Paula Púa, humorista: “En esta profesión un día cenas caviar y al otro te vistes con papel de periódico”
De las redes a los escenarios, Paula Púa reflexiona sobre el humor, la salud mental y la presión de ser viral sin perder la voz propia


Los padres de Paula Púa (Valencia, 33 años) tienen un pequeño hall of fame en el pasillo de casa. “Soy hija única, así entenderás muchas cosas”, dice mientras repasa una pared que empezó con artículos enmarcados de su etapa como periodista, siguió con algún tuit que le sirvió de trampolín y hoy acumula fotos de escenarios, platós de televisión y estudios de radio. En apenas siete años, Púa se ha convertido en una de las humoristas más reconocibles de su generación, en un ecosistema donde ya no basta con subirse al escenario. La comedia, como las redes, se ha vuelto cada vez más inmediata y más pendiente de quién mira que de quién actúa. “En el fondo”, añade, “todos somos hijos únicos”.
Pregunta. ¿Sigue siendo X un buen escaparate para la comedia?
Respuesta. Ha dejado de ser una plataforma para el humor por dos razones: que el algoritmo ha cambiado y ahora tienes que pagar para que se vean tuits y, la segunda, que está lleno de nazis. Me pasé a Instagram y TikTok me cuesta entenderlo; ahí veo una brecha generacional.
P. Una humorista tiene que triunfar primero en redes para subirse a un escenario?
R. Hoy es muy importante ser viral y tener números. Yo he perdido trabajos porque otra persona tenía más seguidores que yo. Hay programadores que creen que los seguidores equivalen a un número concreto de entradas vendidas, pero no funciona así.

P. El crowd work —la comedia basada en interactuar con el público— está en auge. ¿Ya no nos basta con ser solo espectadores?
R. A la gente le gusta mucho ser el centro de atención. Antes solo se grababa al cómico y ahora también se graba al público porque quieren salir. Necesitan ser protagonistas. Las redes nos han hecho gilipollas… (ríe). Tengo silenciadas la mitad de las notificaciones por salud mental.
P. ¿Cómo imagina su madurez profesional? ¿El único camino es convertirse en presentadora o actriz?
R. Bastante tengo con la ansiedad del día a día como para pensar en dentro de treinta años. Mi sueño es que se haga Forjado a fuego en España y presentarlo yo. Y no dejar los monólogos: quiero retirarme en Benidorm haciendo chistes de mierda con setenta años.
P. Publicó Fatal, gracias, un libro en el que abrazaba la mediocridad frente a la obsesión por la superación constante.
R. En redes todo el mundo necesita mostrar lo bien que está cuando la verdad es que todos tenemos un saquito de mierda dentro. Esta profesión es muy volátil: un día cenas caviar y al otro te vistes con papel de periódico. Yo, como tengo ansiedad, pensaba en cada parón que acabaría en un rancho de vacas en Wisconsin.
P. Si se prohibieran las redes a menores de 16, ¿perdería público o ganaría tranquilidad?
R. Mi público suele tener entre treinta y cuarenta; según Instagram, la generación Z no es la mía. Lo que deberían hacer es prohibir Tinder a la gente que ya ha quedado con ocho personas: si has quedado con tantas y no ha salido bien, que el Gobierno te vete.
P. ¿Ha notado una evolución en cómo se percibe a las mujeres cómicas y el machismo hacia su trabajo?
R. El público se ha acostumbrado mucho a ver mujeres cómicas y esa normalización nos ha venido bien a todas. Lo injusto sigue pasando en redes: si un cómico no gusta, es “este cómico no me hace gracia”; si es una cómica, dicen “las mujeres no hacen gracia”.
P. ¿El humor le ha servido más para entenderse o para protegerse?
R. La terapia es lo que más me ha ayudado. Hasta que no estoy bien no puedo hacer chistes sobre algo que me ha hecho daño. Dicen que la comedia es tragedia más tiempo, pero hace falta ese tiempo. El monólogo puede ser terapéutico, pero antes hay que hacer un trabajo previo enorme.
P. ¿Cree en el llamado ‘síndrome del payaso triste’?
R. No soy psicóloga, pero lo veo en muchos cómicos. Para hacer comedia hay que ser sensible, ver lo bueno y lo malo de las cosas, y eso te hace más proclive a la depresión. De hecho, estreno en breve un show sobre salud mental. Me da ansiedad, claro, pero quiero que la gente salga descojonada.

P. ¿Quién diría que es el gran humorista involuntario de España?
R. Pedro Sánchez. Sus tuits antiguos son una comedia involuntaria increíble. Siempre hay un tuit antiguo suyo que encaja con lo que está pasando.
P. Colabora en Más de Uno con Carlos Alsina. ¿Es difícil hacer reír a alguien que parece tan circunspecto?
R. Yo pensaba que sí. La primera vez fui de invitada y estuve toda la entrevista con el culo prieto. Ahora, después de un año, he descubierto que es muy irónico y muy gracioso.
P. En uno de sus vídeos más vistos se reprochaba seguir jugando a Pokémon con la casa sin hacer. ¿“Hazte con todos” o “hazte adulta”?
R. Es muy sanador volver a los hobbies de los 15años. A la Paula de quince le gustaría saber que ahora es monologuista, hace radio y sigue jugando a Pokémon. Durante años no dejé espacio para los hobbies; a partir de los 30 los recuperé y se lo recomiendo a todo el mundo.
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