Dorothy Iannone, la mujer que convirtió el tarot y los libros de cocina en arte digno de estar en museos
Nació en 1933 y situó el deseo femenino en el centro de su práctica artística, desafiando los límites impuestos por la censura y la moral de su época. Cuatro años después de su muerte, el Museo CA2M recupera y reivindica su figura, situándola en el lugar que merece con la primera gran exposición individual de la artista en España

En mitad de una desapacible mañana de febrero, entrar en el Museo CA2M y recorrer el montaje dedicado a la obra de Dorothy Iannone (Boston, 1933–Berlín, 2022) equivale a encontrarse, de pronto, en plena primavera. La segunda planta se viste de moqueta roja cereza, cenefas, arcos y un sinfín de elementos que pululan por cada rincón, como si se tratara de una gran escenografía. Y es que en la práctica de Iannone tienen cabida pinturas, collages, instalaciones de vídeo y cajas de sonido, pero también regalos de su madre, correspondencia con amigos y amantes, cartas del tarot, cajas de cerillas, esculturas e incluso libros de cocina. Un “arte y vida” total en el que, en palabras de Tania Pardo, comisaria de la exposición, “se entiende la creación desde lo cotidiano”.
A Pardo se le iluminan los ojos al poder compartir ahora tantos años de investigación y trabajo en torno a una artista ausente en los libros de historia del arte y que nunca quiso adscribirse a una corriente concreta ni articular un discurso político cerrado, aunque sí fue feminista y mantuvo una estrecha relación, por ejemplo, con el movimiento Fluxus, que a comienzos de los años sesenta integró vídeo, performance y música.

Una y otra vez, título de la exposición (que se podrá visitar hasta el 30 de agosto en el CA2M), es “una expresión que resume la constancia con la que Iannone concibió su producción como un proyecto total, inseparable de su vida y de su obra. Y esto es un homenaje a esa perseverancia tenaz por seguir creando, convertir todo lo que tienes a tu alrededor en arte. El arte para ella es circular”, explica Pardo. El pensamiento y el deseo erótico de las mujeres han estado supeditados a los códigos impuestos por la tradición patriarcal. En El pensamiento erótico (Reservoir Books, 2026), la poeta y novelista Sara Torres invoca, reinterpreta y traslada el legado de autoras como Monique Wittig, Audre Lorde, Safo o Anne Carson, todas ellas hermanadas en el intento de subvertir la sumisión femenina y en la búsqueda de otras formas de pensarnos y desearnos.

La explicitud sexual, la teoría de género, el lesbianismo, la ternura y el sufrimiento que habitan los cuerpos han estado presentes no solo en la literatura, sino también en la historia del arte. Desde la pintura de Frida Kahlo hasta la fotografía de Nan Goldin y Cindy Sherman, pasando por el cine de Germaine Dulac, Barbara Hammer y Sue Friedrich, todas ellas han articulado una genealogía artística marcada por la disidencia y la exploración del deseo, en la que se sitúa Dorothy Iannone. Dentro de su obra plástica, la representación explícita de los genitales constituye una seña de identidad desde la serie People (1966–1968). A través de retratos de personajes populares y anónimos, Iannone construye una cartografía social en la que transforma la concepción tradicional del cuerpo femenino como objeto del deseo masculino para afirmarlo como sujeto deseante.
Su obra es profundamente autobiográfica: desde las relaciones personales aborda temas universales como el amor y el deseo, entendidos de manera transversal y dirigidos tanto a sus parejas sentimentales como a su entorno afectivo más cercano —su madre, Sarah Pucci, y amistades como Robert y Marianne Filliou, Emmett Williams, Jan Voss, Mary Harding o Ulises Carrión—. Esta dimensión íntima y relacional se hace especialmente visible en la serie Giant People (2020). Dentro de este universo destaca la relación de pareja que mantuvo con el artista suizo Dieter Roth, quien fue “musa”, motor y tema principal de gran parte de sus obras, como el libro A Cookbook, un cuaderno de cocina realizado en 1969 en el que, además de recetas, incluye apuntes sobre sus sentimientos más íntimos. A él le dedicó la serie Tarot (Pack) (1968–1969). “Las cartas del tarot, la ouija, las sesiones de médium con amigos, el estar abierta a saberes alternativos, la práctica del budismo viniendo de una familia educada en el catolicismo… Se percibe como toda una intensidad vital muy fuerte en cada una de estas piezas, en cada detalle", indica Pardo.

La exposición está articulada en seis apartados: La leona y su musa; Gentifilia; De ti para mí; Mitologías; Múltiples y Liberties. La leona y su musa es así “porque ella convierte a Dieter Roth en su musa, y él la llama la leona, quizá por la fuerza metafórica del animal y también porque es Leo: nace el 9 de agosto”, señala la comisaria. Gentifilia “simboliza el amor hacia los demás a través de una serie de personajes, algunos famosos, como Chaplin o Ringo Starr, a los que casi de manera inconsciente empieza a incluir sus característicos genitales, tanto vestidos como desnudos; ahí hay algo muy especial que resulta incluso generoso al hablar de una sexualidad cotidiana y doméstica que dista mucho de cómo retrataban los grandes maestros de la pintura a sus modelos femeninos”.

Una de las salas más interesantes es la dedicada a su madre, Sarah Pucci, quien durante años envió a su hija unas bomboneras marcadamente kitsch como regalo y que vemos aquí expuestas. Iannone consideró siempre a su madre una artista, y llegaron a exponer juntas en los años ochenta en una galería propiedad del artista Daniel Spoerri. “Hay una relación maternofilial muy interesante entre las dos que me recordaba un poco a la que tenía Andy Warhol con Julia Warhola, la figura de esa madre detrás de los artistas. Me interesa mucho cómo hay artistas que llegan a serlo por contraposición a los padres y, por otro lado, lo necesario que es llegar a ser artista gracias al apoyo de tus padres”, dice Pardo.
Desde ese no lugar de no pertenencia a ninguna corriente artística, en un momento de eclosión del arte conceptual y minimalista en los años sesenta y setenta —también político, con la irrupción de la segunda ola del feminismo y de los movimientos sociales—, Iannone introduce el barroco, el art brut, figuras planas próximas al estilo bizantino y un imaginario pop psicodélico muy peculiar en el tratamiento de la forma y el color. Esto queda patente en la serie Liberties, seis pinturas murales a gran escala en las que se centra en la figura femenina de la Estatua de la Libertad. Un imaginario que puede contextualizarse tanto dentro del pop art como de la política más actual, al reivindicar la figura de todas las personas migrantes que hicieron posible la construcción de los Estados Unidos.

Más conectada estuvo con Fluxus, siendo amiga de muchos de sus miembros, y es ahí donde destaca especialmente su práctica sonora, basada en la exploración musical a través de su propia voz, en piezas como Singing Boxes y Dear Dieter (1973), que nos remiten a las composiciones y acciones que en esos años llevaba a cabo Yoko Ono. El formato en el que se presentan estas composiciones constituye, además, una obra de arte en sí mismo. Así, en Singing Boxes: Dinner Music (1972), la caja que contenía una cinta de casete estaba pintada con figuras femeninas que portaban genitales masculinos y acompañada de un poema Fluxus que decía, en su traducción al castellano: “Él tendrá cada día varios saludos o yo despoblaré Egipto…”.
La exposición se completa con una publicación diseñada por Clara Sancho, que invita a profundizar en el universo creativo de Iannone y reúne textos de Tania Pardo, Joanna Zielińska (comisaria internacional) y John Giorno (poeta y artista estadounidense), así como una conversación entre Hans Ulrich Obrist y la artista, fruto de tres encuentros celebrados en 2006, 2008 y 2018. La comisaria española también habla de la importancia de este libro, el primero en castellano dedicado a la artista, y de la necesidad, en el siglo XXI, de fijarnos y poner el foco en otros lugares donde hasta ahora no lo habíamos hecho, así como de situar a artistas como Dorothy Iannone o Maruja Mallo —con quien comparte mucha magia— dentro de una nueva historiografía. La exposición está dedicada “A todas las artistas que, con su perseverancia creativa, contribuyen a enriquecer la historia del arte”.
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