María Ruido: “Me interesa la idea de crear incomodidad”
La creadora presenta en ARCO ‘La Fábrica y el Sexo’, un proyecto que reflexiona sobre las relaciones entre el sexo y el marco de poder en el que se generan, poniendo el foco en la industria del porno en Italia

María Ruido es cineasta, artista, investigadora y docente en el Departamento de Artes Visuales y Diseño de la Universidad de Barcelona. Desde 1998, ha desarrollado proyectos interdisciplinares sobre la construcción de la identidad en los imaginarios del trabajo y de la mujer en el capitalismo, así como sobre la memoria histórica, y ahora presenta en la feria ARCO La Fábrica y el Sexo, trabajo que también cuenta con una exposición en la galería Rosa Santos de Valencia (hasta el 1 de mayo).
La pornografía atraviesa no solo la realidad sociopolítica, sino también el audiovisual contemporáneo. En este contexto, La Fábrica y el Sexo se presenta en tres actos: una serie de fotomontajes realizados a partir de revistas compradas en mercadillos y materiales de internet; una videoperformance grabada en el Salón de Retratos de la Academia de España en Roma y una película-ensayo que traza una cartografía de las conexiones entre el poder y el placer. El proyecto nace a partir de una investigación realizada en la Academia de España en Roma, donde la artista fue becada en 2025. “Yo ya había tratado los porn studies en mi tesis doctoral, investigando la obra de referentes como la profesora norteamericana Linda Williams. Entonces, Italia se convirtió en la clave para retomar el tema, con una porno star como Cicciolina, que llega al Parlamento, y un presidente [Berlusconi] que utiliza a los medios para generar un pensamiento político muy filtrado y banal. Ahí, la instrumentalización del cuerpo de la mujer es clave. Mi investigación se centra, entonces, en cómo el cuerpo de las mujeres es utilizado en los contextos políticos. También me apetecía mucho pasar seis meses en Italia trabajando sobre estos temas en una institución como la Academia, con más de 150 años de historia, donde te dejan total libertad para crear una pieza de estas características", explica.

La práctica de María Ruido se basa en una profunda reflexión en torno al trabajo y a su precarización para las mujeres. Así, por ejemplo, en La memoria interior (2002) aborda la emigración española durante el franquismo a partir de las vivencias de sus padres en Alemania. En Tiempo real (2003) parte de su experiencia personal como trabajadora en un ámbito tan inestable como el de la cultura. en otra de sus obras más recientes, Estado de malestar (2019), relata la sintomatología social y el sufrimiento psíquico de las mujeres en tiempos del poscapitalismo. “El porno es trabajo sexual, en ocasiones ligado a la prostitución y en otras no, pero siempre implica poner el cuerpo. Las trabajadoras del sexo son, en su mayoría, personas racializadas, migrantes y pobres; por tanto, sus historias son también la historia de la clase trabajadora. La cuestión de clase atraviesa el trabajo sexual”, dice María Ruido.
En la película se exploran la representación del sexo y las dinámicas de poder en tres momentos de Italia, articulados a la manera de una ópera tragicómica que se expande a todo Occidente. La narración remezcla imágenes de archivo de finales de la década de 1970 y de los años ochenta con episodios y personajes clave, como los asesinatos de Aldo Moro (primer ministro de Italia por el Partido Demócrata Cristiano), en 1978, y del cineasta Pier Paolo Pasolini, quien en Saló —filmada el mismo año de su muerte, 1975— mostró cómo el fascismo se perpetúa en el poder. También aborda Tangentopoli, el proceso judicial anticorrupción iniciado en 1992.

Desde la figura de la estrella del cine porno Cicciolina —quien fue diputada en 1987—, la película se adentra de lleno en el presente, con la era Trump y el auge de la ultraderecha. “Contar la historia reciente de la pornografía no es fácil; pero, si hay un lugar desde donde hacerlo es Italia, un país excesivo y carnal, cuna del fascismo, pero también con un importante movimiento anarquista”, argumenta la creadora.
La primera parte de la película se detiene en 1977, un momento álgido en el que la sexualidad de las mujeres forma parte de la revolución, aunque pronto sea absorbida por la industria para convertirse en algo mercantilista y sórdido. La historia avanza hasta 1987, segundo momento, con la consolidación del negocio del porno gracias al vídeo doméstico y a figuras como las actrices Ilona Staller Cicciolina, y Moana Pozzi, convertidas en iconos de un crossover entre sexo, televisión y partidos políticos. Es el momento de la pornocracia, en tiempos del magnate empresarial Silvio Berlusconi, quien transforma la historia de los medios de comunicación con programas como Tutti Frutti y el fenómeno de Las Mama Chicho en la versión española de su cadena Telecinco. “Sin Berlusconi, no se entiende a Donald Trump”, sostiene María Ruido.

La creadora explica cómo el concepto de pornografía en la Italia de los años setenta proviene de la contracultura de Mayo del 68, y cómo la pornografía surge como revolución sexual para la gran mayoría de las mujeres. Son los años de películas como Garganta profunda y Blue Francese, de Lasse Braun: “En aquellos tiempos tenías que ir a una sala de cine para ver pornografía. Esto cambia en los ochenta con la llegada masiva del vídeo y una distribución también masiva. Después llega el periodo que yo llamo de pornificación, que es la llegada de internet. En el terreno de la industria del porno pasa como con el resto: hay una pauperización de salarios y condiciones. Las prácticas cada vez se hacen más extremas y también se hacen por menos dinero. Es lo que algunos autores definen como ‘la uberización del trabajo’: no existen límites en las webs a demanda del consumidor y ni siquiera facturan las chicas, sino multinacionales fantasma”.
El tercer momento es 2002, con la llegada al poder de la líder ultraconservadora Giorgia Meloni y la pornificación. En un fragmento de la película se escuchan las declaraciones de una joven Meloni loando a Mussolini y, en otro, mostrando su amistad con el presidente Donald Trump. Es un presente en el que se sitúan los cuerpos digitales en el marco de las redes sociales y una pornografía basada en imágenes generadas por inteligencias artificiales. Italia se despliega a nivel global, y todo vale. “Las barbaridades, impensables unos años atrás, que estamos viendo ahora pasan porque hay una sociedad que lo permite. Debemos hacernos responsables de nuestros monstruos; esto tiene que ver con la educación, con el vaciamiento de nuestras democracias… En Italia, Meloni es descrita como ‘fascismo pop’ y hay que tener mucho cuidado con esto. Italia funciona como un laboratorio político y lo que pasa allí termina pasando después en el resto de Europa“, dice Ruido.
La conferencia-performance fue realizada el 10 de abril de 2025 en la Sala de Retratos de la Real Academia de España en Roma, donde, travestida en un personaje híbrido —una estrella del porno hipersexualizada, con peluca rubia y maquillaje, y una obrera sindicalista, con mono de trabajo azul—, Ruido expone textos seleccionados junto al investigador cultural Pablo Marte sobre el movimiento feminista italiano de 1973, así como sobre Jean-Luc Godard, Jean-Henri Roger y el filósofo Franco Berardi Bifo. Los audios grabados en esta sesión son reutilizados después en la película, donde sirven como hilo conductor.
El exceso y la provocación están implícitos en la edición del ensayo fílmico, pero las imágenes aparecen cuidadosamente tratadas desde el punto de vista estético: un ejercicio de estilo con una gran profusión ornamental de posproducción digital, donde abundan los tonos dorados, la música electro-punk de la banda local Fucksia y el brilli brilli a todo volumen. La historia de la pornografía se narra con la distancia adecuada, incluso con cierto sentido del humor. “No quería dar el gusto de convertir esta película en el placer que se querría ver. Si quieres porno, esto no te interesa. Esto es otra cosa”. La decisión responde a un diálogo con su montador habitual, Enrique Piñuel, con quien acordó mostrar la violencia sin reproducirla explícitamente. “Se trata de un trabajo de edición fundamental que introduce pequeños guiños de humor capaces de sacar al espectador de tanta violencia implícita”, señala, “tampoco es una mirada del feminismo sobre la pornografía; es una visión política que traduce en imágenes el sistema hegemónico. El poder tenía que estar incómodo viendo esta obra”.

El tramo final introduce un contrapunto, con imágenes de movilización social y activismo en las calles de Italia, así como de películas posporno dirigidas por mujeres que aportan otras miradas. A pesar del pesimismo que genera asumir este estado global de pornificación, desde el arte existe el compromiso de no permanecer inmóvil ante la polarización, el auge de la derecha y la pérdida de derechos civiles. “Existe una responsabilidad de ocupar ciertos lugares por parte del arte y de las artistas que nos movemos en los márgenes y las disidencias. Yo, a veces, me siento solo como una cuota en ferias como ARCO, pero me interesa mucho que el trabajo llegue a la gente y a los medios, y que se pueda abrir un debate que incluya también la opinión de las instituciones culturales. Me interesa la idea de crear incomodidad”.
Termino este encuentro preguntando a María Ruido sobre la posibilidad de contar esta historia desde la España de la Transición, ahora que se han desclasificado los documentos del intento de golpe de Estado del 23F. “Ya desde que me fui a Italia pensé en traer este tema a España, pero no lo haría recorriendo toda la historia reciente, sino trabajando con las mujeres del cine del destape en España, que considero que han sido maltratadas incluso por el feminismo de entonces. Hablaría del fenómeno del cine de aquella época, que tiene que ver con procesos de represión anteriores y con cómo la liberalización se centra en los cuerpos de las mujeres. Casos concretos son Susana Estrada, María José Cantudo o Bárbara Rey. Estas mujeres, estoy segura, han reflexionado mucho sobre cómo se las utilizó en el contexto político de la Transición”.
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