ayuden a aliviar la tensión. “No se trata de estirar fuerte una vez al final del día. Prefiero hablar de movilidad suave y consciente varias veces a lo largo de la jornada”, matiza Badenes. Movimientos como abrir y cerrar brazos en cruz, movilizar el cuello lentamente en todas direcciones o simplemente alternar el lado del bolso antes de que aparezca la tensión “pueden ser más eficaz que cualquier estiramiento intenso”.
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