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“Hija, ¿estás segura de dónde te metes?”: cómo la madre de Carolyn Bessette desaprobó esa relación y acabó denunciando a los Kennedy

Maestra de profesión, Freeman nunca terminó de ver con buenos ojos que su hija renunciara a su vida por casarse con John Fitzgerald Kennedy Jr. También anticipó de algún modo su trágico final habiéndole advertido a su yerno que nunca volara con sus “dos hijas al mismo tiempo”

John F. Kennedy Jr. y Carolyn Bessette en Nueva York en 1996.Evan Agostini (Getty Images)

Cuando Ann Messina Freeman, la madre de Carolyn Bessette, se levantó para brindar en la cena celebrada la noche anterior a la boda de su hija con Johh Kennedy Jr., los allí presentes no fueron testigos del discurso complaciente y celebratorio propio de la madre de la novia. Si bien no se sabe a ciencia cierta las palabras que pronunció en un momento tan importante en la vida de su hija, los amigos y familiares que rodeaban aquella noche a la pareja aseguraron que el mensaje que se desprendía de su monólogo venía a ser un “Hija, ¿estás segura de dónde te metes?”. Según la biografía America’s Reluctant Prince, de Steven M. Gillon, los invitados comentaron que el discurso de Freeman cuestionaba la relación evidenciando todo lo que Carolyn estaba sacrificando para ser una Kennedy. La dramatización que la actriz Constance Zimmer realiza en la serie Love Story (Disney +) del momento parece fiel al espíritu de lo que ocurrió aquella noche, convirtiéndose en una de las escenas clave de la exitosa ficción: como si Freeman, poseedora de ese sexto sentido que solo pertenece a las madres, supiera que el futuro de su hija al lado de su flamante marido no iba a ser un camino de rosas.

La propia actriz ha asegurado que aceptó el papel tras quedar conquistada por la fuerza de ese monólogo que su personaje pronuncia tras renunciar a leer lo que había preparado previamente, apostando por hablar con el corazón y sin rodeos. Como le ocurre a la propia Carolyn a lo largo de la serie, le preocupa qué será de su hija cuando quede engullida y quizá eclipsada por el poder y el ruido mediático que genera su familia política. También, si John Kennedy Jr. será capaz de anteponer su amor por Carolyn a sus aspiraciones profesionales. “No recuerdo sus palabras exactas, pero dio a entender que estaba preocupada por su hija, insegura de si esa unión le convenía. En retrospectiva, es escalofriante. En aquel momento, me sorprendió su franqueza y me dio pena por John, a quien sus comentarios le dolieron visiblemente”, escribió Robert Littell, uno de los amigos íntimos del novio en su libro Los hombres en los que nos convertimos: Mi amistad con John F. Kennedy, Jr.

Como si fuera una especie de vidente, Freeman también le había advertido a su yerno que tuviera cuidado cuando pilotaba, más aún si sus hijas iban a bordo. “Le dije que nunca se llevara a dos de mis hijas al mismo tiempo”, respondió presa del pánico al otro lado del teléfono cuando RoseMarie Terenzio, asistente y amiga íntima de John F. Kennedy Jr., la llamó el 16 de julio de 1999 para comunicarle que el avión pilotado por JFK jr en el que viajaban sus dos hijas, Carolyn y Lauren, no había llegado a su destino y nadie sabía dónde estaba.

Aquel día de verano, John tenía previsto volar a Martha’s Vineyard para dejar a Lauren, la hermana de Carolyn, antes de continuar su viaje a Hyannis Port para asistir a la boda de su primo Rory al día siguiente. Nunca llegaron. El avión se estrelló en el mar a unas siete millas de Martha’s Vineyard y, según las investigaciones, las causas probables del accidente fueron “la pérdida de control del avión por parte del piloto durante un descenso nocturno sobre el agua, lo cual fue consecuencia de la desorientación espacial. La neblina y la oscuridad de la noche también contribuyeron al accidente”. Kennedy solo llevaba 15 meses pilotando y no tenía la suficiente habilidad para volar de noche con poca visibilidad. Los tres murieron en el acto.

Tras el trágico accidente que acabó de forma prematura con la vida de una de las parejas más mediáticas de aquel tiempo y de la hermana de Carolyn (John Kennedy Jr. tenía 38 años, Carolyn Bessette, 34 y Lauren uno menos), Ann Messina Freeman no dudó en tomar acciones legales. Tras la muerte de dos de sus tres hijas, decidió vivir el duelo en la más absoluta intimidad, pero interpuso una demanda solicitando la herencia de su difunto yerno alegando “la muerte injusta y el dolor y sufrimiento conscientes” de sus hijas. Si bien los términos del acuerdo extrajudicial nunca se hicieron públicos, los medios de comunicación sugirieron que la cifra rondaba los 15 millones de dólares, aunque sus abogados desmintieron públicamente este dato. El testamento de Kennedy, presentado en septiembre de 1999, legó la mayor parte de su fortuna a un fideicomiso en beneficio de su familia y a varias organizaciones benéficas. Dejó la mayor parte de sus pertenencias personales a los hijos de su hermana, Caroline Kennedy Schlossberg. La familia, tantas veces asociada a la idea de una maldición, volvería a enfrentarse al duelo años después, con la muerte de Tatiana Schlossberg a los 35 años a causa de una leucemia.

Carolyn era la tercera hija de Freeman y William Bessette, una maestra y un arquitecto y ebanista que se casaron en 1963 y se divorciaron cuando ella tenía 8 años. Según J. Randy Taraborrelli, autor de Los herederos de Kennedy, la separación de sus padres hizo que siempre apreciara la independencia y fortaleza de su madre, una mujer con tanta confianza en sí misma como la propia Bessette. También se parecían físicamente y en una de las pocas imágenes de su madre es imposible no reparar en la generosa y carismática sonrisa compartida por ambas. Tras el divorcio de sus padres, William se quedó a vivir en Nueva York, mientras que Anne y sus hijas —Lauren y Lisa eran gemelas— se mudaron a Connecticut, donde se criaron. Poco después, la madre de Carolyn conoció al cirujano ortopédico Richard Freeman y se casaron.

Poco más se sabe de la vida de Freeman, que siempre valoró la privacidad y mantenerse alejada del foco mediático como también soñaba su hija. Cuando estaba a punto de cumplirse el primer aniversario de la muerte de Carolyn y Lauren, hizo público un breve comunicado en el que afirmaba que “la pérdida de estos tres jóvenes a quienes amábamos tanto ha cambiado nuestras vidas para siempre. Seguimos lidiando con nuestro dolor y elegimos mantener lo que queda de nuestra privacidad”. Así lo hizo hasta su muerte en 2007.

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