“Ya no hablamos el mismo idioma emocional”: ¿Han anulado las aplicaciones de citas las habilidades para ligar?
La falta de práctica de conocer gente de forma física afecta a las habilidades sociales y comunicativas. Afortunadamente, hay forma de solucionarlo. Y no implica necesariamente abandonar las ‘apps’


“Las aplicaciones de citas pueden ser solitarias y desmoralizantes; creo que es justo decir que a la mayoría de la gente no le gusta usarlas. Pero así es como se liga ahora. Quedarse completamente fuera de ellas puede suponer una sentencia de muerte para las citas”, asegura la periodista Annie Joy Williams en un artículo en el que habla de mujeres que han sido expulsadas de diferentes aplicaciones sin motivo aparente, sintiendo que tal cancelación implica una condena al ostracismo amoroso. Porque aunque se habla incesantemente de la fatiga del dating, y pese a que apps como Tinder o Bumble perdieron 17 millones de suscriptores en el segundo trimestre de 2024 (descendiendo además las descargas un 20% según The Economist), el primer estudio sobre percepción social del amor indica que un 25% de los españoles se ha abierto un perfil en una aplicación de citas. Zohran Mamdani conoció a su mujer en Hinge y desde Ben Affleck hasta millones de personas desconocidas han recurrido en alguna ocasión a esta manera de buscar el amor. El problema es que mucha gente cree que se ha habituado tanto a ligar ante la pantalla que ha perdido la capacidad de hacerlo cara a cara. Como hay quienes están acostumbrados a mostrar solo lo mejor de sí mismos en el mundo online, se genera una desconexión cuando intentan establecer relaciones auténticas fuera de internet.
El cara a cara vs. la pantalla
La sexóloga y psicóloga Agustina Orsi ha creado el Hotspot, un sistema de citas para quienes están cansados de las aplicaciones. “La gente ya no está acostumbrada a hablar de forma espontánea en el cara a cara. Hemos perdido muchísimas capacidades y nos cuesta mostrar interés en alguien sin que sea mediante interacciones digitales. Por ejemplo, ponemos likes o reaccionamos a los stories de Instagram”, asegura. “Creo que las citas en persona nos ayudan a volver a conectar y a ganar las habilidades sociales de coquetear, sonreír, interesarse por el otro e intentar hacer que la otra persona esté cómoda. Eso es lo que nos vuelve a conectar de nuevo con nuestras capacidades humanas”, añade.
“Cada vez más personas sienten saturación digital y empiezan a preferir el contacto real. Volver a mirar, a intuir y a conectar sin intermediarios. Puede que estemos torpes, sí. Pero también estamos reaprendiendo. Y eso, en el fondo, es una buena noticia”, dice Marian Gómez-Campoy, autora de El Amor en los Tiempos del Match. “Nos hemos vuelto torpes no solo porque hayamos perdido práctica al conectar en persona, sino porque los códigos han cambiado. Lo que antes era fácil —una mirada, una conversación improvisada— ahora se siente más complicado. Ya no hablamos el mismo idioma emocional”, asegura. “Venimos de años relacionándonos a través de una pantalla, donde todo está más controlado. Del mismo modo que en su momento costó adaptarse a ese formato, ahora cuesta volver al mundo sin filtros. En una app sabes que la otra persona está ahí para lo mismo que tú. Hay una intención compartida, aunque luego no funcione. En la vida real eso desaparece. Esa incertidumbre frena muchísimo porque no es solo miedo al rechazo, sino a interpretar mal”, explica.
Para Rocío Moñino, psicóloga y sexóloga de Vivelavita, es importante tener en cuenta la visión que tiene cada persona de su imagen corporal. “Se está investigando cómo la exposición a contenido en el que la imagen corporal es la protagonista está asociada a una mayor insatisfacción corporal. Si enlazamos estos resultados con la seguridad que podemos adquirir tras una pantalla, donde la persona solo ve lo que le queremos mostrar, hace que en persona esto desaparezca y puede aumentar la inseguridad en uno mismo”, dice.
Chantelle Otten, experta en relaciones de Bumble, señala que aunque las apps de citas no han reinventado el flirteo, sí lo han hecho más intencional. “Las personas solteras tienen más claro cómo mostrar interés, equilibran la claridad con un punto de juego y mantienen coherencia en su forma de interactuar. Lo que empieza como un mensaje cuidado o un cumplido suele trasladarse de forma natural al mundo offline, a través del contacto visual, el humor o pequeños gestos con significado, sin la presión inmediata que a veces existe en persona. En ese sentido, el paso de la app al cara a cara está ayudando a las personas a ligar con más claridad y confianza en la vida real”, indica.
A quien haya empleado alguna vez una aplicación de citas y no haya encontrado el amor no le extrañará la dinámica de descargar una aplicación, eliminarla a causa del hastío, volver a descargarla… Y terminar inmerso en una espiral download/delete. Una encuesta realizada por Arrow señaló que más del 90% de los encuestados había eliminado y vuelto a descargar una aplicación de citas. El 62,2% lo ha hecho varias veces. “Es normal que la gente se tome un respiro de tener citas. Requiere tiempo, energía e implicación emocional, por lo que dar un paso atrás cuando es necesario puede ser una forma saludable de resetear y reconectar con lo que realmente se busca. Por eso, cuando vuelven a las citas, también a través de aplicaciones, suelen hacerlo con mayor claridad y con una idea más firme de lo que quieren”, comenta Otten.
Cómo recuperar las capacidades perdidas
Moñino propone trabajar en las habilidades sociales y de comunicación, que son las que brindan la seguridad para afrontar el cara a cara. “Por ejemplo, trabajar la capacidad de escucha activa puede hacer que la otra persona se sienta escuchada en esa primera cita, mostrar interés y empatía. Esto se consigue no solo con estar callado cuando la otra persona habla, sino transmitiendo mediante una comunicación no verbal que la estamos escuchando mediante una sonrisa, con sorpresa, etc. Además, preguntar sobre ese tema que nos cuenta y mostrar interés hará comprender al otro que le estamos prestando la atención que se merece por el tiempo y la confianza que nos está dedicando en ese momento”, asegura.
Gómez-Campoy cree que es importante aceptar que no se tendrá la misma certeza que en una app. “Hay que volver a tres cosas muy básicas. Para comenzar, a observar sin sobreanalizar. Las señales siguen existiendo, pero son más sutiles. Hay que atreverse a dar un pequeño paso. Iniciar una conversación, sostener una mirada, probar… Y a normalizar la duda y el error. No se trata de hacerlo perfecto, sino de volver a conectar sin guion. Y eso, aunque dé más vértigo que un match… también es mucho más real”, explica. Maria del Carme Banús Villarroya, autora de Confesiones de una Matchmaker, asegura que cuando dos personas se conocen, es fácil ver si la energía fluye entre ellos. “La primera señal suele ser que la persona te guste físicamente y que algo de ella te llame la atención. Puede ser una mirada o una sonrisa… Luego viene conocerse. ¿Cómo te sientes a su lado? Si te sientes a gusto, seguramente vais a entablar una conversación, y si la charla te resulta fácil y tenéis muchos puntos en común, muy probablemente haremos un match. Cuando hay match, nuestros clientes y clientas suelen decirnos: ‘Parece que nos conocemos de toda la vida”, dice la matchmaker.
La buena noticia es que del mismo modo que cuando alguien sale de una relación larga cree que ya no se acuerda de cómo ligar, la única clave para recordar cómo hacerlo es ensayando. Por lo que quien crea que ha perdido habilidades a causa del mundo digital no tiene más que salir de casa y probar. Y aunque en el cara a cara los matches no están garantizados, es fundamental aprender a digerir las inseguridades y los rechazos y resulta delicioso volver a experimentar la sensación de darse cuenta, en ese preciso instante, de que hay química sin que haya una pantalla de por medio.
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