Cómo y por qué los perfumes para novias se han convertido en el viral de la temporada
Buscar una fragancia especial con la que casarse es la última tendencia de la primavera en unas redes sociales obsesionadas con el mundo de los olores. Elegir un aroma especial y para el recuerdo no es nuevo, los perfumes han tenido un papel silencioso en la historia de las bodas


En las últimas semanas, el algoritmo de las redes sociales parece tener una fijación clara: Carolyn Bessette-Kennedy. La serie sobre su romance, Love Story: John F. Kennedy Jr. & Carolyn Bessette (Disney+), y el renovado interés por el minimalismo de los noventa han rescatado incansablemente las imágenes de su estilo. Y con ellas, el que sigue siendo uno de los vestidos de novia más influyentes, el que llevó en su boda secreta con John F. Kennedy Jr., celebrada el 21 de septiembre de 1996 en una pequeña capilla de Cumberland Island (Georgia), ante apenas 40 invitados. La pieza elegida fue un sencillo slip dress satinado en color perla, diseñado por Narciso Rodriguez, su amigo íntimo y entonces diseñador en Calvin Klein. Del enlace apenas se hizo pública una fotografía de la pareja a la salida de la capilla. Fue suficiente. Aquel vestido-camisón se convirtió en uno de los más copiados por las novias a lo largo de las décadas y en una tendencia eterna.

Sin embargo, la influencia de Bessette en el universo nupcial va mucho más allá de esa prenda. “En 2003, Narciso Rodriguez quiso crear una fragancia que fuera un tributo a la gracia, la elegancia y la sensualidad de todas las mujeres, pero sobre todo un homenaje a su amiga y musa Carolyn”, explica Adela Sánchez, formadora de la división de fragancias del grupo Shiseido. El perfume se llamó For Her. “Se dice que Bessette solía perfumarse con aceite de almizcle egipcio (Abdul Kareen Egyptian Musk). Por eso Narciso quiso capturar en el perfume esa sensualidad íntima del almizcle”, añade Sánchez. La fragancia, creada por Christine Nagel (hoy perfumista de Hermès) y Francis Kurkdjian (hoy perfumista de Dior), se ha convertido en un auténtico icono, cuenta la experta de la marca: “Es el arquetipo olfativo de la feminidad eterna, de la intimidad del olor a piel, de la naturalidad y del minimalismo. En palabras del propio Narciso: ‘Una fragancia íntima, sensual y adictiva”. Su historia y su aroma le han valido a For Her el título oficioso de perfume de las novias. “Entre 2005 y 2010, la fragancia comenzó a aparecer en blogs, foros, webs especializadas y prensa femenina, consolidándose como el perfume favorito de muchas novias”, confirma Sánchez.

No es el único caso. En los años ochenta, Estée Lauder organizó incluso una boda ficticia en la Quinta Avenida de Nueva York para presentar Beautiful, un perfume concebido específicamente para novias. Al evento acudió nada menos que Andy Warhol, gran admirador de la fragancia (tanto que, se dice, fue enterrado con un frasco). Mucho antes, en el siglo XIX, Pierre-François-Pascal Guerlain fue nombrado perfumista oficial de la corte imperial francesa tras crear una fragancia para la emperatriz Eugenia de Montijo, esposa de Napoleón III. Para ella diseñó el icónico frasco decorado con 69 abejas doradas. “En ese frasco creó la Eau de Cologne Impériale de Guerlain”, explica Laura Romero, responsable de formación de la casa. “En aquella época, el perfume formaba parte del ceremonial nupcial de la aristocracia. No era un accesorio más, sino un gesto de refinamiento íntimo: se perfumaban los guantes, el pañuelo o el corsé. El aroma acompañaba a la novia como una segunda piel invisible”, añade.

Perfumes y bodas: una relación con mucho pasado y futuro
El vínculo entre perfume y matrimonio es casi tan antiguo como el propio ritual nupcial. En Grecia y Roma, las novias se ungían con aceites de rosa o jazmín, unos aromas asociados desde entonces al amor y la fertilidad, mientras que los espacios de celebración se perfumaban como símbolo de prosperidad y unión. En la corte francesa del siglo XVII, el perfume se convirtió en un auténtico código social, todo se perfumaba. En los palacios de Luis XIV, elegir una fragancia especial para la boda empezó a ser un gesto de distinción y etiqueta, sentando las bases de nuestra cultura olfativa actual.

El perfume como emblema romántico se consolida en el siglo XX, cuando casas como Chanel y Dior le otorgan un nuevo significado emocional. Coco Chanel quiso crear “un perfume de mujer con olor a mujer”, y así nacía Chanel Nº5, y Christian Dior soñaba con una fragancia “que oliera a amor”, lo que fue el germen de Miss Dior. Después de ellos, la llegada del marketing en los años setenta terminó de afianzar en la mente de los consumidores un concepto que asociaba las fragancias casi con pócimas amorosas. Por aquel entonces surgió también otra idea que hoy sigue vigente: un perfume puede contar una historia y además marcar el inicio de una nueva etapa vital. “Hoy sabemos que los perfumes están profundamente ligados a nuestras emociones y recuerdos; son memoria líquida”, señala Adela Sánchez. “Una huella emocional capaz de transportarnos de nuevo a los momentos más importantes de nuestra vida”.

Según análisis de búsquedas basados en Google Trends y el medio especializado Beauty Independent, el interés por términos como bridal perfume (perfume nupcial) ha aumentado aproximadamente un +210% interanual. Esto ha convertido a las fragancias nupciales en una de las subcategorías con mayor crecimiento dentro del sector de la belleza, un movimiento que confirman desde la empresa de macrodatos Spate, que cruza las búsquedas en Google con el interés en redes como Instagram y TikTok: “Refleja el creciente interés de los consumidores por las fragancias específicas para cada contexto y la superposición intencional de aromas para momentos clave de la vida. Si bien las notas y los perfiles olfativos son un elemento central de esta tendencia, el contenido en redes sociales va un paso más allá: los creadores comparten análisis detallados de las fragancias, junto con la atmósfera que evocan y el tipo de boda para la que son más adecuadas”.

El enlace definitivo
Grace Kelly encargó para su boda con el príncipe Rainiero III de Mónaco en 1956 Fleurissimo de Creed, inspirado en su ramo. Diana de Gales se casó oliendo a Quelques Fleurs de Houbigant, un bouquet de flores blancas creado en 1912; mientras que su nuera Kate Middleton optó por White Gardenia Petals de Illuminum, también flores blancas, pero con una vertiente más minimalista. “Recomiendo usar un perfume con el que la novia ya se haya sentido identificada”, aconseja Esperanza Pintado, experta en fragancias de Dior, “debe proyectar su personalidad. Para hacerlo más especial, aconsejo acompañarla con la línea corporal: bruma para el cabello, gel o crema hidratante. Perfumarse por capas hace que el resultado sea más duradero y sofisticado”. Abel Roda, responsable de formación de Fragrances & Niche de Farlabo, incide además en que se trata de una fragancia que se recordará toda la vida: “En perfumería hablamos del perfume como un marcador olfativo, una firma invisible capaz de transportarte de nuevo a esos momentos. Por eso muchas novias eligen un aroma distinto al habitual, para asociarlo para siempre al recuerdo de su boda”.

A la hora de seleccionarlo, además de los gustos de la novia, la Academia del Perfume propone algunas pautas basadas en los ingredientes: a las mujeres más clásicas las enlaza con los florales blancos con jazmín, flor de naranjo o lirio del valle; para novias innovadoras, fragancias con oud, vainilla, tabaco y cuero; para las barrocas, perfumes ambarinos o gourmand, y, para las minimalistas, almizcles blancos o cítricos verdes. “El vestido es el centro, pero el perfume tiene un papel importante porque forma parte de la identidad de la novia. Es un detalle íntimo e invisible. No es protagonista, pero posee un valor emocional muy fuerte”, resumen desde el taller de costura Navascués.
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